El Vaticano decidirá pronto quién será el Papa que enfrente el reto de devolver a la Iglesia católica credibilidad, tras escándalos de pederastia clerical, ataques contra mujeres por el aborto y rechazo a la homosexualidad.


El día en que Joseph Ratzinger renunció como Papa, no sólo líderes religiosos y jefes de Estado en todo el mundo sino también los creyentes y los no católicos se sorprendieron ante la noticia. “Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino”, declaró Benedicto XVI, quien hace unos días fue nombrado Papa Emérito.

El día de la renuncia papal, el mundo cuestionó la renuncia de Ratzinger. Surgieron varias hipótesis, que hasta el día de hoy siguen sin responderse. Que si Benedicto XVI renunció porque era un Papa de transición, que si lo hizo tras los miles de escándalos de pederastia en todo el mundo, hasta rumores tan fuertes como un supuesto informe ultra secreto elaborado por tres cardenales en el que se denuncia una trama de corrupción, sexo y tráfico de influencias al interior del Vaticano, mejor conocido como el “Lobby gay”.

Lo cierto es que tras la salida de Joseph Ratzinger, y ante la expectativa del nuevo sucesor, la Iglesia católica pasa una de sus peores crisis en toda su historia. Más de 4 mil casos de abusos sexuales a menores de edad en los últimos 10 años, según reconoció el Vaticano en 2010. Tan sólo 4 mil, de muchos casos más, que siguen sin esclarecerse. Aunado a esto, el rechazo del Vaticano a temas como el aborto, las relaciones y bodas entre personas del mismo género, la anticoncepción, la participación activa de las mujeres dentro del catolicismo y los derechos humanos, sitúan a la Iglesia en punto crítico ante su legitimidad.

Tan sólo en México el panorama de la Iglesia es alarmante. De ser un país donde 90% era católicos pasó a menos de 83 por ciento. Según datos del Panorama de Religiones en México, reporte elaborado por la Secretaría de Gobernación (Segob) y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), 15% de los mexicanos profesan una religión distinta a la católica o no tienen una creencia religiosa.

En el país, los casos de pederastia, encubiertos por jerarcas de primer nivel, y los encontronazos entre el ultra conservadurismo y los movimientos feministas, organizaciones laicas y el activismo de la diversidad sexual, han cuestionado a la Iglesia y, por supuesto, la postura de Benedicto XVI durante su papado.

Sin embargo, en México “los principales jerarcas pertenecen a una ala ultra conservadora. Venga el Papa que venga, los derechos sexuales y reproductivos, el tema del aborto, el celibato, las sacerdotisas y esos temas que son tan necesarios, no se modificarán”, asegura Juan Carlos Hernández Meijueiro, especialista en temas de sexualidad y religión.

Por su parte, Marilú Rojas Salazar, teóloga feminista hace una distinción entre la institución católica y la doctrina espiritual del catolicismo. “Mientras el patriarcado de la Iglesia no cambie a una doctrina más pastoral y espiritual, corremos el riesgo de quedarnos como un recuerdo en la historia. El Vaticano tiene que replantearse temas como los derechos humanos y, por supuesto, la participación de la mujer en la Iglesia, es una deuda histórica que tiene con nosotras”, enfatizó.

No obstante, la posible renovación de la Iglesia parece lejana. El presidente del secretariado permanente de la Asociación Latinoamericana para el Estudio de las Religiones (ALER), Elio Maferrer Kan, da un panorama poco esperanzador: “En materia moral y sexual, no habrá cambios. La jerarquía católica seguirá con su proyecto de neoconservadurismo. Ratzinger lo consolidó más”.

CATÓLICOS, PERO CRÍTICOS


Joseph Ratzinger hereda, de Juan Pablo II, una Iglesia mediática, triunfalista, vigorosa, pero no renovada ni muchos menos a la par de hechos que rebasan los dogmas de la Santa Sede. Varios rostros quedan estigmatizados por no cumplir con las leyes del Vaticano.

Arturo, por ejemplo, durante casi un año asistió a un seminario religioso. Durante ese tiempo, cuenta Arturo, “existía mucha homofobia. Se hablaba de algunos homosexuales, a los que se les llamaba maricas. ¿Cómo se sabía esto?… porque algunos de los compañeros había tenido sexo con seminaristas. Eso era algo que sabíamos, pero no se decía. Y cuando salía a la luz pública, el que estaba involucrado en el escándalo, se iba”.

Pasó el tiempo, en el que Arturo tuvo que trabajar su propia homofobia. Salió del seminario, porque no tenía vocación. Hoy vive su homosexualidad con orgullo. Recuerda aquellos años: “Uno de mis amigos, que fue compañero en el seminario, lo expulsaron porque un compañero lo acusó de haber tenido sexo oral con otro hombre”.

