El Oasis de la Insignificancia

Óscar de la Borbolla

Violencia ritualizada: deportes y humor 2

24/02/2026 - 12:04 am

"El humor es la forma más sutil, la más sofisticada, la más fina que la humanidad ha inventado para canalizar la violencia".

Los seres humanos solemos olvidar que somos animales. No lo menciono para justificar comportamientos animales que, aún hoy, infortunadamente, están presentes en la sociedad y que se manifiestan en conductas antisociales como el asesinato o la violación, sino para intentar comprender que, por ser animales, poseemos unos rasgos que forman parte de nuestra condición biológica básica, los cuales, por supuesto, deben educarse y reencauzarse pero no es posible simplemente extirparlos, pues están en nuestra base biológica o, para decirlo de una manera más clara: la violencia contra las demás especies y la llamada violencia intraespecie no pueden anularse.

He recordado nuestro sustrato animal para que nos preguntemos: ¿qué podemos hacer con esa violencia? La respuesta es armonizarla para que sea posible la convivencia pacífica en sociedad. Esta respuesta no la estamos inventando aquí ni es un asunto que se presente hoy, sino que ha sido el esfuerzo de toda la civilización y la cultura a lo largo de la historia: hoy esa violencia está reglamentada: existen leyes nacionales e internacionales para que los distintos intereses que entran en conflicto encuentren una forma apegada a derecho para resolverse. Esas leyes existen, pese a las recientes y escandalosas violaciones que todos hemos visto. El Derecho es la forma histórica con la que hemos resuelto como humanidad encauzar la violencia de acuerdo con principios racionales y democráticos. La educación, la moral e incluso la religión han sido maneras de contener y ritualizar la violencia. Y repito: no es hoy cuando se busca por primera vez una respuesta a ella con lo que se llama corrección política o lo políticamente correcto.

Esta nueva moral pretende no solo sobrerregular, sino suprimir la violencia que, insisto, nos constituye. Intentaré mostrarlo en dos de las expresiones que como humanidad hemos ideado y que han sido un logro importantísimo para que sea posible la convivencia entre seres como nosotros, seres que, pese a todas las características sublimes que podamos poseer o imaginar, somos animales. Pienso en el deporte y en el humor en sus distintas variantes.

Entiéndaseme bien: no pretendo defender la fiesta brava, ni las peleas de perros o de gallos. Mi intento es comprenderlas, entender incluso la existencia de ejemplos históricos, como el circo romano cuya violencia era extrema. Comprender estas prácticas como momentos de un proceso en el que hemos ido humanizándonos como especie animal, sin dejar de serlo, para conseguir que sea una violencia ritualizada que armonice con el imperativo de la convivencia pacífica.

¿Qué pasa hoy con los deportes de competencia? Pues que vistos en sí mismos o a la luz de este asunto son violencia; pero violencia ritualizada. La encendida pasión que provocan entre los aficionados, el entusiasmo frenético que despierta una anotación, los gritos, la exacerbación de lo ánimos, el escándalo, el estruendo, la cantidad de adrenalina, la taquicardia desatada en los asistentes, esa sensación de sentirse vivos en mitad de una multitud que atruena con toda su fuerza o, por el contrario, la tristeza sin márgenes que experimentan los vencidos, los que pierden, esa tristeza semejante al duelo ante la pérdida de un ser querido. Son experiencias, imagino, similares a las que provocaba el combate encarnizado cuerpo a cuerpo donde todo se valía: golpes, mordidas, destrozo de los cuerpos… es violencia, solo que ahora está  reglamentada, pues son dos equipos de distinto uniforme los que se enfrentan y en lugar de sangre y muertos hay anotaciones y, pese a la rivalidad de los contendientes, todos se someten a unas reglas y a un árbitro.

