Hace más de cien días que todos los teatros en el país bajaron la cortina. En este contexto, para enfrentar las actuales condiciones económicas y de salud, 37 espacios de 18 estados de la República se unieron para organizar un festival virtual en el cual se programaron talleres, mesas redondas, y claro, funciones de teatro y de danza.

Existe una urgencia por adaptar el mundo de las artes escénicas a nuevos formatos. El objetivo a largo plazo es impulsar proyectos artísticos y ofrecer una multiplataforma donde se muestre el trabajo de más grupos capitalinos, foráneos, emergentes o con trayectoria, además de beneficiar a los foros y favorecer la descentralización.

Por Carlos Urani Montiel

Ciudad Juárez, Chihuahua, 4 de julio (JuaritosLiterario).- Hace más de cien días que todos los teatros en el país bajaron la cortina. Aunque las producciones escénicas se han venido volcando hacia las pantallas –en transmisiones online a través de diferentes plataformas digitales, con resultados dispares y propuestas por demás interesantes–, el sustento material de equipos creativos peligra, así como la manutención de los foros que ellos mismos administran.

La mayoría de estas compañías atraviesa una encrucijada, cuando no una disolución inmanente, viéndose sujetas a convocatorias extraordinarias como la emitida el pasado 27 de marzo por el INBAL y el Centro Cultural Helénico: “Espacios Escénicos Independientes en Resiliencia”. De las 237 propuestas recibidas por la Coordinación Nacional de Teatro, se otorgó un total de 91 apoyos ($150 mil en promedio) a espacios escénicos independientes, dejando a 146 a la deriva.

La ANTI, con esas estratégicas siglas que más adelanté comentaré, venía gestándose desde hace un par de años por varias agrupaciones con sede y local en el centro del país, tales como La Capilla, La Titería, El Milagro, Un Teatro y Foro Contigo América. Estos cinco grupos formaban otra Red, la de Espacios Culturales Independientes Organizados (RECIO), integrada al Colegio de Productores de Teatro, la cual decidieron abandonar “porque teníamos objetivos diferentes, no sólo estéticos, sino también porque somos compañías sin fines de lucro”. Así lo explicó en rueda de prensa el escenógrafo Gabriel Pascal, de Teatro El Milagro, quien además precisó que, para ellos, “el tamaño del sitio escénico independiente sí importa, pues tenemos espacios para menos de 120 espectadores… Por eso decidimos juntarnos con quienes consideramos nuestros pares”.

Con el propósito de hacer frente a las actuales condiciones económicas y de salud, 37 espacios de 18 estados de la República se unieron para conformar la ANTI. Además de beneficiar a los foros, este proyecto favorece la descentralización de las artes escénicas. El objetivo a largo plazo es impulsar sus proyectos artísticos y ofrecer una multiplataforma (a manera de giras o residencias) en donde se muestre el trabajo de otros grupos o creadores capitalinos, foráneos, emergentes o con trayectoria.

Pascal y Jessica Sandoval, directora de Un Teatro, también hicieron hincapié en el vacío legal que existe respecto a los pequeños teatros, muchas veces establecidos en casas habitación adaptadas para montar espectáculos. Una posible ley general de las artes escénicas debería amparar a estos inmuebles, favoreciendo, por consecuencia, las condiciones de trabajo de los equipos creativos residentes: elenco, directores, productores, administrativos y técnicos.

En este panorama, la primera acción de la ANTI consistió en la organización de un Festival Virtual, en el cual, del 15 al 30 de junio, se programaron, por la mañana, talleres, conversatorios y mesas redondas, y, por la tarde y noche, funciones de teatro y danza, dirigidas por las compañías participantes en representación de sus espacios y, con el apoyo, en cuanto a difusión, de la UNAM, el FONCA y la Secretaría de Cultura. Todas las obras, fueran en vivo, grabadas e incluso algunos estrenos, tenían costo. Las entradas se adquirían a través de Boletópolis.com, en donde uno escogía el precio del boleto entre tres opciones: $50, $100 y $150 (más su respectivo IVA). Los talleres, por su parte, tenían un costo especial.

