Tras un inicio de campaña incierto y con poco impacto en la opinión publica, debido a que los reflectores los tenía entonces el Ejército Zapatista de Liberación Nacional en Chiapas –levantado en armas el 1 de enero de 1994– Luis Donaldo Colosio Murrieta llegó al aeropuerto “Abelardo L. Rodríguez” de la ciudad de Tijuana, Baja California, el 23 de marzo de ese mismo año, alrededor de las 16:05,

De ahí se dirigió directamente A la colonia popular Lomas Taurinas, uno de los muchos asentamientos irregulares en la ciudad de Tijuana. En una explanada en pendiente, sobre la calle La Punta, se colocó un templete improvisado, montado sobre una camioneta.

Unas 4 mil personas se reunieron para ver al candidato en el denominado “Acto de Unidad”. Cerca de las 17:00 horas (tiempo del Pacífico), Colosio bajó del templete rodeado por una reducida escolta personal.

Su intención era atravesar la gran explanada entre la multitud y dirigirse al puente de salida en donde le esperaba el vehículo que lo conduciría al Club Campestre de Tijuana donde continuarían sus actividades.

Pero sólo caminó 10 metros entre la multitud cuando se escucharon dos detonaciones. Un disparo impactó en su cabeza y otro más en su abdomen. Colosio fue trasladado al Hospital General de Tijuana, en donde fue declarado oficialmente muerto a las 20:00 horas de ese 23 de marzo de 1994.

1. Aquellos tiempos:

En noviembre de 1993, el presidente Carlos Salinas de Gortari designó a Luis Donaldo Colosio Murrieta como candidato del PRI a la Presidencia. Eran tiempos en los que el primer mandatario contaba con ese poder de decisión, una acción política conocida en forma coloquial como “dedazo”. Economista especializado en desarrollo rural y economía urbana, Colosio Murrieta se había desempeñado como diputado, senador y dirigente nacional del partido. En el momento de su postulación, ocupaba la Secretaría de Desarrollo Social, una instancia que para muchos observadores había sido diseñada para su lucimiento. La vida nacional era armónica, pero estaban por venir los meses aciagos de una de las etapas más definitivas para el país.

2. El EZLN se levanta:

Colosio llevaba un mes de campaña y una sorpresa sacudió: en Chiapas, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) se levantó en armas y le declaró la guerra al gobierno de Carlos Salinas de Gortari. El 10 de enero, el Presidente designó como comisionado para la paz a Manuel Camacho Solís, quien había sido regente del Distrito Federal y secretario de Relaciones Exteriores. Según su propio discurso aspiró a ser candidato a la Presidencia. La investidura para dialogar con la guerrilla lo ponía en otra posición; se hablaba de que sustituiría a Colosio en la candidatura.

3. Los tropiezos de una campaña:

La campaña colosista se efectuaba con tropiezos. Inmerso en la selva chiapaneca, al frente de las negociaciones, Camacho Solís llamaba la atención de los medios nacionales e internacionales. Hubo quien mencionó que había una “campaña contra la campaña”, al grado de que el presidente Salinas convocó a la dirigencia del PRI para disipar la duda: ¡No se hagan bolas! El candidato es Colosio.

El candidato priísta emitió un discurso el 6 de marzo frente al Monumento a la Revolución en el que, emulando a Martin Luther King, dijo: “Yo veo un México con hambre y con sed de justicia…”. Su discurso pasaría a la historia como signo de ruptura con Carlos Salinas. Horas después caería abatido por dos balas: una en la cabeza y otra en el abdomen.

4. El candidato cae abatido:

Se acercaba Semana Santa. El candidato planeaba cubrir Sinaloa, Baja California Sur, Baja California y Sonora, su estado natal. En Tijuana, el mitin estaba preparado en Lomas Taurinas, un barrio enclavado en una cañada. El plan ocurrió sin sobresaltos ni interrupciones, pero a las 19:12 horas sucedió lo que la televisión repetiría miles de veces y se quedaría en la memoria nacional como un trauma: un hombre le coloca en la sien un arma de fuego y le dispara. La cámara se mueve durante los siguientes segundos y vuelve a fijarse en el suelo, donde tienen atrapado a un joven que en la siguiente hora sería identificado como Mario Aburto Martínez.

