La última novela del autor español Luis Landero se construye a partir de las distintas visiones de cada miembro en una misma familia. La paciente y comprensiva Aurora, piedra angular de la historia, es a quien acuden todos para depositar sus críticas sobre los otros integrantes y desahogar los secretos y malentendidos del ayer. Toda familia, en mayor o menor medida, tiene un poco de la retratada en Lluvia fina.

Por Francisco Javier Insa García

Ciudad de México, 5 de diciembre (Culturamas).- “En todas las casas cuecen habas…” Crecí con esta frase que mi abuela repetía sin descanso. Esa sabia mujer que tanto me quería. La vida, en su devenir, me ha mostrado la gran verdad de esta frase. !Ay, la familia! ¡Qué complejidad y qué sudoku para las tardes de domingo!

Todas las familias poseen elementos que las hacen únicas y que solo sus miembros conocen. Muchas teclas que tocar en un piano con sostenidos, bemoles y notas naturales. Lo realmente difícil es hacer que todas suenen en armonía y quien diga lo contrario, miente como un bellaco.

Y de aquí parte Luis Landero, guitarrista profesional en su juventud, filólogo, escritor y articulista del El País, nacido en Alburquerque, para construir un libro delicioso. Esa es la magia que despliega en Lluvia fina: de un argumento a priori sencillo construye una gran novela con una prosa directa y sin adornos.

La forma en la que interactúan los personajes es muy ingeniosa: siempre en torno a la figura de Aurora, la gran protagonista y piedra angular de la novela, la “cuñada perfecta”: paciente, sabe escuchar, comprensiva y a la que todos acuden para construir esta historia. A lo largo de toda la novela, Aurora es el gran receptáculo en la que todos los personajes van depositando todo tipo de críticas, opiniones y sus vicisitudes de los otros miembros de la familia: Gabriel, Andrea, Sonia, la madre y por último Horacio.  

Problemas del pasado, del presente e incluso, suposiciones del futuro. Cada uno con una visión diferente, que nos revelan los secretos y malentendidos de una familia con más lados oscuros que claros. Diferentes versiones de un mismo pasado donde Landero deja al lector plena libertad para que le crea a unos o a otros, o incluso a ninguno, y tome un poco de cada uno creando su propia historia. Podría ser cualquier familia y ese es su juego. Landero crea así una narración coral ingeniosamente construida.

Llama la atención cómo la gran protagonista, Aurora, apenas tiene unas páginas en el libro para expresar lo que siente. Nadie le pregunta, a nadie le importa, sólo es un felpudo en el que, amablemente, los personajes se sacuden, pero Landero aprovecha bien esas páginas para dibujar, claramente, el personaje que hace de hilo conductor de la novela.

A través de las confesiones del pasado y el presente de los distintos miembros de la familia se construye esta historia que va horadando en el lector como una lluvia fina. Empieza a mojarte suavemente hasta que te empapa y ya no puedes dejar de leer.

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