Juan Carlos Onetti revive hoy en Madrid, gracias a la evocación de Mario Vargas Llosa. Foto: Fundación Juan March

Juan Carlos Onetti revive hoy en Madrid, gracias a la evocación de Mario Vargas Llosa. Foto: Fundación Juan March

Ciudad de México, 5 de mayo (SinEmbargo).- Los dientes que le faltaban a Juan Carlos Onetti le sobran a Mario Vargas Llosa.

Así lo hizo notar el propio escritor uruguayo, según una anécdota hoy legendaria que transcribió el periodista mexicano Jaime Avilés, narrada por el recientemente fallecido Eduardo Galeano:

“Al Onetti lo conocí muy bien. Cuando llegamos a España, en el exilio, él ya vivía en Madrid. Avenida América 31. Yo me hice amigo de él desde que empecé a escribir, a los 18 años. Un día me van a buscar unos chicos, porque nosotros vivíamos en Barcelona, al norte de Barcelona, y me dicen que están haciendo la tesis sobre Onetti, que les gustaría hablar con él”.

“Viejo, te llamo porque dos chicos te quieren ver. Te pido que los recibas, son piolas los chicos. ¿Te parece que te vayan a ver mañana? No sé… Viejo, que charlen contigo un momento… No sé… Dale, son buenos chicos… Puf… Está bien… ¿A qué horas les digo que los esperas?”

“Y que vengan a las cuatro”, dijo Onetti casi a regañadientes.

“Los chicos llegan en punto, van, tocan… Nada. Van a la esquina a dar la vueltita, regresan: nada. Cinco de la tarde: nada. A la seis me llaman: no sabemos qué pasa, no abre. Insistan, les digo, les va a abrir… Los chicos tocan otra vez: nada. Pero debajo de la puerta asoma un papelito que dice: `Onetti no está’. Los chicos se desesperan, golpean tímidamente la puerta”, prosigue el autor de Las venas abiertas de América Latina.

“Desnudo de la cabeza hasta el ombligo, con un pantalón de pijama atado a la cintura con una cuerda, ¡con una cuerda!, los hace pasar. La casa está a oscuras: los chicos entran en el reino de las tinieblas. En la mesa hay platos con comida de hace cinco días, en los ceniceros torres de puchos. El viejo les dice: Me van a perdonar que los reciba sólo con dos dientes, pero los demás se los presté al Vargas Llosa”.

LA EVOCACIÓN DE JUAN CARLOS ONETTI

Hoy, el Premio Nobel que ríe con todos los dientes, evocará en la Fundación Juan March, con sede en Madrid, el mundo literario y la personalidad de Juan Carlos Onetti (1909-1994), el admirado autor entre otros de El pozo y El astillero.

Será una conferencia magistral acerca de un tema que Mario Vargas Llosa había tratado en el ensayo “El viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti”, presentado en 2008.

“El tema de la ficción y la vida es una constante que, desde tiempos remotos, aparece en la literatura y, además El Quijote y Madame Bovary, muchas obras lo han recreado y explorado de mil maneras diferentes. Pero acaso en ningún otro autor moderno aparezca con tanta fuerza y originalidad como en las novelas y los cuentos de Juan Carlos Onetti”, ha explicado el autor de Conversación en la catedral en dicho texto.

El autor de La ciudad y los perros y La casa verde, dictó en 2006 un curso sobre Onetti en la Georgetown University (Washington), que es la base de su ensayo en el que otras cosas destaca El astillero  y La vida breve como las obras más importantes del uruguayo.

 

El escritor que fumaba a mansalva y vivía en una cama. Foto: Facebook

El escritor que fumaba a mansalva y vivía en una cama. Foto: Facebook

La conferencia de hoy a cargo del Nobel peruano forma parte de la sesión “Nombres de Latinoamérica” y tendrá un segundo día de actividades, el jueves 7, donde el actor Emilio Gutiérrez Caba ofrecerá la lectura dramatizada de varios cuentos del montevideano y el pianista Juan Esteban Cuacci interpretará tres tangos en su honor.

JUAN CARLOS ONETTI, UN IMPRESCINDIBLE

Juan Carlos Onetti nació en Montevideo el 1 de julio de 1909 y murió en Madrid el 30 de mayo de 1994. Comenzó su carrera literaria en Buenos Aires, Argentina, colaborando con los periódicos La Prensa y La Nación.

Uno de sus libros más famosos, El pozo, fue publicado en 1939: “Lo curioso es que, si alguien dijera de mí que soy “un soñador”, me daría fastidio. Es absurdo. He vivido como cualquiera o más. Si hoy quiero hablar de los sueños, no es porque no tenga otra cosa que contar. Es porque se me da la gana, simplemente”…escribía Onetti en primera persona, con la voz de un cuarentón desencantado llamado Eladio Linacero.

Revistas y periódicos tanto en Argentina como en Uruguay fueron asilo para sus textos periodísticos y literarios, hasta que llegó el exilio obligado en Madrid, donde Onetti se hizo colaborador de El País y la agencia EFE.

En 1989, su novela La cara de la desgracia fue llevada al cine por el realizador argentino Pedro Stocky y en 1993 publicó su última novela, Cuando ya no importe.

“Sólo en San Francisco tuve ocasión de charlar con él un poco, en barcitos humosos y oscuros de los alrededores del hotel. Costaba trabajo animarlo a hablar, pero, cuando lo hacía, decía cosas inteligentes, eso sí, impregnadas de ironía corrosiva o sarcasmos feroces. Evitaba hablar de sus libros. Al mismo tiempo, detrás de esa hosquedad y esas burlas lapidarias, asomaba algo vulnerable, alguien que, pese a su cultura e imaginación, no estaba preparado para enfrentar la brutalidad de una vida de la que desconfiaba y a la que temía”, contó Mario Vargas Llosa.

Todo su mundo era la cama en donde permanecía la mayor parte de sus días, bebiendo whisky, fumando a mansalva, recordando la Montevideo natal que recreó en Santa María, la ciudad ficticia que pobló su literatura. “Santa María no existe más allá de mis libros”, dijo Onetti. “Y si existiera sería Montevideo”, agregó.

Era un devorador glotón de novelas policiales: “Me atrae una trama que se desarrolla y me despierta curiosidad sin exigirme participación. Yo estoy ajeno mientras leo, no tengo que ponerme del lado de nadie; pero estoy atrapado por la curiosidad. Quiero saber adónde va a parar todo eso, cuál será el desenlace…”, le contó a Eduardo Galeano.

Mario Vargas Llosa, cuando presentó en Madrid su ensayo sobre Onetti. Foto: efe

Mario Vargas Llosa, cuando presentó en Madrid su ensayo sobre Onetti. Foto: efe

Admiraba a William Faulkner y a Balzac, a Henry James lo admiraba, pero también le tenía cariño. Aunque, no evitemos lo obvio, para Juan Carlos Onetti la literatura empezaba y terminaba en el autor de Absalón, Absalón y El sonido y la furia.

“Faulkner, Faulkner, Yo he leído páginas de Faulkner que me han dado la sensación de que es inútil seguir escribiendo. ¿Para qué corno? Si él ya hizo todo. Es tan magnífico, tan perfecto…”, afirmaba.

Cuando ganó el Premio Cervantes en 1980, le dijo a Galeano lo que quería hacer con el dinero: “Yo quiero una casa con jardín y con perro. Me han dicho que los escritores laureados tenemos derecho”.

“Escribo para mí. Para Onetti, que es mi mejor amigo”, también dijo.