Arturo se considera católico, aunque también profesa otras filosofías y una vida espiritual activa. Ser católico, para Arturo, no es sinónimo de fanatismo. No es un borrego de su religión. La conoce, estuvo dentro. Su fe apunta hacia una postura crítica: “En mi opinión hay sacerdotes, que por su educación académica, pueden reconocer que existen los derechos de la mujer o de homosexuales. Pero también hay una Iglesia que nos hace menos, nos discrimina abiertamente, nos llama aborto del infierno. Antes me dolía ser discriminado, ahora no. Porque entendí que una cosa es Dios, lo superior, y otra, la Iglesia, que a veces manipula y obedece a fines particulares”.

Socorro acude a la iglesia en cada festividad religiosa. La última vez traía en su frente la cruz de ceniza. Es madre y esposa, como dicta la Iglesia. Creyente, pero asegura que no es indiferente con los escándalos de pederastia. “Los sacerdotes son humanos, tienen derecho a cometer errores, y tienen el deber de pagar por ello ante las leyes. Soy católica, pero no ciega”, dice.

Lectora de los Evangelios apócrificos, de biografías sobre Jesucristo, reportajes de pederastia y corrupción al interior del clero, Socorro separa su fe, de las leyes canónicas. La lectura, dice, le abre otras posibilidades de vivir su religión.


Otro caso, también emblemático, es el de Aidé García Hernández. Ella es integrante de la asociación civil Católicas por el Derecho a Decidir. Su nombre lo dice todo. Aunque a decir de la labor de esta organización, pone en la palestra temas que la propia Iglesia se ha negado a debatir. “Nuestra lucha ha sido por el reconocimiento moral de las mujeres. La Iglesia no reconoce que las mujeres somos sujetas de derechos, que podemos desarrollarnos y vivir libremente nuestra sexualidad”.

Para Aidé García, coordinadora de relaciones interinstitucionales de Católicas por el Derecho a Decidir, la Iglesia tiene que abrirse a los nuevos tiempos. “Con la renuncia de Benedicto XVI, él deja muchos pendientes. Uno, que tiene que ver con la justicia social, con la igualdad, con la no discriminación, donde estamos siempre las mujeres”.

García Hernández recalca el papel de la mujer dentro y fuera de la Iglesia. La Iglesia ha perdido su sentido evangélico, sostiene la feminista católica, “porque en el andar evangélico, Jesús siempre estuvo rodeado de mujeres, atendiendo a los más desprotegidos. Y la jerarquía de la Iglesia católica se ha olvidado de esto. Para los jerarcas, las mujeres estamos confinadas sólo a la maternidad. No tenemos otros derechos”, precisa.

“Lo que está detrás del papado”, añade la teóloga Marilú Rojas, “son estructuras sexistas, machista, de patriarcado, clasistas, jerárquicas, homofóbicas. No hablo de un Papa en concreto, sino de un sistema. No necesitamos un papado que postule la autoridad de los hombres sobre las mujeres”.

LAS POSTURAS, LOS DESACIERTOS


Respecto a los derechos sexuales y reproductivos, además de los derechos humanos en general, la Iglesia ha tomado una postura rígida y ultraconservadora. Las quinielas y la expectativa de quién será el nuevo Papa, para Hernández Meijueiro es una ilusión óptica:

“En el sentido de que pueda haber un Papa más liberal. Ratzinger es un viejo lobo de mar. Deja casi 80% de cardenales elegidos. Es decir, está garantizada la línea ultraconservadora contra los derechos sexuales y reproductivos, que seguirá el sucesor”, explica el también especialista en Teología Bíblica por la Universidad Pontificia Urbaniana de Castelgandolfo, en Italia.

En México, los derechos sexuales y reproductivos, frente a las posturas del clero, han creado choques ideológicos. Los primeros, en defensa y garantía de las libertades civiles; el clero, en clara posición de que la sexualidad, por ejemplo, está justificada únicamente en la reproducción. El placer, la decisión sobre nuestros cuerpos y las relaciones que no basan sus vínculos en la reproducción y la monogamia, están fuera de las leyes del Vaticano.

Por ejemplo, el ex obispo de Ecatepec, Onécimo Cepeda, conocido por su propensión a lujo, la corrupción y los escándalos, calificó a los matrimonios entre personas del mismo género y sexo como “una estupidez […] No es un matrimonio. Si no es lo es, no puede formar un hogar. Y si no puede formar un hogar, no puede tener hijos”.

