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Carlos A. Pérez Ricart

09/11/2021 - 12:03 am

Fentanilo: la crisis que se viene

“El fentanilo es, desde hace ya un par de años, la droga que mayor preocupación genera a los gobiernos de México y Estados Unidos. En nada se parece a otras drogas. Mata mucho —mucho más— que cualquier otra que conozcamos. Es ya, en México y en Estados Unidos, un asunto de emergencia nacional”.

“El consumo de fentanilo y otras drogas sintéticas es un tema de salud pública sin precedentes”. Foto: Cuartoscuro

Estamos anestesiados. Las noticias sobre confiscaciones de drogas, arrestos y muertos apenas nos hacen levantar la cabeza. En la sociedad del hartazgo no hay tiempo ni ganas de voltear a ver las notas periodísticas que parecen la misma desde hace quince años. En la guerra contra las drogas todos los días son el día de la marmota.

Por eso fue raro que la noticia lograra colarse a las primeras planas. No fue suficiente —desde luego— para lograr el encabezado (para ello falta alguna fastuosa boda en Guatemala) pero sí alcanzó una meritoria segunda plana e incluso alguna editorial. ¿La nota? El Ejército mexicano había decomisado, en un laboratorio clandestino de Culiacán, unos 118 kilogramos de fentanilo puro.[1] El decomiso más grande de su tipo en la historia. Con rapidez inusitada incluso se calculó (quien sabe con qué parámetros) su valor en el mercado negro: poco menos de mil millones de pesos. Para poner en perspectiva el evento tomemos en cuenta que durante los seis años del Gobierno de Enrique Peña Nieto se decomisaron “solamente” 350 kilogramos de fentanilo repartidos en decenas de operaciones. La comparación es, al menos, de llamar la atención: en un solo laboratorio de Culiacán se confiscó una tercera parte de todo el fentanilo incautado en seis años en todo el país entre 2012 y 2018.

Más allá del tamaño del decomiso, lo relevante es su significado. El fentanilo es, desde hace ya un par de años, la droga que mayor preocupación genera a los gobiernos de México y Estados Unidos. En nada se parece a otras drogas. Mata mucho —mucho más— que cualquier otra que conozcamos. Es ya, en México y en Estados Unidos, un asunto de emergencia nacional.

El fentanilo es un opioide sintético. ¿Qué significa eso? Los opioides son un grupo amplio de medicamentos analgésicos. Estos pueden encontrarse de forma natural en la planta de amapola o adormidera —como la morfina— y otros —como el fentanilo— se sintetizan en laboratorios. La potencia de estos últimos puede ser brutal. El fentanilo es unas cien veces más potente que la morfina.[2] Como otros de su tipo puede producirse y recetarse de manera legal para atender a pacientes con dolores crónicos; las más de las veces, sin embargo, se produce de manera ilegal. ¿Cuál es el problema? Que el fentanilo genera rápida tolerancia en los receptores opioides que se encuentran en las áreas del cerebro que controlan el dolor; esto es, se necesita consumir cada vez más para lograr el mismo efecto. Esto pasa, en menor o mayor medida con otras drogas; el problema con el fentanilo es que una sobredosis puede provocar que la respiración se vuelta lenta y se detenga por completo. Llega la hipoxia. La muerte es inmediata.

El consumo de fentanilo y otras drogas sintéticas es un tema de salud pública sin precedentes. La crisis ya no se puede ocultar: en el último año han muerto por sobredosis de alguna droga alrededor de 96 mil personas en ese país. Esto es el equivalente a 260 diarias; 11 por hora.[3] La mayoría de estas muertes, alrededor de un 60 por ciento, fue ocasionada por fentanilo y otros opioides sintéticos. En muchos casos la muerte sucede porque los comerciantes de drogas mezclan el fentanilo (que es más económico) con otras drogas como la heroína, el MDMA o la cocaína.

