En su mandato Bartlett Díaz se distinguió por ser un golpeador implacable de la izquierda. Foto:

La trayectoria política de Manuel Bartlett Díaz puede servir para ejemplificar la historia misma de la democracia mexicana. De ese tamaño. Militante del PRI desde muy joven, notable orador y esforzado picapedrero, tras cumplir diversas encomiendas burocráticas con admirable disciplina fue sucesivamente secretario general del PRI, coordinador de la campaña de Miguel de la Madrid Hurtado, secretario de Gobernación, secretario de Educación Pública, gobernador de Puebla, precandidato presidencial y Senador de la República en el año 2000, siempre al amparo del entonces invencible tricolor.

Su elección a la gubernatura poblana en 1998 fue impugnada como fraudulenta por el PAN, partido que también mantuvo una resistencia de varios meses hasta lograr la anulación al menos de la elección municipal de Huejotzingo. En su mandato Bartlett Díaz se distinguió por ser un golpeador implacable de la izquierda, como se denunció muchas veces. A su vez, durante su gestión al frente de la dependencia de Bucareli fue responsable directo y personal del fraude electoral de 1986 en Chihuahua y de la caída del sistema en 1988 que permitió a Carlos Salinas de Gortari alcanzar la presidencia de la República pese a las denuncias de fraude presentadas por Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y secundadas por toda la oposición.

Sobre el fraude electoral que impidió al panista Francisco Barrio Terrazas llegar a la gubernatura de Chihuahua en 1986, en su momento publiqué en Proceso las confesiones de los operadores del trinquete electoral que aseguraron que Bartlett Díaz dirigió personalmente los operativos fraudulentos desde sus oficinas en el Palacio de Cobián.

Con el paso del tiempo, el fraude quedó abundante y plenamente documentado. Fueron numerosas las filtraciones, las declaraciones de los propios participantes en el “operativo” recogidas por la prensa local en los años siguientes, especialmente el semanario Ahora, de Ciudad Juárez. Hoy se conoce el mecanismo de las operaciones “carrusel”, “niño” y “trueno”; las tácticas del taqueo y el relleno previo de urnas, la distracción de representantes y sus suplantación con nombramientos falsos. También se sabe cuántas y cuáles fueron las casillas “clave” —137 en Ciudad Juárez; 64 en Chihuahua— donde el resultado electoral fue adulterado, lo que hizo innecesario un fraude generalizado en todas las casillas. Una joya bartlettiana.

También ocurrieron durante su gestión en la secretaría de Gobernación el asesinato del columnista Manuel Buendía Tellezgirón, el 30 de mayo de 1984, y la muerte “accidental” del también periodista Carlos Loret de Mola, el 6 de febrero de 1986, en la carretera a Zihuatanejo, reiteradamente denunciada por su hijo Rafael como un crimen en el que estuvo involucrado el propio encargado entonces de la política interior del país.

Durante su primera incursión en el Senado (2000-2006), priista todavía, asumió una actitud sorprendentemente nacionalista al defender al petróleo mexicano de los supuestos intentos privatizadores del Presidente Vicente Fox Quezada y las pretensiones del panista, según él, de entregar esa riqueza al extranjero. Fueron célebres varios discursos suyos, henchidos de patriotismo.

A invitación de Andrés Manuel López Obrador, según ha dicho, Bartlett Díaz brincó a las filas de la oposición más radical y se convirtió de nuevo en Senador, ahora como coordinador del grupo parlamentario del Partido del Trabajo… por designación del propio político tabasqueño. Desde entonces, dejó atrás su pasado, tan campante, y se asumió como un demócrata ejemplar, de lo que ahora vuelve a dar muestras.

Apoderado de la exigua bancada petista senatorial de sólo siete miembros, el ex priista casi enloquece ante la posibilidad repentina de encabezar a la tercera fuerza en el recinto de Reforma merced a su amistad con AMLO, al sumarse al Grupo por él encabezado nueve de los 11 senadores que sin ninguna intención oportunista, claro está, abandonaron la bancada del PRD, encabezados por otro demócrata probado, poblano también: Miguel Barbosa Huerta. Los demás chapulines que dicen apoyar al tabasqueño en su tercer intento por llegar a Los Pinos son Luz María Beristain Navarrete, Lorena Cuéllar Cisneros, Zoé Robledo Aburto, Luis Humberto Fernández Fuentes, Benjamín Robles Montoya, Fidel Demédecis Hidalgo, Rabindranath Salazar Solorio y Mario Delgado Carrillo. Todos, seguramente orgullosos del líder admirable de su nueva bancada.

Con ellos, alega Barteltt Díaz, la bancada del PT se convierte en la tercera fuerza en el Senado, al sumar 16 integrantes. El PRI tiene 55 senadores, el PAN 38, y el PRD se queda con sólo ocho y pasa a ser cuarta fuerza, seguido por el Partido Verde, con siete escaños y dos senadores independientes. Dos ex miembros del Grupo del PRD, Alejandro Encinas Rodríguez y Raúl Morón Orozco, quien fungía como coordinador del bloque parlamentario, no han definido su postura. Pidieron “tiempo para reflexionar” si se incorporarán o no a la fracción del PT.

Y por lo pronto, Bartlett Díaz no pide, exige ya prebendas a manos llenas. Alega que ahora su fortalecido grupo tiene derecho a siete posiciones, entre las que destacan asumir la vicepresidencia del Senado, y la presidencia del mismo durante el último año de la actual legislatura; la presidencia también del Instituto Belisario Domínguez, las presidencias de varias comisiones, un nuevo espacio de trabajo; reasignación de espacios en el pleno, más asesores y empleados de apoyo. Y más recursos económicos, claro. Lo más importante para él, sin embargo, es recobrar una fuerza política que de hecho había perdido para así culminar su brillante carrera con un cheque que cobrarle a su nuevo amigo y protector. Un demócrata de cuerpo entero. Válgame.

Twitter: @fopinchetti