La visita a México de Benedicto XVI no será tan tersa como desearían sus organizadores. Al tiempo de su llegada saldrá a la venta el libro La voluntad de no saber, que mediante documentos del Vaticano demuestra que Juan Pablo II y su sucesor conocían el comportamiento criminal de Marcial Maciel, al que no obstante protegieron. Además, víctimas del fundador de la Legión de Cristo y de otros sacerdotes católicos pederastas hacen gestiones para plantearle al pontífice de manera personal sus exigencias de justicia. El autor de esta reseña es también autor del prólogo de la obra.

Por Bernardo Barranco V.*

“Este Papa me tiene desilusionado, ya no creo en él”, dice José Barba, catedrático del Instituto Tecnológico Autónomo de México y una de las víctimas de Marcial Maciel. Cuando se le pregunta si accedería a tener un encuentro con Benedicto XVI en su próxima visita a México, responde categórico: “No estoy dispuesto a juegos mediáticos estériles ni a supuestos perdones cargados de retórica”.

Barba, Alberto Athié y el investigador Fernando M. González son autores de un libro que contiene evidencias documentales de algo que era ampliamente sabido: el Vaticano tenía conocimiento y registro del comportamiento enfermizo de Marcial Maciel desde los años cuarenta.

La próxima semana Random House-Mondadori pondrá en circulación el libro, La voluntad de no saber, cuyo subtítulo es elocuente: Lo que sí se conocía sobre Maciel en los archivos secretos del Vaticano desde 1944. Los documentos incluidos en la obra muestran que la curia romana siempre tuvo información sobre la trayectoria llena de aberraciones del fundador de los Legionarios de Cristo… Pero el Vaticano lo toleró y protegió.

El libro de Barba, Athié y González reconstruye el tortuoso proceso de denuncia contra Maciel y registra la terca resistencia de las estructuras de la Iglesia para castigar la conducta reprobable de un personaje siniestro. La diferencia con muchos otros textos sobre Maciel es la sólida base documental que los autores ponen a disposición del lector.

Los documentos vienen de los archivos de la Congregación para Institutos y Sociedades de la Vida Consagrada y abarcan el periodo 1944-2002. Los textos acumulados por la historia son testigos implacables e irrefutables que exhiben una realidad cruda: el Vaticano ha mentido sobre Maciel y la curia romana engañó durante el proceso de “beatificación exprés” de Juan Pablo II.

La columna vertebral del libro son 212 legajos que hasta hace poco estaban resguardados en las entrañas del Vaticano y cuyo contenido pone de manifiesto la complicidad y la simulación de las autoridades de la curia romana que protegieron a Maciel y encubrieron sus patologías.

TSUNAMI PARA LA IGLESIA
La voluntad de no saber denuncia y analiza, cuestiona la actitud de muchos actores que desean encapsular el caso Maciel para que con el tiempo se diluya y olvide.

Pero Marcial Maciel no fue sólo un accidente trágico: las denuncias de crímenes sexuales cometidos por miembros de la Iglesia, que han ido apareciendo por oleadas, así lo indican. Los abusos contra menores no son casos aislados, extraños o ajenos a la institución, sino un comportamiento estructural.

Los escándalos de pederastia clerical fueron escalando en todo el mundo y explotaron mediáticamente en 2010. En Irlanda, Alemania, Bélgica, Australia, Brasil, Estados Unidos, y por supuesto México, se multiplicaron los testimonios de casos que han cimbrado la autoridad moral del Vaticano. Esta especie de tsunami se convirtió en un golpe letal para la Iglesia, sólo comparable –según el teólogo suizo Hans Kung– con la reforma protestante del siglo XVI.

El escándalo ha sido global y sacudió la rígida estructura eclesiástica. Hay una crisis que se manifiesta en el resquebrajamiento de la confianza, el liderazgo y la credibilidad de la Iglesia, especialmente en los países de mayoría católica.

Los autores de La voluntad de no saber aclaran que si bien Maciel no es un accidente aislado en la Iglesia, no se puede afirmar que toda la institución actúe como el fundador de los Legionarios de Cristo. Lo que sí cuestionan son las decisiones institucionales de encubrimiento y silencio cómplice que llevaron a la impunidad. Éstas no atendieron “con caridad cristiana” a las víctimas e incluso –cono señala Barba– las sometieron a chantajes y presiones psicológicas.

