Hilario Peña dejó Mazatlán y llegó a Tijuana. Allá, en tierras fronterizas, escribió sobre el Detective Malasuerte, un hombre pelirrojo, feo y de buen cuerpo. Sus aventuras quedaron vertidas en tres novelas que ahora forman parte de una. En entrevista con SinEmbargo, el autor habla sobre el regreso de su personaje. 

Ciudad de México, 13 de julio (SinEmbargo).– “¿Qué quieres?”, preguntó Tomás Peralta. “Hacerte famoso”, escuchó. Su historia quedó vertida en tres novelas que ahora se reúnen en una sola: Detective Malasuerte, de Hilario Peña.

Malasuerte, dice el autor, es “un detective pelirrojo que presumía, con voz aguardentosa, ser feo de buen cuerpo”. Es un personaje de ficción que acompañará a Peña, ganador del Premio Bellas Artes de Novela José Rubén Romero 2016, en tres historias que al final chocarán en una.

En entrevista con SinEmbargo, Hilario Peña habló sobre el regreso de Malasuerte, la Tijuana que le tocó vivir y el género policial.

“El género negro ha sido considerado un género menor. ¿Tú crees que dejó de serlo?”, se le pregunta. “Sí, pero no gracias a mí. Hubo una generación anterior a la mía, con personajes como Paco Taibo, Rafael Bernal, Élmer Mendoza, quienes pavimentaron el camino para los que llegamos después”, contesta.

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–Cuéntanos sobre el regreso del Detective Malasuerte.

–Es una compilación que incluye tres novelas, Malasuerte en Tijuana, La mujer de los hermanos Reyna y Juan Tres Dieciséis. La primera novela es una especie de historia de aprendizaje donde el protagonista, en este caso Tomás Peralta, alias El Malasuerte, es un marginado en su pueblo natal, en Sinaloa, donde incluso las parteras suelen estrellar contra peñascos a los niños que nacen pelirrojos porque se les considera de mal augurio. Este chico, que incluso nació un martes 13, un buen día hace caso al llamado a la aventura y emprende este viaje hacia la frontera de México y Estados Unidos, a Tijuana específicamente, donde después de pasar por varias corporaciones policiales, encuentra su vocación como detective y resuelve acertijos criminales. En ese sentido, esta primera obra es, como ya he dicho, una novela de aprendizaje. Posteriormente tenemos en este mismo volumen La mujer de los hermanos Reyna, donde le presento al lector mi versión de Tijuana, que tiene que ver con la Tijuana real, excepto que en este caso el jefe del crimen organizado, del vicio y en general de todo lo que es ilegal, es un extraterrestre llamado Sandkühlcaán, principal enemigo de Malasuerte. Además hay una especie de religión entorno a este personaje. Es una trama psicodélica, que tiene que ver con mi versión de Tijuana. Y por último tenemos la historia de Juan Tres Dieciséis, que consolida finalmente a Malasuerte y le da notoriedad internacional después de resolver el asesinato de la esposa de un boxeador llamado Juan Tres Dieciséis Ramírez Gutiérrez. Esta novela no sólo es sobre crímenes y boxeo, también tiene que ver con el tema de la vocación. Si bien en la primera novela vemos a Malasuerte encontrando su vocación, en la tercera ya está trabajando en ello, sin embargo, hago una reflexión acerca de qué es lo realmente importante en el camino del reconocimiento profesional: ¿el talento puro o existen otros factores que intervienen que suelen ser más decisivos? En este caso, Juan Tres Dieciséis, a pesar de su talento puro y nato para el pugilismo, descubre que la llave que lo lleva al éxito es que tiene un nombre enigmático. En una función en Tula, Hidalgo, un promotor se percata del nombre, cambia el horario de la pelea y terminan dando un gran espectáculo, al grado de comienza a hacerse famoso. Cada novela cumple una función: le primera es de aprendizaje; la segunda es para crear mundos, y la tercera es acerca de reflexiones sobre lo que nos apasiona y los obstáculos en el camino.

