Sandra Lorenzano
Hoy hablará otra voz
03/05/2026 - 12:02 am
"Ana Belén López supo transmitir su amor por la lectura y escritura a generaciones de jóvenes, dejando una huella luminosa en la cultura de Sinaloa".
"Escribir es como abrazar un cuerpo que no se ve".
María Negroni
Hoy no seré yo quien hable.
Hoy hablará otra voz.
Hoy abrazaremos aquí a “un cuerpo que no se ve”, y lo abrazaremos a través de sus propios versos.
Hoy será la poesía de la querida Ana Belén López la que habite este espacio.
Nacida en Culiacán, en1961, y avecindada frente al mar de Mazatlán, publicó los libros de poesía Alejándose avanza (1993), Del barandal (2001), Silencios (2009), Retrato hablado (2013) y Ni visible, ni palpable (2020). Maestra en Letras por la Universidad Iberoamericana supo transmitir su amor por la lectura y la escritura a generaciones de jóvenes, dejando una huella luminosa en la cultura de Sinaloa y en todos aquellos que la conocimos. Nos dejó el 14 de abril pasado. Hoy la recordamos abrazándola a ella y a sus versos.
He elegido los siguientes poemas para compartir con ustedes:
1.
Trituro las semillas de manzana
mientras espero que su olor penetre el agua
entre todos los residuos
las semillas de naranja
las echo por la ventana al jardín
también las de mandarina
y las uñas de los pies y las manos
cuando las corto
es una cierta costumbre
pensar que renacerán como
árboles o flores o huesos
una manía por
tener esperanza en la tierra húmeda.
2.
Junto con los huesos,
voy a recoger
las llamadas del sonido en el camino
la jacaranda
que apareció en la ventana
y me hizo recordar las palabras
de la abuela que no era la mía.
Con los huesos
voy a coger el recibo de la tintorería
del mantel que estaría listo para el martes.
Los boletos para el teatro
de las ocho de la noche y las flores.
Voy a recoger las flores.
Los pétalos que caen de las flores
los voy a recoger con mis manos
como no pude recoger los huesos
para llevarlos conmigo
en la bolsa donde guardaron el zapato.
3.
Un vestido se desliza por el cuerpo.
Al cruzar las rodillas
detiene el olor de su textura.
No son los colores de la noche
son los hilos de su trama
los que cruzan la oscuridad.
Detenida, también
la memoria ata sus manos a los tobillos.
Un olor a vino
cruza la puerta
un olor a perfume
sale por la ventana
un olor a sudor se detiene en el cuerpo
las piernas
rasgan el último pedazo de seda.
4.
Una palabra tatuada en la planta del pie de un bebé
tenía una falta de ortografía.
La hache de había no había absorbido la tinta.
Solo era legible abía.
El bebé indiferente
bebía leche amarga.
Abía
Como había una vez un cuento,
una infancia perdida,
perdida como la hache de la palabra.
El bebé mueve su pie diminuto.
Algo se extravió.
5.
No se puede medir lo sordo ni lo hueco
te pregunto
eres el de antes o el de ahora
donde no hay
cuál eres te insisto el de cuándo
tu sonrisa me dice que el de ahora
descansa en mí
un latido sordo
palpita
se inclina
tiembla
bajo la sábana del párpado
cuál eres
serás
sentís sentís y decís
que lo sentimental de los violines
te arrullan
te duermen
sentís sin decir
que la rosa roja era negra
que se hizo blanca
en la mañana del invierno
en la mañana del invierno
cuando la arrancó un gato
para llevarla a la fuente seca
esa mañana la fuente seca
tenía un cristal al fondo
decís sentís
así nunca es lo mismo
el ruido del rincón
el risco
el inicio
del precipicio resbala
ruco dime ruco
eres un viejo ruco
que levanta la tapa del baño para vestirse
una vieja ruca que desobedece las reglas
de la montaña, del risco, del borde
para volar por los años
que jalan tus pellejos
hacia el final de la vejez
ahogado
prepara la toma
la acción
la luz
prepara la reja de la noche
que se cierra sin ruido
antes de que pase
el camión de la basura
antes de que el pedazo de queso
se convierta en un vino
salado y viscoso
las uvas se pudren en el jarrón
no entiendes
grito
no entiendes
el año
en mis dedos
no escuchas
lo que escribo
hueco y sordo
nadie te explicará
nadie te explicará
el nivel de navegación
la distancia corta
no se puede medir
lo sordo
ni lo hueco
del pozo que lo tragó
6.
El árbol
Poema dedicado a un árbol de una carretera. Y la ausencia que deja al ser podado.
Quitaron el árbol
que estaba en la carretera
aquel tronco que parecía
una mujer
con las piernas abiertas
quemado,
como un cuerpo lleno de sol
uno
podía imaginar a la mujer
dormida del tronco
pensar
en una mujer caprichosa
desenfrenada
sin brazos y sin cabeza
un cuerpo solamente
grande
y un par de piernas abiertas
se llevaron aquel cuerpo
seguramente
por provocativo
o porque construyeron
vías rápidas
pero se lo llevaron
uno
lo miraba al pasar porque
embellecía el camino
a media mañana
entendía su belleza
por la tarde,
del otro lado de la carretera
era
un tronco caído
Descanse en paz, Ana Belén López. Su poesía seguirá acompañándonos siempre.
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