Alejandro De la Garza

Libertad para morir: de fatalidad biológica a decisión libre

13/06/2026 - 12:02 am

"Legislar sobre la vida y la muerte no es un acto político, es un acto de amor, de ética, humanismo, compasión y de responsabilidad histórica".

Libertad para morir: de fatalidad biológica a decisión libre
En nuestro país urge discutir el tema de la asistencia médica para morir. Foto: Rogelio Morales, Cuartoscuro

El sino del escorpión saluda el surgimiento del Comité Promotor Libertad para Morir, organización abocada a lograr apoyo a una Ley de Asistencia Médica para Morir en la Ciudad de México, iniciativa ciudadana cuyo fin es reconocer la primacía de la decisión individual, libre e informada frente a enfermedades irreversibles. El texto y el mecanismo de la Iniciativa Ciudadana están disponibles públicamente para consulta y firma, por lo que el alacrán llama a los interesados a conocerla.

El escorpión ya ha explicitado aquí su posición en torno a temas peliagudos como la eutanasia, la ley de voluntad anticipada, la Ley Trasciende y el reconocimiento del derecho a una muerte digna. Asimismo, ha revisado las propuestas del doctor Arnoldo Krauss, un auténtico sabio mexicano (si cabe el término), en torno a fenómenos como el suicidio asistido, la eutanasia activa o pasiva y el fin autodecidido de la propia vida. La obra de Krauss, fallecido en agosto de 2025, es hoy imprescindible en México para el entendimiento más cabal de estos dilemas éticos, médicos y existenciales de nuestro tiempo.

En nuestro país urge discutir el tema de la asistencia médica para morir, pues no es un tema abstracto, se refiere a personas concretas que piden que el Estado reconozca su autonomía cuando la enfermedad hace intolerable la existencia. La propuesta del Comité Promotor Libertad para Morir plantea que la muerte deje de ser únicamente una fatalidad biológica y se convierta, en casos estrictos, en una decisión individual, libre, voluntaria, autónoma e informada.

En México, la eutanasia activa (administración directa de sustancias para provocar la muerte a petición del paciente) y el suicidio asistido (provisión de medios para que el paciente lo haga por sí mismo) no son legales. El artículo 166 de la Ley General de Salud prohíbe expresamente “la práctica de la eutanasia, entendida como homicidio por piedad, así como el suicidio asistido”. A su vez, el artículo 312 del Código Penal Federal sanciona estas conductas con prisión de uno a cinco años por inducción o ayuda al suicidio, y entre cuatro y 12 años si se ejecuta la muerte.

Lo que está permitido, insiste el venenoso, es la eutanasia pasiva, pero sólo es legal mediante la Ley de Voluntad Anticipada (también llamada “muerte digna”), que permite a personas en fase terminal o con enfermedades incurables rechazar o retirar tratamientos médicos que prolonguen artificialmente la vida (como ventiladores o alimentación forzada), siempre que se respete su voluntad expresada previamente.

Esta nueva propuesta, en cambio, se impulsa mediante el mecanismo de Iniciativa Ciudadana (Artículo 34 de la Ley de Participación Ciudadana de la CdMx), lo que la coloca en la vía formal para su discusión legislativa. En el plano internacional, la experiencia de países que han regulado la asistencia para morir ofrece lecciones sobre evaluaciones médicas múltiples, plazos de reflexión, acceso a cuidados paliativos y supervisión independiente; esos marcos comparados son referencia para diseñar salvaguardas robustas, insiste el documento de la iniciativa.

Desde la bioética, la petición se apoya en el respeto a la autonomía, en la compasión y la protección de la dignidad humana; pero, además, la iniciativa incorpora salvaguardas como el diagnóstico irreversible, constancia de sufrimiento físico o psíquico intolerable, y consentimiento informado por escrito. Estas medidas buscan separar la eutanasia de la negligencia o la coacción, y garantizar que la decisión sea deliberada y acompañada por profesionales. Lo que se propone es un acompañamiento para aquellos que requieran fortalecerse y comprender la fragilidad de la vida y la necesidad de dignidad en el final del camino. El alacrán piensa que todos necesitamos de esta fuerza y capacidad.

Los proponentes de la iniciativa están conscientes de que en México existen también riesgos reales ante una ley de esta índole, por ejemplo, riesgo de coacción, de que la falta de cuidados paliativos empuje decisiones prematuras, o de discriminación hacia personas vulnerables. Ante ello también clarifican mecanismos para mitigarlos, pues una ley responsable debe incluir: evaluaciones multidisciplinarias (médica, psiquiátrica, ética); acceso garantizado a cuidados paliativos antes y durante el proceso; mecanismos de supervisión y transparencia con registros públicos y auditorías, y protección contra presiones económicas o sociales.

El venenoso sabe bien que esta problemática es una de las más polémicas en la discusión de salud y bioética. En principio hay dos posiciones claras: la de los creyentes religiosos, que se oponen en definitiva a la eutanasia, y la de los no creyentes, más dispuestos a una discusión razonada y científica. Ambas posiciones son respetables, y de ella se derivan varias más o menos matizadas, pero apoyar esta iniciativa no es imponer una visión única, es abrir un espacio democrático para que quienes lo deseen puedan decidir sobre su final de vida bajo condiciones reguladas y vigiladas.

Por lo pronto la discusión pública debe ser plural, basada en evidencia clínica y en el respeto a la diversidad de convicciones, así como a la oposición de conciencia. El reto es legislar con rigor: proteger la autonomía sin dejar desprotegidos a los más frágiles. Para ello, el Comité Promotor Libertad para Morir ha convocado a una reunión informativa para este sábado 13 de junio en el Ángel de la Independencia, a estas alturas ocupado por varios grupos de activistas y hasta por fanáticos del futbol mundialista.

No se busca promover la muerte, sino humanizarla, se busca que ningún mexicano o mexicana tenga que morir sufriendo con dolor, con miedo, pero sobre todo con agonía, o también, con la angustia de ver a su familia destrozarse mientras el propio cuerpo se apaga lentamente. La tarea colectiva es construir una ley que combine compasión, garantías médicas y controles sociales para evitar abusos.

El alacrán sabe que el tema despierta emociones y temores, prejuicios y dogmas, pero insiste en que legislar sobre la vida y la muerte no es un acto político, es un acto de amor, de ética, de humanismo, compasión y de responsabilidad histórica. Como señala la Comisión Libertad para Morir, decidir cuándo morir debe ser parte de la vida.

Alejandro De la Garza

Alejandro de la Garza. Periodista cultural, crítico literario y escritor. Autor del libro Espejo de agua. Ensayos de literatura mexicana (Cal y Arena, 2011). Desde los años ochenta ha escrito ensayos... Ver más

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