5. La confusión:

Mario Aburto Martínez fue identificado como un obrero de 23 años. Capturado a la salida del mitin, se declaró culpable del homicidio. Pero los analistas señalaron la imposibilidad de que una sola persona hubiera podido realizar los dos impactos de bala que mataron al candidato. Luis Colosio, padre de Luis Donaldo, impugnó este resultado. Miguel Montes fue nombrado fiscal especial para el caso Colosio. Este abogado manejó dos líneas de investigación: la del asesino solitario y la del complot. Más sospechosos salieron a la escena. Surgió la hipótesis de que el asesinato material lo realizaron tres supuestos “Aburtos”. Por otro lado, fueron detenidas otras tres personas que en la hora fatal estuvieron alrededor del candidato: Vicente y Rodolfo Mayoral (padre e hijo), y el ex policía Tranquilino Sánchez.

6. El tirador solitario:

Ocurrió un nuevo dedazo. Ernesto Zedillo, quien le dirigía la campaña a Colosio, fue nombrado candidato. Diego Valadés, quien entonces era el procurador general de la República, retomó la hipótesis del tirador solitario en el caso Colosio. Según el análisis de los peritos del organismo a su cargo –que ocupó sólo unos meses de 1994–, Mario Aburto fue capaz de hacer ambos disparos; el cuerpo del candidato habría dado un giro de 180 grados después del primer tiro.

7. La danza de fiscales:

El gobierno de Salinas decidió cesar a Miguel Montes de la fiscalía para el caso y en su sitio designó a Olga Islas. Durante este periodo, Aburto hizo una recreación de los hechos desde prisión y convenció a la fiscal de haber actuado solo. Fue sentenciado a 45 años de cárcel.

8. Gana el PRI:

Ernesto Zedillo ganó las elecciones presidenciales, efectuadas en agosto de 1994. Su llegada al gobierno inició un nuevo capítulo en las investigaciones. Nombró como procurador a Antonio Lozano Gracia y designó a Pablo Chapa Bezanilla como fiscal. En febrero de 1995 el argumento adquirió un rumbo distinto con la aparición de otro sospechoso. Testigos señalaron a Othón Cortés Vázquez, ex chofer del CEN del PRI en Tijuana, quien también estuvo al lado de Colosio el 23 de marzo. De acuerdo con sus revelaciones en el libro El segundo tirador (2009), Lozano y Chapa pretendían que él incriminara al general Domiro Sánchez Reyes y al entonces gobernador de Sonora, Manlio Fabio Beltrones. “Me decían que ya los tenían sitiados, rodeados, que sólo esperaban que yo firmara la declaración para detenerlos. Pero nunca lo hice, por eso me rompieron un oído, la dentadura, me torturaron”, declaró Cortés.

9. Cuarto fiscal, un desenlace:

Tras un largo y trompicado proceso indagatorio sobre la muerte de Colosio Murrieta, en agosto de 1997, Raúl González Pérez (cuarto y último fiscal), ofreció una explicación basada en pruebas científicas realizadas a la ropa del candidato. El subprocurador concluyó que los disparos que acabaron con la vida de Colosio fueron realizados por un mismo individuo, y el 7 de noviembre de 2000 –días antes de que el PRI abandonara los Pinos– la hipótesis de Mario Aburto como asesino solitario fue finalmente aceptada.

10. El caso, en el AGN:

La investigación oficial se concentra en un expediente resguardado en el Archivo General de la Nación, sin permiso de consulta para ningún civil. Podrá abrirse en 2035, el año en que Mario Aburto cumpla su sentencia. Se trata de varios libros con documentos, 16 discos magnéticos y cuatro cintas de video en formato VHS. En un sobre sellado están las contraseñas para acceder a la averiguación previa.