Ciudad de México, 19 de marzo (SinEmbargo).– Narrar historias de infancias atravesada por la violencia no es un ejercicio literario convencional, sino un acto de humildad y confrontación, expuso la activista y escritora escritora Dafna Viniegra, quien en su más reciente obra, Somos tod@s (Aguilar), —construida a partir de relatos en primera persona— busca romper con la indiferencia social y generar una mirada más profunda hacia las heridas que arrastran niñas y niños.
Viniegra explicó en entrevista que el origen del proyecto partió de una necesidad personal: desaprender la idea de que se puede entender al otro desde la superficie. “Fue una escuela de soltar la arrogancia de interpretar. Dejar de creer que entendemos a las personas por lo que muestran, dicen o hacen, sin mirar de dónde vienen”, señaló.
Dafna Viniegra optó por escribir los relatos en primera persona para generar una conexión más directa con el lector. “No fue solo escribir sobre ellos, fue arrodillarme ante la verdad de sus vidas”, explicó. Este enfoque, agregó, permite comprender que ninguna reacción humana surge de la nada, sino de historias marcadas, muchas veces, por abusos, abandono o negligencia. “Nadie se rompe porque sí”, enfatizó.
Uno de los ejes centrales del libro es la urgencia de dejar de normalizar la violencia en la infancia. Viniegra advirtió que la sociedad suele llegar tarde, cuando el daño ya está hecho, en lugar de enfocarse en la prevención. “Seguimos protegiendo las apariencias en lugar de cuidar la integridad emocional de los niños”, afirmó.

En ese sentido, cuestionó a padres, madres y cuidadores sobre qué priorizan: la imagen familiar o el bienestar real de sus hijos. La escritora también subrayó que, aunque existen casos de personas que logran romper ciclos de violencia, el silencio aún es predominante.
“No es tanto que todos repitan los patrones, sino que muchos callan”, dijo. Este fenómeno, explicó, está ligado a una cultura marcada por el adultocentrismo, la prisa y el egocentrismo, donde pocas veces se hace una pausa para reflexionar sobre el origen de las propias heridas.
En ese contexto, alertó sobre el impacto de la vida digital y la búsqueda constante de gratificación inmediata, factores que, a su juicio, profundizan la desconexión personal. “Estamos corriendo demasiado sin preguntarnos quiénes somos, de dónde venimos y qué estamos replicando en las infancias”, apuntó.
Para Viniegra, el primer paso para enfrentar esta situación es la introspección: “Si no sabemos qué hay dentro de nosotros, ¿cómo nos vamos a dar a los demás?”. La autora rechaza la idea de una “sanación perfecta”, pero insiste en la importancia de reconocer las propias heridas para no reproducirlas.
Asimismo, destacó la necesidad de reconstruir el vínculo con las infancias, lo cual implica, primero, establecer una relación honesta con uno mismo. “Si no tienes vínculo contigo, es muy difícil relacionarte de forma verdadera con los niños”, afirmó.
El proceso de escritura, confesó, fue profundamente desgarrador. “Fue un espejo brutalmente honesto”, relató. A través de las historias, comprendió que la violencia infantil no es un hecho aislado, sino el resultado de estructuras familiares, sociales y culturales que la encubren o minimizan. “Es una verdad incómoda que durante mucho tiempo se ha querido callar”, dijo.
Finalmente, Viniegra hizo un llamado directo a la sociedad: detener la normalización de la violencia y permitir que niñas y niños vivan su etapa con plenitud. “Todas estas violencias solo los hacen crecer rápido, les arrebatan la inocencia”, advirtió.





