En Lobo (Almadía, 2017), su reciente novela, la autora explora el tema de la desaparición de personas en nuestro país y toda su metáfora se traduce en aullidos de las bestias. El terror no es el que vive afuera, sino el que hay dentro de la cabeza de los personajes.

Ciudad de México, 13 de mayo (SinEmbargo).- No son cuentos. Es una novela hecha y derecha, pero a cada paso su historia parece una nueva historia de terror. Así puede leerse Lobo (Almadía), la nueva creación de Bibiana Camacho.

Berenice es una joven entusiasta que aspira a emprender una carrera en la academia. La necesidad de ir tras sus sueños la lleva a trabajar para Felicia, una eminente doctora. Famosa por sus investigaciones y respetada por sus colegas, lleva recluida mucho tiempo en una lejana finca, en un pueblo prácticamente anónimo.

Ese lugar es Lobo. Pareciera ser un reducto de otra época.

Ese es el escenario donde la autora centra su relato y la violencia es un perfume que recorre, como en todos los rincones de nuestro país, cada una de las palabras de la novela.

Berenice escucha los aullidos de los lobos que desaparecieron hace años, pero el ruido está y la violencia permanece. Hay un descubrimiento con respecto a Felicia y aparece un mundo al margen de la civilización.

Es el pasado que intenta volver. Es la vida que trata de salir.

El lobo le llevó a Bibiana Camacho, una nueva y constante narradora mexicana, muchos años. Fue difícil. “El último año me pude dedicar de lleno a ella, aunque me costó mucho. Borré demasiado”, dice la autora.

–¿Es una novela donde está implícito el tema de la violencia?

–Sí, en realidad la violencia jamás irrumpe pero es una amenaza constante, como una gran nube negra que está sobre los personajes todo el tiempo y siempre te va cargando más de agua, por decirlo así. Se va ennegreciendo cada vez más. Los personajes saben que existe esa nube negra, que ese manto los cubre todo el tiempo y no saben en qué momento se va a expresar. Sí está la violencia pero no está como una presencia palpable, sino como un fantasma que los acompañe y que en cualquier momento puede surgir como un monstruo.

–Esta violencia que caracteriza a México, sobre todo

–Claro, la violencia es como un fantasma. Vas caminando con el miedo a tus espaldas y no sabes en qué momento te puede tocar, al del al lado, al de enfrente. Ya nos hemos normalizado con esa violencia alrededor nuestro y andamos por la vida cotidiana, no nos queda de otra.

–Elegiste a un personaje femenino llamado Berenice…

–Este personaje es una mujer que está metida en la academia que quiere tener mejores calificaciones allí, en el Doctorado y esa es su ambición. Por eso se va a recluir a Lobo, este pueblo derruido, semi-abandonado, donde está Felicia, una doctora prominente, una vaca sagrada, que va a ayudarla a hacer una investigación que luego nos daremos cuenta de que ni existe. Es un espejismo. Cuando llega por primera vez al pueblo se da cuenta de que tomó una mala decisión. Como suele ocurrirnos a los seres humanos, bueno al menos a mí, en lugar de salir corriendo –que sería lo más adecuado- te quedas a ver qué ocurre. Berenice, en lugar de irse, se queda tratando de que sí funcione la decisión que tomó, pero bueno, sobre la marcha nos damos cuenta de que no fue la mejor decisión posible.

En Lobo hay aullido de las bestias…Foto: Especial

–Lobo es el nombre del pueblo, pero a su vez están los fantasmas de los lobos

–Sí existe, es un pueblo llamado Lobo y la idea de meter a las bestias, que nunca se ven, pero se oyen, era mi intento de hacer una metáfora sobre la violencia que hablábamos al principio.

–¿Te sientes contenta con esta novela?

–Me siento contenta porque ya la dejé ir. Porque ya se había convertido en una especie de obsesión, que iba y venía, borraba y sacaba, para mí la verdad es que es un alivio, ya está impreso, ya no es mío. Me puedo meter en otros proyectos

–¿Cómo es tu voz literaria?

–Me siento a gusto con la voz que aparece en Lobo, que creo que hay una honestidad en la historia, pues no traté de mentir ni de engañar al lector. Eso me tiene satisfecha. Me encanta jugar con el miedo, la idea de las miserias humanas y que no siempre aparentamos lo que somos en realidad. Me gusta plasmarlos en las historias que cuento.

–¿Hay como una moda de los cuentos de terror?

–Siempre hubo terror en la literatura, pero últimamente por un efecto de marketing se lo ha tomado como un género que vende. El terror siempre ha sido obsesión de varios autores que lo han hecho bastante bien.

–En tu caso el terror es solapado, lateral

–Sí y me gusta más el terror que viene de uno mismo. No precisamente el que se genera de afuera hacia uno, sino el que uno puede generar en la cabeza y que a menudo es peor porque es un terror que traes dentro y que va a estallar con la realidad que tienes enfrente.