Ernesto Hernández Norzagaray
AMLO y el PT, una hipótesis incómoda
04/04/2026 - 12:01 am
"En algunos estados son notorias las divisiones, rupturas y liderazgos emergentes que podrían dificultar los triunfos obradoristas".

Mi artículo “El PT no traiciona, hace política” publicado en este espacio el sábado pasado provocó diferentes lecturas que van desde una defensa a ultranza de la uniformidad obradorista hasta, decir, que la postura del PT no es legítima, sino resultado de una estrategia que tendría su origen en Palenque.
La primera explicación, más emocional que racional, la anima una concepción ideológica y un sentido de cuerpo, totémico, que no acepta que en política toda alianza o conveniencia puede ser pasajera.
La segunda, en cambio, estaría anclada teóricamente en el cálculo racional de un “animal político” que no pierde su fuelle aun separado del poder. Me explico. En este enfoque Andrés Manuel López Obrador (AMLO) buscaría seguir teniendo el control político del movimiento de la 4T y la Presidenta Claudia Sheinbaum, jugando su rol operativo para evitar que las aguas no se desborden del caudal de una coyuntura dinámica y convulsa.
Las líneas maestras de este enfoque me las planteó un militante de la izquierda sinaloense que me llevó a reflexionar que, en política, siguiendo la lógica de los juegos de suma cero, donde lo que gana uno, lo pierde otro, no está exento de perversidad política.
Y es que, recordemos, la política no la hacen ángeles, sino personas de carne y hueso que buscan en cada decisión maximizar beneficios. Nada alejado de lo que hace más de 500 años sostenía Nicolás Maquiavelo y que iba, directamente, a las pulsaciones de la condición humana.
Pero ¿cuál es la lógica de este planteamiento provocador cuando se pretendía la concurrencia de la consulta de revocación de mandato presidencial con las elecciones constitucionales federales y estatales?
Sin duda, buscaba trasladar el nivel de aprobación de la Presidenta Sheinbaum a los candidatos de la coalición Sigamos Haciendo Historia y de esa manera, seguir siendo los más votados con el subsecuente efecto en la distribución del poder representativo.
Y tiene cierta razón este cálculo. Si hay una diferencia de prácticamente 30 puntos entre la Presidenta Sheinbaum y Morena y, mucho más respecto del Verde y PT, era de esperar que aquella al estar en una boleta favorecería a la mencionada coalición en perjuicio de una oposición fragmentada.
Sin embargo, si la Presidenta Sheinbaum hubiera tenido papeleta y refrendado ese nivel de aprobación el argumento sería que habría tenido un efecto arrastre sobre los miles de candidatos morenistas a cargos de elección popular.
Sólo, que ese cálculo, tenía un inconveniente y es que fortalecería su liderazgo en menoscabo de la tutela patrimonial de López Obrador.
Claro, tiene más inconvenientes, al menos, en la elección federal, que son la baja participación en elecciones intermedias y en las consultas ciudadanas donde ésta ha oscilado, entre el ocho y el 18 por ciento, de la lista nominal.
Y, más allá, de la narrativa de que la dupla Sheinbaum-López Obrador está en sintonía de “somos uno solo”, lo cierto es que la Presidenta de salir airosa tendría un margen de operación política mayor de frente a las elecciones de 2030.
Y eso, al parecer, no quieren en Palenque porque, quizá, ya tienen como candidato a Andy López Beltrán que desde hace varios meses está tácticamente lejos de los reflectores.
Entonces, siguiendo está lógica, es lo que explicaría la postura irreductible del PT sobre el año de la revocación de mandato.
Y es que López Obrador, más allá de las encuestas, opera con su estructura territorial de gobernadores, legisladores y alcaldes e influirá sobre quiénes serían los candidatos de la coalición de centroizquierda.
Y, claro, en esta estrategia la Presidenta Sheinbaum estaría cumpliendo su rol de operadora desde Palacio Nacional. Y su nombre, lejos de la urna. Y, una vez, que ocurran las elecciones de 2027 sabremos, también, el peso específico de las oposiciones donde no se ve un futuro unitario.
Aunque, a juicio de quien escribe, en algunos estados son notorias las divisiones, rupturas y liderazgos emergentes que podrían dificultar los triunfos obradoristas. Ahí están los casos de Baja California y Guerrero, donde Morena está dividida; en otros estados, algunos, cuatroteístas, podrían irse por la libre como son los casos de Zacatecas y San Luis Potosí; o los estados, donde la oposición gobierna: Aguascalientes, Querétaro, Guanajuato, Jalisco y Nuevo León, y algunas alcaldías de la Ciudad de México; o los estados tatuados por la violencia criminal que ha provocado malestar y movilizaciones ciudadanas pudiendo generar candidaturas exitosas en Sinaloa, Sonora, Michoacán, Guerrero, Morelos, Colima o Tamaulipas.
Más, lo que se acumule, de aquí a la definición de las candidaturas de la coalición oficialista.
En esa lógica los triunfos obradoristas serían de López Obrador y no de Sheinbaum Pardo. Y eso, en esta hipótesis, López Obrador, seguiría empujando su maximato de frente a las elecciones presidenciales de 2030.
Y bajo este argumento, se explicaría la postura “crítica” de los dirigentes del PT en las dos versiones del llamado Plan B que significó una derrota política para la Presidenta Sheinbaum, aun con reformas que bajan el costo de la política.
En esta hipótesis el partido de Beto Anaya ya ganó porque llegará a la negociación de candidaturas con un acuerdo y eso, le otorga, mayor margen para seguir obteniendo más que lo que le dan las urnas. AMLO, por su parte, en esta hipótesis, debe estar contento y listo para dar el paso siguiente.
O sea, el debate, que ha habido alrededor de la postura del PT, donde los militantes más claudistas no han dejado de calificarlo como “partido traidor”, al final han tenido que dar un paso atrás para no complicar más las cosas a su líder, que estaría en la lógica perdedora “de lo robado, lo que aparezca”.
En definitiva, después del llamado Plan B, ha quedado un escenario adverso a la Presidenta Sheinbaum que, repito, ha sufrido la mayor derrota política de su Gobierno ya que seguirá dependiendo de las decisiones de Palenque.
Su suerte ahora dependería del comportamiento electoral en las elecciones de 2027, donde podría cambiar los equilibrios en la Cámara de Diputados y algunos gobiernos de los estados, y no hay que perder de vista la batalla por la renovación parcial del INE y el factor Trump, que, recordemos, se está metiendo en todas elecciones de Latinoamérica.
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