Que se agreden, estoy de acuerdo: no deberían hacerlo; que se insultan, estoy de acuerdo: deberían ser más educados; que vociferan expresiones atávicas del más recalcitrante machismo, estoy de acuerdo: que se sancionen, pero entiendo que la exaltación que se produce en los deportes de competencia es necesaria para dar cauce a la violencia que nos constituye; es un combate simbolizado, una violencia ritualizada.

¿Hay manera de extinguir la violencia, de extirparla de nosotros? No. ¿Debería contenerse? Sí. Pero entendiendo que el proceso de humanización es un trabajo y un esfuerzo social permanente, pues cada recién nacido llega a este mundo sin venir ya civilizado, y los que ya estamos debemos seguir civilizándonos, pues la sociedad no está quieta. Pero, por mucho que cambie, lo que no puede pretenderse es aspirar a un mundo donde la susceptibilidad imponga, contra la naturaleza humana, que todo lo que implique violencia ritualizada resulte inaceptable. Y esto nos lleva al segundo punto: el humor.

El humor es la forma más sutil, la más sofisticada, la más fina que la humanidad ha inventado para canalizar la violencia: la broma, la chanza, la burla, la ironía son violencia: no hay broma sin embromado, ni burla sin burlado, ni ironía sin ironizado… en efecto, se trata de violencia, pero es una violencia no física, sino verbal e ingeniosa, y que requiere de una extraordinaria agilidad mental para conseguir su propósito: la risa. Hace falta conectar instantáneamente dos o más elementos cuya conexión no es obvia; hace falta captar de golpe el otro sentido que tienen las palabras; el humor no es el reino de la literalidad, sino de la analogía y la metáfora, del deslizamiento de sentido. ¿Cómo es posible decir lo contrario de lo que se está diciendo que es lo que hace la ironía? ¿Cómo despanzurrar la solidez en apariencia invencible que tiene lo serio, lo respetable, lo institucional, lo oficial mostrando en un instante la borla de la que está relleno, que es lo que se consigue con la burla? ¿Cómo crear lo cómico sin ridiculizar, sin levantar una situación chusca que deja todo mal parado?¿Cómo dejar ver el absurdo sobre el que se sostienen las más firmes creencias sin destruir la razón, sin transgredir, sin subvertir el orden vigente? En una palabra: ¿cómo hacer humor sin violencia?

Sabemos que el humor es histórico, y no por otra cosa que por el hecho de que los referentes que el humor conecta dejan de estar presentes. Acontecimientos que fueron importantes, personajes que fueron muy conocidos, situaciones que eran familiares son destruidos por el tiempo y pierden su eficacia para producir risa. También es decisivo para que el humor funcione que la violencia que conlleva no encuentre al interlocutor demasiado sensible. Un ejemplo no dejará duda: no es posible el humor si uno está en una agencia funeraria y cuenta un chiste a lo deudos más próximos acerca del difunto que están velando. El humor, como cualquier violencia ritualizada, debe acatar ciertas reglas, y esas reglas no escritas el buen humorista sabe leerlas. Lo que está ocurriendo hoy es que el humor se está prohibiendo y se ha generando un clima social en el que el humor se inhibe, pues cualquiera de sus manifestaciones es mal tomada como si se estuviera en un velorio a propósito de todo.

No puedo imaginar, o no quiero imaginar, un mundo donde la risa se proscriba y todos tengamos que andar literalmente de puntitas para no despertar al monstruo de miles de cabezas que acecha en la web para lanzarse contra la más mínima infracción y, en ocasiones, linchar al infractor con consecuencias mortales. Por eso reitero que más allá de lo que nos gustaría ser en una visión idealizada de nosotros, no me queda más remedio que aceptar que soy un animal, que somos animales, y que esa condición básica no puede más que encauzarse, sublimarse; pero no suprimirse.

X @oscardelaborbol

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Óscar de la Borbolla

Escritor y filósofo, es originario de la Ciudad de México, aunque, como dijo el poeta Fargue: ha soñado tanto, ha soñado tanto que ya no es de aquí. Entre sus libros destacan: Las vocales malditas, Fi... Ver más

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