México tiene uno de los periodos más largos de transición gubernamental. Foto: Cuartoscuro.

Andrés Manuel López Obrador es el virtual Presidente de México, no tendrá su constancia de mayoría -la cual lo convertirá en Presidente Electo-, hasta agosto. Aun cuando la fecha fatal para entregar la constancia es el 6 de septiembre, dada la arrasadora votación que obtuvo el tabasqueño y las pocas impugnaciones sobre su elección, en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación estiman que estarían entregándole el documento que oficializará su triunfo, durante la primera semana del próximo mes.

Hasta entonces será considerado electo, y tomará posesión el 1 de diciembre de 2018, cuando asuma las funciones del Ejecutivo Nacional plena y oficialmente. Mientras tanto, puede planear, proyectar, consensuar, adelantar, pero no ejercer. No tiene pues el poder oficial para llevar a cabo las acciones que ya ha prometido.

Enrique Peña Nieto es Presidente de la República; su partido y él mismo, dado que fue quien impuso al “candidato ciudadano” del PRI, perdieron el gobierno de la República el 1 de julio de 2018, y de tal caída no se han podido recuperar. Mientras en el PRI han obligado a renunciar a René Juárez Cisneros (no que pudiera mucho por esa instancia), en la Presidencia de la República prácticamente y para efectos públicos y mediáticos, han bajado la cortina.

Así por un lado tenemos a uno que aún no es Presidente pero lo parece, y por el otro a un Presidente que es pero ya no lo parece.

México tiene uno de los periodos más largos de transición gubernamental en la Presidencia de la República, cinco meses entre el día de la elección y la toma de posesión. Lapso que en esta ocasión da la impresión de ser más extenso, dado que no hubo conflictos post electorales. Los más de 30 millones de votos a favor de López Obrador lo ubicaron 17 millones 464 mil 959 sufragios por encima del segundo lugar que logró Ricardo Anaya Cortés con 12 millones582 mil 741, no solo no dejaron dudas de la voluntad del electorado, sino que representaron la oportunidad para que los Consejeros del Instituto Nacional Electoral pudieran anunciar un certero recuento preliminar y destacaran a un triunfador contundente, descartando con ello retrasos en el conteo de los votos o las impugnaciones, a las que partidos políticos y otros candidatos presidenciales no recurrieron ante la contundencia del resultado.

Vaya, fue tan clara la superioridad de López Obrador, que prácticamente todos dan por sentado que es el Presidente aunque aún no tome protesta. Al tiempo que Peña Nieto fue el primero en reconocer la victoria del candidato de Juntos Haremos Historia, y lo recibió el 3 de julio de 2018 en Palacio Nacional, restándole con ello fuerza a la Presidencia de la República que aun encabeza, aunque ya no tenga el ánimo.

Cinco meses para el cambio en la Presidencia de la República resultan mucho tiempo, especialmente habiendo tan claros resultados. Un ingrediente adicional a la tediosa espera, es que con por primera vez, la República transitará de un gobierno de centro, centro derecha, a uno de izquierda. Las políticas públicas de uno y otro son harto distintas. Y Andrés Manuel López Obrador se ha encargado de así darlo a conocer.

En la reforma electoral de 2014 consideraron esta situación y el periodo de transición de ha acortado. Andrés Manuel López Obrador de hecho, concluirá su sexenio el 30 de septiembre de 2024 y su sucesor tomará posesión del cargo tres meses después, el 1 de diciembre de 2024.

En otros países las transiciones suelen ser más expeditas. En Francia por ejemplo, Emmanuel Macron ganó la elección el 7 de mayo de 2017 y tomó posesión siete días después, el 14 del mismo mes. En Colombia, Iván Duque Márquez ganó la Presidencia el 17 de junio de 2018 y tomará posesión en un mes, el 28 de agosto.

En Canadá el periodo de transición es menos de un mes. Justin Trudeau ganó su elección el 16 de octubre de 2015, y tomó posesión del gobierno al siguiente mes, el 4 de noviembre de 2015. También en Perú el periodo entre la elección y la investidura es corto: elección el junio, toma de posesión en julio.

Un periodo de transición corto permite que el gobierno no se detenga. Que no haya pausas innecesarias en la maquinaria gubernamental, y especialmente no dar un amplio margen de maniobra para la persona y el equipo que va de salida. Hoy por hoy, Enrique Peña Nieto y su gabinete pueden seguir realizando las transacciones que les venga en gana, sobre las cuales tengan intereses, o las que les convengan, perjudicando no solo las finanzas del próximo gobierno, sino los recursos de los mexicanos todos.

Por ejemplo, López Obrador en sus 50 acciones del plan de austeridad, se refiere enteramente al ejercicio del gobierno, de cómo cambiarán las condiciones de trabajo tanto de personal de confianza como de base, de titulares y de subalternos, de la utilización de los bienes de la Nación y de la adquisición de otros. Ha dicho incluso que cancelará compras y que mudará personal, oficinas, secretarías enteras, entidades todas que tienen ya servicios comprometidos, personal en busca de una base. Todas las acciones anunciadas por el virtual Presidente de México, pueden ser utilizadas por los funcionarios de hoy para sacar provecho ante la llegada de lo inminente, el cambio de poder y el cambio de política.

En estas circunstancias cinco meses son demasiados, y como es evidente en el actual proceso, llevan a conflictos de autoridad entre quien la tiene y quien la tendrá. En ese tiempo también los atrapa en la sucesión, compromete las acciones del sucesor. Por ejemplo, en materia financiera, dado que es el equipo de Peña quien se encarga de elaborar el presupuesto de 2019, pero será el de López Obrador el que lo ejercerá. A decir de hoy, hay un entendimiento en los equipos de ambos Presidentes (Virtual y Constitucional) para desarrollar el presupuesto, pero vaya esa no es ni la norma, ni representa lo deseable.

Aun cuando el tiempo de transición se acortará a partir del año 2024, en México es necesario avanzar para estrechar aún más el periodo de transición, que la maquinaria gubernamental no se detenga, y especialmente, que no tengamos dos Presidentes durante cinco o tres meses, y los dos con un pode muy acotado, entre el que ganó pero no es, y el que es pero ya perdió.