Como medio de comunicación independiente, Norteatro, el colectivo al que pertenezco, solicitó dar seguimiento al evento a través de reseñas sobre las funciones. Nos contactamos días antes de que iniciara a través de sus canales oficiales para plantearles la colaboración. No pedíamos cortesías, solo que compartieran los contenidos en sus redes, ya que nosotros vimos una gran oportunidad para apreciar de manera crítica el trabajo escénico de las agrupaciones con más renombre en el país. El Festival comenzó y nuestra solicitud se diluyó entre mensajes mal direccionados y correos imprecisos.

Esta actitud me llevó a darme cuenta de que aunque los organizadores entiendan el ANTI-Festival como una acción artística de resistencia teatral ante la distancia, había mucho de oficialidad en el evento. A pesar de su slogan y las convenientes siglas que le dan identidad a la Asociación, la gran parte de sus miembros gozan de becas, apoyos y fideicomisos, ya sea extraordinarios debido a la pandemia –como el mencionado allá arriba para espacios en resiliencia o el llamado Contigo en la distancia–, o estables para grupos –México en Escena o EFIARTES– y artistas pertenecientes a Jóvenes Creadores del FONCA o al Sistema Nacional de Creadores de Arte, del mismo Fondo.

Los estímulos que operan durante el confinamiento han sido meros paliativos para los beneficiados –un curita para una honda fractura– e insustanciales para una enorme comunidad de teatristas.

De cualquier forma, Norteatro conformó un equipo de 13 críticxs teatrales (en su mayoría de Ciudad Juárez, aunque también recibimos textos procedentes del Estado de México, Monterrey, Chiapas, Oaxaca y Sevilla) con la tarea de presenciar y reseñar el mayor número de montajes posibles. Nuestro trabajo puede ser consultados a través del blog del colectivo www.norteatro.com o del perfil en Facebook.

Ante la variedad de propuestas y lenguajes teatrales adaptados al formato digital es difícil elaborar un comentario que englobe a la programación artística vía Zoom del ANTI-Festival. Hubo puestas en pantalla realmente loables en tres sentidos:

1. Ya sea por la explotación y experimentación de las cámaras: encuadres, tomas y secuencias inéditas en el teatro. Aquí incluyo las presentaciones de Teatro Telar, Telón de Arena, TRES Colectivo Escénico, Foro Café, El Milagro y la función de clausura, a cargo de César Enríquez.

2. Por volcar todo el peso de la dramaturgia en el trabajo actoral de los intérpretes, quienes ponen cara y gesto de frente a la cámara en un primer plano. Aquí van las puestas en pantalla en vivo de Los Endebles y las grabaciones ad hoc de Teatro Bárbaro.

3. Por un esfuerzo en ambos sentidos; es decir, producciones teatrales adaptadas y enriquecidas por un nuevo medio de transmisión remota. La obra de Conchi León, invitada como función inaugural, y el estreno de Marionetas de la Esquina mostraron la mayor calidad en sus montajes y compromiso frente a su público.

En una categoría aparte, excluida de cualquier aplauso, quedan las transmisiones videograbadas antes de la contingencia, que se programaron a pesar de la mala calidad en video y sonido.

Un valor innegable del ANTI-Festival recae en la progresiva descentralización del teatro nacional, así como su incidencia hacia el interior del país. Ofrezco un ejemplo de la entidad desde donde asistí al evento. De las más de treinta funciones ofrecidas, pregrabadas o en vivo, seis de ellas correspondieron a compañías chihuahuenses. De la capital, Teatro Bárbaro participó con tres funciones: Filos, Derivas y Arrullos para Benjamín.

Por su parte, Ciudad Juárez tuvo presencia gracias a Telón de Arena con el montaje de Mexicanas y a Foro Café con El atascadero y Las tres viejas. Si bien estos grupos no son los únicos que existen en la región fronteriza, representaron dignamente parte del arte que se hace en estos lares a nivel nacional. Por ello, celebro el alcance geográfico y social que logró consolidar la organización de este festival virtual.

La diligencia y urgencia por adaptar el mundo de las artes escénicas a nuevos formatos nos muestra el valor del teatro, pues, a pesar de la discusión teórica en torno a lo que puede o no llamarse teatro o convivio provocado por una puesta en escena, queda claro, con el número de asistentes (visible en una pestaña de Zoom) y con la charla después de cada función, que tanto hacedores como espectadores necesitamos, de manera vital, del espectáculo teatral.