Sandra Lorenzano

Aquel roce en la piel: impunidad y dolor

19/04/2026 - 12:02 am

"No hay duda: la mano feroz de la impunidad atraviesa nuestra historia y nuestra geografía, marca nuestros cuerpos y nuestras palabras".

En lo más profundo del invierno aprendí al fin
que había en mí un invencible verano.
Albert Camus citado por Cristina Rivera Garza

Déjenme respirar hondo antes de avanzar con este artículo.

Déjenme respirar hondo para poder entrar en el territorio del dolor.

Déjenme respirar hondo para no olvidar que un hombre impidió que Liliana Rivera Garza lo hiciera: que pudiera respirar, que siguiera haciéndolo.

Déjenme respirar hondo junto a Cristina, su hermana, mientras lee, mientras la nombra, mientras nombra la violencia, mientras nombra al asesino, mientras nombra el silencio cómplice de la justicia, mientras nombra a la impunidad.

Liliana murió la madrugada del 16 de julio de 1990, asfixiada por Ángel González Ramos, un novio de la preparatoria que no aceptaba que ella quisiera tener una vida propia.

Liliana tenía 20 años y era estudiante de arquitectura en la UAM Azcapotzalco.

“Hace apenas un año -escribió Cristina- decidí abrir las cajas donde depositamos las pertenencias de mi hermana. Su voz atravesó el tiempo y, como la de tantas mujeres desaparecidas y ultrajadas en México, demandó justicia”.

Treinta años después de aquel crimen que aún sigue impune, comenzó a investigar por qué la justicia había archivado el caso sin dar ninguna respuesta, y entró así en el laberinto de la incompetencia y el desinterés oficiales por resolver los miles de feminicidios que ocurren en nuestro país.

A partir de esto escribió uno de los libros más potentes de nuestra literatura: El invencible verano de Liliana; un libro que se convirtió en símbolo de la denuncia, de la memoria y de la lucha de las mujeres. Un libro que es a la vez un grito que nos une a todas, en las marchas y en las aulas, en lo público y en lo privado, en lo colectivo y en lo individual: ¡JUSTICIA!

Escucho a Cristina en la conferencia que dio en la UNAM, hace apenas unos días, y cuyo título es una declaración ética y política: “Cuando la mano feroz de la impunidad te roza la piel” [1]. Vaya tema en un país como México, donde son asesinadas un promedio de 10 mujeres al día, según datos de ONU Mujeres, y más del 90 por ciento de estos crímenes queda impune (de acuerdo con la organización Impunidad Cero).

“La impunidad trastoca el principio de realidad”, dice Cristina ante un auditorio repleto, fundamentalmente de mujeres jóvenes, muchas de las cuales conocen en carne propia aquello de lo que está hablando.

Sabemos de la impunidad por definiciones jurídicas, pero cómo se convive con ella, se pregunta y nos pregunta, “cómo es despertarse en la mañana y cerrar los ojos en la noche bajo su sombra oscura. Cómo se respira al lado de la impunidad”.

“Una vez que su mano feroz te roza la piel o se mete en tus entrañas -continúa- le quita el velo de normalidad a la vida de todos los días. La relación entre el Estado y el ciudadano sobre la cual se asientan nociones básicas de seguridad y pertenencia se ha roto para siempre. […] A pesar de que un cúmulo de documentos confirman tu vinculación con el Estado, sabes que el Estado no te quiere. Que tu seguridad y la de los tuyos no importa. La impunidad te transforma en un paria y te marca la frente con el hierro candente del desterrado. En un inicio, la impunidad es una desterritorialización. La figura de una mujer que grita, pero que no puede oír su propio grito: esta es la imagen de la impunidad”.

Hace muchos años, Jean Franco, la gran especialista británica en literatura y cultura latinoamericanas, también analizó -en obras como Marcar diferencias, cruzar fronteras: ensayos (1996)- ese proceso que hace que los ciudadanos pierdan la protección que el Estado está obligado a darles. En su caso se refería a las dictaduras de nuestro continente y en el modo en que los estados autoritarios “des-ciudadanizan” a una parte de su población, le arrebatan sus derechos ciudadanos, y por lo tanto, si no son ciudadanos, pueden secuestrarlos, torturarlos, asesinarlos, sin “transgredir” sus responsabilidades. Esos “no ciudadanos” quedan fuera de las fronteras simbólicas del Estado; son los “deterritorializados”, en palabras de Rivera Garza.

Veo la conferencia de Cristina por Internet, un día después de que la impartiera: el texto que lee es poderoso, conmovedor, poético, comprometido; su presencia es cálida, y de total empatía con quienes la escuchan.

Apenas termino, me llega una notificación de la entrevista que acaban de hacerle al conocido actor Juan Diego Botto en uno de los programas más vistos de Televisión Española. A veces, pocas, el algoritmo puede ser generoso, pienso. Así que me asomo nuevamente a mi pantallita y ahí está Botto, en diálogo con el periodista Xabi Fortes. Nacido en la Argentina, Juan Diego Botto llegó a vivir a España cuando tenía poco menos de tres años, con su madre y con su hermana. Como tantos otros debieron exiliarse ante la violencia criminal de la dictadura instaurada por los militares en 1976 en aquel país del sur. Esos militares secuestraron y asesinaron a su padre, Diego Fernando Botto, también actor; sus restos no han sido aún encontrados. Lo escucho hablar de su familia cercenada, del dolor de haber crecido con aquella ausencia, de la incertidumbre, de la indignación ante quienes niegan los crímenes de lesa humanidad, a pesar de que han sido comprobados y juzgados (no olvidemos los históricos juicios a las juntas militares). “El peso que tiene la memoria y la rabia contra la impunidad son hechos que me definen como persona y que me han hecho mirar el mundo de una determinada manera”, dice en algún momento.

“Es feminicidio. Impunidad para el asesino. Es la desaparición. Es la violación", cantan las chicas del grupo chileno Las Tesis, en ese himno feminista que es “Un violador en tu camino”, repetido por las mujeres de todo el mundo.

No hay duda: la mano feroz de la impunidad atraviesa nuestra historia y nuestra geografía, marca nuestros cuerpos y nuestras palabras.

Déjenme respirar hondo y recordar, con Cristina, con Juan Diego, con Albert Camus, que en lo más profundo del invierno quizás sea posible encontrar un invencible verano.

[1] La conferencia se puede ver en el canal de Youtube

Sandra Lorenzano

Es "argen-mex" por destino y convicción (nació en Buenos Aires, pero vive en México desde 1976). Narradora, poeta y ensayista, sus libros más recientes son "Herida fecunda" (Premio Málaga de Ensayo, 2... Ver más

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