¿Cómo pinta México en todo esto? México entra a la ecuación porque desde hace algunos años se ha convertido en centro de producción de fentanilo (y de otras sustancias), así como en puente del fentanilo producido en China y dirigido a los Estados Unidos. El decomiso de Culiacán es evidencia —por si faltaba otra— de que México se ha convertido en centro no solo de transporte de fentanilo, sino en productor.  Prueba de ello es que, junto a los 118 kilogramos de fentanilo, los soldados de la SEDENA encontraron bolsas de sustancias precursoras de pasta de fentanilo y de los compuestos químicos necesarios para su producción. ¿Cuántos laboratorios clandestinos similares hay en México? ¿Tres?¿Cien? ¿Cuatro mil? Imposible saberlo.

El fentanilo y la producción de otras drogas sintéticas han venido a cambiar para siempre el panorama de las drogas en México. Los efectos han sido enormes y han impactado en diferentes esferas: reducción del precio de la heroína, generación de éxodos de cultivadores, modificación de los patrones de producción de los grupos del tráfico de drogas etc.[4] El más relevante es, sin embargo, el aumento de consumo de fentanilo en el norte de México en donde cada vez es más común que rastros de esa droga se escondan en el polvo blanco del cristal, la heroína o la cocaína que los usuarios creen consumir.[5] En Tijuana, donde el consumo de heroína es tres veces mayor que en el resto de México, el problema de salud pública es especialmente grave. La expansión del problema al resto del país es solo cuestión de tiempo.

Es ridículo que sigamos gastando un solo peso en programas de erradicación de cultivos de marihuana frente al reto del fentanilo. Es ridículo que sigan las resistencias frente a la regularización de la marihuana (y otras drogas como la cocaína) frente a la urgencia por atender un problema que todavía estamos a tiempo de resolver si hacemos dos cosas: por un lado, garantizar la oferta segura de drogas menos letales para disminuir los riesgos de mezclas de fentanilo y otras sustancias similares; por el otro, fomentar programas de reducción de daños que minimicen las consecuencias adversas del consumo de drogas.

Enjuaguemos y repitamos: no todas las drogas ilegales causan el mismo daño ni todas generan adicción. No todas generan violencia y el consumo de algunas —todo hay que decirlo— no le vendrían mal a uno que otro personaje de la vida pública nacional.

La actual política de drogas no solo desperdicia recursos, sino que es causante de una crisis de salud a punto de expandirse en el resto del país. No atender el problema desde la madurez y seguir haciéndolo desde el estereotipo significa condenar a los más vulnerables. Despertemos.


[1] Tania Aguilar, “Decomiso de fentanilo en Culiacán, uno de los golpes al narco más importante de los últimos años”, el 5 de noviembre de 2021, https://www.elfinanciero.com.mx/estados/2021/11/05/decomiso-de-fentanilo-en-culiacan-uno-de-los-golpes-al-narco-mas-importante-de-los-ultimos-anos/.

[2] Volpe DA, Tobin GAM, Mellon RD, et al. Uniform assessment and ranking of opioid Mu receptor binding constants for selected opioid drugs. Regul Toxicol Pharmacol. 2011;59(3):385-390.

[3] Los datos son del National Institute on Drug Abuse. Véase: https://www.drugabuse.gov/drug-topics/trends-statistics/overdose-death-rates

[4] Sobre alguno de los efectos, véase: Romain Le Cour Grandmaison, Nathaniel Morris, y Benjamin Smith, “The Last Harvest? From the US Fentanyl Boom to the Mexican Opium Crisis”, Journal of Illicit Economies and Development 1, núm. 3 (2019): 312–29.

[5] Fleiz C, Arredondo J, Chavez A, Pacheco L, Segovia LA, Villatoro JA, Cruz SL, Medina-Mora ME, de la Fuente JR. “Fentanyl is used in Mexico’s northern border: current challenges for drug health policies”, Addiction 115, núm 4 (2020):778-781.

Carlos A. Pérez Ricart
Carlos A. Pérez Ricart es Profesor Investigador del CIDE. Tiene un doctorado en Ciencias Políticas por la Universidad Libre de Berlín. Entre 2017 y 2020 fue docente e investigador posdoctoral en la Universidad de Oxford, Reino Unido.
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