Es inevitable pensar que uno de los asuntos más preocupantes de nuestro sistema político actual es el deterioro que ha sufrido, en la opinión pública, la imagen de nuestras instituciones de gobierno. Quizá motivados por la inseguridad pública, impunidad, escándalos cotidianos, percepciones bajas de gobernabilidad, autoridades incompetentes, órganos colegiados a modo, discursos incongruentes, justificaciones absurdas y nula transparencia, todo esto ha propiciado que vivamos inmersos en un ambiente de desconfianza, en un país en el que todo puede pasar, en donde la camaradería ha quedado atrás, en donde existe una pugna de celos profesionales poco éticos de todos contra todos, de ataques sin fundamento y en el que las instituciones y autoridades brillan por su ausencia.

El tema en cuestión no resulta menor si consideramos que todos los países que han alcanzado cierto nivel de desarrollo lo han logrado al transitar por instituciones sólidas y democráticas, en un marco de derecho y respeto ciudadano a las normas y convencionalismos sociales.

Genera cierta impotencia ciudadana el preguntarnos cómo podemos romper con los vicios ocultos que generan desconfianza y falta de credibilidad, cuando observamos pasajes tan vergonzosos como lo he venido comentando en esta columna. Nos enfrentamos quizá ante uno de los momentos más críticos del Instituto Federal Electoral, sin dejar de lado otras instituciones como el IFAI, el tema de la delincuencia organizada, el narcotráfico, por tan sólo mencionar algunos.

El IFE cada día pierde más credibilidad por los propios actos que genera, poco transparentes, que a todas luces resultan inexplicables e increíbles. En verdad pueden creer que los ciudadanos somos “estúpidos”: los topes y gastos de campaña fueron rebasados por mucho y por todos los institutos políticos, y ahora sancionan sólo a uno. La votación, como lo comente la semana pasada, se decidió por el voto del consejero García Ramírez quien ahora nos dice que “se va”, que renunciará al cargo ciudadano por el cual fue nombrado, porque él tenía muy claro que sólo estaría hasta este año. Increíble, en verdad, justo ahora resulta que se va, una vez que culminó su labor… no como Consejero Electoral, más bien nos deja la sensación de fungir como Operador Electoral.

En este sentido, la medición que he realizado para la investigación sobre las consideraciones de gobernabilidad arrojan de entre un universo de 1000 encuestados, que seis de cada diez consideran la imagen del IFE mala; uno de cada diez, muy mala y sólo 300 encuestados brindan una opinión positiva sobre este Órgano Colegiado. Entonces, la pregunta sería: ¿qué es lo que ha motivado al ciudadano a calificar negativamente a esta institución?

Me parece que hoy en día el IFE no ve ni oye. No podemos pasar desapercibido que los topes y gastos de campaña fueron rebasados, que la publicidad y marketing fue grotesco para esta última elección, que en sus designios tienen una gran institución que a diferencia de esta última etapa, el maestro José Woldenberg dejó fortalecida y con un alto nivel de credibilidad, que ha pasado en este nuevo siglo. Será tiempo de reflexión al interior del organismo, porque está en juego más que sólo la institución en sentido estricto. Lo anterior nos hace pensar en que quizá la institución se está agotando, en que sería un buen momento de centrar el debate académico en proponer una nueva institución fortalecida, creada para los ciudadanos y por los ciudadanos, en donde se representen los intéreses de la ciudadanía para vivir en democracia y no de los institutos políticos para manejar cuotas, apuntalar alfiles ad-hoc para las votaciones y persecución de fines perversos. Debemos pensar en los miles de millones de pesos que se erogan en los 32 institutos políticos, más los que se erogan en el organismo federal (IFE), quizá la respuesta sería unificar en un solo organismo la organización de los comicios en todo el país en las tres elecciones –federales, estatales y municipales–, lo cual brindaría fortaleza institucional, eficiencia y eficacia gubernamental y trasparencia ciudadana.

Ahí está el detalle, al más puro estilo de Mario Moreno “Cantinflas”. Nos vemos en la próxima…