Gustavo de Hoyos Walther
Habermas y la razón dialogante
17/03/2026 - 12:03 am
“La razón dialogante no entraña la imposición de una visión unívoca".

En estos días murió el filósofo y sociólogo alemán, Jurgen Habermas, después de haber dedicado una larga vida al pensamiento pero también a la acción política.
Son duda alguna su labor como pensador será evaluada en todas sus diferentes aristas en el futuro. Por ahora, si embargo, me gustaría destacar dos aspectos de su obra que nos debe interesar a quienes habitamos el México del 2026.
Por un lado su teoría de la acción comunicativa pone el acento en la virtud del diálogo razonado y razonable. Aunque la teoría desde luego es mucho más compleja para reducirla a este punto, no hay duda de que Habermas estaba intentando rescatar a la deliberación pública basada en la razón como clave para mantener una sociedad civilizada y no en querella consigo misma.
Habiendo también aprendido la lección de Maquiavelo de que una sociedad plural es más proclive a la prosperidad que una homogénea, Habermas entiende que la razón dialogante no entraña la imposición de una visión unívoca. Debatimos y dialogamos a partir de nuestras diferencias que siempre existirán en cualquier sociedad.
Contra el consejo habermasiano, en México hemos sido testigos de una polarización creciente que ha puesto a un lado el diálogo basado en razones y colocado en su lugar un discurso descalificador del adversario. Si nuestro país quiere tener un futuro promisorio, deberíamos comenzar a aceptar que sólo con el fomento de la razón y el diálogo encarnada en instituciones se puede crear una nación viable.
El segundo aspecto de las idea de Habermas que quiero tratar brevemente es la referida a lo que el llama el "patriotismo constitucional".
De acuerdo a esta idea, en lugar de la unión de un país en elementos tradicionales como la raza, la religión o una historia compartida (que a menudo excluyen a quienes son diferentes), Habermas propone que el vínculo común sean los valores universales plasmados en una Constitución, con base en el Estado de Derecho.
Aunque sería ingenuo pensar que las sociedades se pueden deshacer por completo de prejuicios y mitos de todo tipo, haríamos bien en comenzar a educar a las nuevas generaciones en el amor a la razón y en el respeto a los valores de la convivencia civilizada.
Con una vida longeva de 96 años, Habermas habitó una buena parte del siglo XX y más de la cuarta parte del siglo XXI. De esa manera pudo influir no sólo en la mente de muchos estudiosos de su obra, sino también de políticos y ciudadanos que vieron en él a un representante de la ilustración europea.
En la época de los populismos autoritarios de izquierda y de derecha, cuyas decisiones están afectando el bienestar de los pueblos, la obra de Habermas tiene que ser revaluada para que nuestro mundo comience a ser un poco menos salvaje y avance por la senda de la razón, el diálogo y el amor al prójimo. Qué así sea.
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