Se han escrito muchos libros sobre Marcial Maciel pero aún son insuficientes para documentar la retorcida trayectoria de un personaje que en vida fomentó la mentira, la intriga, la simulación y la corrupción en el nombre de Dios; que sucumbió a las adicciones y tuvo una vida sexual perversa no sólo por los abusos cometidos contra menores sino por otras prácticas que se han venido conociendo a cuentagotas. Tampoco olvidemos el culto a su personalidad que fomentó entre los Legionarios de Cristo y que le facilitó estructuralmente dilatar su conducta criminal.

Faltan numerosos libros por escribir y leer acerca de este personaje. Trabajos que dejen claro que las patologías de Maciel reflejan también las de la Iglesia y las de la sociedad mexicana. ¿Cuánta responsabilidad tienen quienes lo defendieron y legitimaron y ahora se escudan en el silencio? No nos referimos sólo a actores como el cardenal Norberto Rivera sino a personajes del mundo de los negocios, propietarios de medios y reconocidos periodistas.

Ahora pareciera haber un desentendimiento de Maciel hasta en la propia congregación que él fundó, donde se pretende que la desmemoria borre sus traiciones. Muchos quisieran ver a este michoacano, fallecido en 2008, como un lamentable accidente; considerarlo un “chivo expiatorio” para inmolarlo y que su sacrificio sea, como en las antiguas comunidades, salvoconducto de purificación y salvación de la colectividad.

Fernando González y Alberto Athié señalan que la profusa documentación que dan a conocer les fue entregada por funcionarios del Vaticano interesados en que se conozca toda la verdad y que se sepa el papel que jugó Juan Pablo II en el encubrimiento de Marcial Maciel.

HISTORIA DEL LIBRO

Desde la Santa Sede recientemente se han filtrado varios documentos; las filtraciones le han revelado a la opinión pública algunos casos de corrupción y han mostrado los privilegios del clero. Estos escándalos –que comenzaron en diciembre pasado– hacen evidente que hay una lucha palaciega en la cúpula vaticana.

El fenómeno fue bautizado como vatileaks después de las declaraciones del vocero Federico Lombardi, quien acusa de deslealtad a funcionarios de la Iglesia que pasan documentos a los medios italianos “causando daño mediático con informaciones sin contexto y la revelación de informaciones y secretos internos”. Uno de esos documentos filtrados y publicado por el periódico italiano Il Fatto Quotidiano menciona la posible existencia de un complot para asesinar a Benedicto XVI.

Los documentos filtrados a la prensa son reales, e independientemente de su sustento ponen de relieve el agrietamiento del pacto de los grupos conservadores de la curia que consensuaron y en 2005 hicieron Papa a Ratzinger. Ante el decaimiento físico de Benedicto XVI, de 85 años y con una salud cada vez más frágil, las corrientes de poder empiezan a realinearse: en los pasillos vaticanos ya se vive una atmósfera de precónclave y construcción de alianzas con miras sucesorias.

Sin embargo, los documentos que consiguieron los autores de La voluntad de no saber tienen un origen diferente: Funcionarios honestos en Roma observaron que tras las constantes consultas que hacían los legionarios en los archivos, se perdían legajos. La “fuga hormiga” de testimonios y documentos importantes relacionados con la historia de Marcial Maciel fue motivo de preocupación.

Así que los responsables de custodiar los archivos tomaron precauciones: los fotocopiaron. Estas personas –cuyos nombres se reservan para su protección– salvaron el expediente y después, poco antes de la apresurada beatificación de Juan Pablo II, decidieron entregárselo a los autores del libro.

Fernando González dice: “Siempre encontramos a un puñado de individuos que en diferentes momentos deciden romper el silencio compelidos por un ‘deber de conciencia’ y a una minoría que los escucha y remite sus testimonios a la autoridad competente con la esperanza de que actúen consecuentemente. También algunos, muy pocos, que realizan un minucioso análisis y develan el escenario e incluso proponen destituir al organizador principal de la impostura”.

En cambio, la filtración de documentos que ha ocurrido desde fines de 2011, los vatileaks, apuntan a debilitar al brazo derecho de Benedicto XVI, Tarcisio Bertone, secretario de Estado del Vaticano, y se inscriben en la lógica de la lucha por el poder.

Gracias a los documentos ya no secretos y a los testimonios –denuncias de los exlegionarios y de las integrantes de Regnum Christi, la vertiente femenina de la Legión– tenemos una posibilidad casi inédita de acceder a las entrañas de una poderosa congregación religiosa católica y a la cúpula de su Iglesia para observarla no sólo en sus comportamientos pasados sino en tiempo real.

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–Proceso / * Exconsejero del Instituto Electoral del Estado de México, vaticanólogo y estudioso de las religiones