Asimismo, el cardenal Norberto Rivera –hoy, papable– empleó otro adjetivo, quizá más duro, contra estas uniones: “Son aberrantes”, y no conforme también las tildó de “legaloides”. Y también remató así: “Las injusticias cometidas contras las personas homosexuales nunca será una justificación para conceder falsos derechos que, por si fuera poco, afectarán a niños inocentes, a quienes se les negará el derecho a tener un padre y una madre para su adecuado desarrollo moral y psicoafectivo”, destacó en 2010.

Pero la declaración más polémica, tras dicha ley, fue la pronunciada por el ex ministro vaticano de Salud y cardenal mexicano, Javier Lozano Barragán. El 2 de diciembre de 2009 dijo: “Los gays no irán al cielo. Esto no lo digo yo, lo dijo san Pablo”.

Otro de los temas tabú dentro de la Iglesia es el aborto. Y aunque científicamente ya se tuvo certeza de que las pastillas de emergencia no son abortivas, el cardenal Lozano Barragán opinó:

Sobre la interrupción legal del embarazo, Norberto Rivera señaló: “Es un delito –el aborto– que altera el bien común social […] Las mujeres que abortan voluntariamente, y quienes cooperan, son excolmugadas […] Con este tipo de sanción se trata de desalentar la práctica de un acto que es injusto y altera el bien de la comunidad”.

“La Iglesia siempre ha impuesto su manera de vivir la vida. Para los jerarcas, las mujeres somos vistas, desde siempre, como objetos domésticos”, elucida Aidé García y acota: “Hay una postura fuerte que proviene de la cultura judeocristiana, una cultura misógina. Esta misoginia al interior de la Iglesia influye en nuestra cultura de manera general, marca los estándares de educación y cómo se ve desde ahí a la mujer”.

OTROS TIEMPOS


El balance que hace Bernardo Barranco, uno de los especialistas más connotados en temas religiosos, durante su exposición de un análisis papal en el marco del panel “Preguntas y respuestas ante la Sede vacía”, el experto muestra una investigación sobre los posibles papables. “En promedio, la edad de los candidatos a Papa es de 71 años. Es decir, puede que el Papa  que suceda a Ratzinger no sea  tan vigoroso”.

Elio Masferrer también considera que el nuevo Papa no hará cambios importantes en cuanto a la sexualidad. “Los católicos usan anticonceptivos,  abortan, se divorcian, tienen relaciones sexuales antes del matrimonio, hay homosexuales. Eso lo sabe la Iglesia. No hay nada que varíe. No le quita el sueño. Seguirá con su postura ultraconservadora, sea el Papa que sea”.

Respecto a si la Iglesia pasa momento críticos, Hernández Meijueiro expone: “La Iglesia sigue renovándose. Esto lo ha hecho por 2 mil años. Ha sabido salir de muchas crisis. En algunos momentos estuvo a punto de ser una reliquia medieval. Sin embargo tiene la astucia de montarse en el poder político y económico  naciente, para sobrevivir. Así la Iglesia romana se montó en los gobiernos feudales y lo logró. Cuando los poderes absolutistas y las monarquías están en declive, se monta en los banqueros, en los comerciantes que ascienden al poder”.

Con esto, el especialista no quiere decir que desmentir el que otras religiones logren adeptos, como sucede con el cristianismo, por ejemplo. Tampoco quiere decir que muchas personas dejen de creer en el catolicismo, “pero creo que sí tiene la Iglesia enraizado en los introyectos de las personas mucho de su pensamiento. Mucha gente, aun cuando no vaya a misa, vive como la Iglesia de lo dicta, porque está los medios de comunicación. La sociedad misma. No olvidemos que la Inquisición no lo hacía nada más la Iglesia, también la gente que acusaba a otras personas”.

Socorro quisiera esa Iglesia espiritual. Arturo comparte su fe con el budismo y otras filosofías espirituales. El buen vivir, sin renunciar a su fe. Aidé García está consciente que los jerarcas prohíben ser criticados, prohíben del deseo, con o sin reproducción, “pero somos creyentes y eso no quiere decir que no seamos críticas de las instituciones”.

Elio Masferrer considera, por su parte, que la Iglesia tiene que replantearse la sexualidad dentro de su institución: “No sólo el celibato, sino las necesidades y formas de vivir la sexualidad dentro del catolicismo, para devotos y para el propio clero. Viven en una doble moral desde siempre”. Hernández Meijueiro sostiene que en México hay otros tiempos: una educación sexual más activa, movimientos feministas, derechos por la diversidad sexual, más información. Todo esto frente a una nueva ola de conservadurismo. “Habrá un choque de ideas, pero la Iglesia tiene que entender que hay otras condiciones en el país”, concluye.