 

Hilario Peña. Foto: Cri Rodríguez, SinEmbargo.

–Son historias de ficción que están ancladas en la realidad.

–Realmente no está basada en la coyuntura que vivimos de la violencia, tan arraigada en nuestro sistema. Tiene que ver por una pasión por el género policial que siempre ha existido, y también por entregarle algo lector a cambio de escuchar lo que yo tengo que decir. En este caso, el caso de la novela policial, pues son fuertes dosis de misterio. Conforme va a avanzado, el pública va viendo misterios que se van resolviendo. Eso hace amena la lectura.

–Ahorita vives en Tijuana.

–Claro.

–Eres de Mazatlán.

–Así es.

–¿Nos puedes contar un poco sobre la Tijuana de hoy?

–Ahora está cambiando de rostro constantemente, sobre todo por las nuevas oleadas de migrantes que llegan. La gente es muy solidaria con centroamericanos. Cada vez está adquiriendo un semblante más cosmopilita. Es una ciudad muy amigable. Tal vez el mal que le han hecho los políticos ha sido compensando por el corazón de sus personas.

–Escribes sobre la frontera y desde la frontera. En las últimas semanas el tema ha sido la migración. La foto del padre y la niña que se ahogaron…

–No creo que esto haya sucedido por parte de nosotros. En la parte de la frontera que yo conozco hay una gran solidaridad con la gente que va llegando, porque todos somos recién llegando. Todos estamos luchando. Esto me parece ajeno a la población, creo que es más bien cosa de las autoridades, que aumentan restricciones y provocan que otros la paguen. Destacó el corazón de los habitantes de Tijuana, pero no puedo decir lo mismo de las autoridades.

–Varias de las escenas en tu libro parten desde la desesperanza…

–Lo que sucedía es que desde el proceso de madurez del personaje, tenía que surgir desde abajo. Evidentemente, para adquirir su independencia, tenía que en algún momento de su vida pasar por trabajos que no le iban a agradar. Esto es por el carácter picaresco de la primera novela. Fuera de eso me parece que se tocan otros ambientes y sobre todo se aligera el tema de la violencia con el humor.

–¿Es más fácil escribir desde el dolor?

–Pienso que es más fácil escribir desde el hambre de hacer las cosas bien, de no defraudar a tus lectores. Creo que eso nos motiva, el hecho de que cada nuevo libro es como si fuera el primero y siempre con ganas de mejorar. Desde ahí uno escribe. Al menos desde mi punto de vista nunca ha sido algo catártico, sino un deseo de perfección, de salir del agujero en el que nos encontramos.

–El género ha sido considerado un género menor. ¿Tú crees que dejó de serlo?

–Sí, pero no gracias a mí. Hubo una generación anterior a la mía, con personajes como Paco Taibo, Rafael Bernal, Élmer Mendoza, quienes pavimentaron el camino para quienes llegamos después, de tal manera que ahora… Por ejemplo, hace poco obtuve el Premio Bellas Artes de novela por un libro western, de apaches y vaqueros, y duelos en el atardecer, ambientado en el norte de México, algo que parecía impensable antes. Estos pioneros pavimentaron esta expresión artística, a tal grado que para los que llegamos después la tenemos más fácil para vivir de ello.

-¿Qué obstáculos has tenido que enfrentar en la industria editorial?

–No ha sido nada dramático. Al contrario. No había tantas historias. Sólo Élmer Mendoza estaba haciendo policial. Taibo estaba más dedicado a la novela histórica. Rafael Bernal ya no estaba. Había un interés del público por consumir la literatura ligada a la violencia y se me dio muy fácil publicar. Eso fue hace 10 años. Yo trabajaba en fábricas. Soy ingeniero en electrónica. Mandé un manuscrito y fue publicado. Ahora yo creo que no es tan sencillo porque hay una proliferación de este tipo de literatura. Malasuerte trascendía cualquier tipo de coyuntura, por eso lo traigo en esta versión conmemorativa.

Hilario Peña. Foto: Cri Rodríguez, SinEmbargo.

–¿Cómo un ingeniero en electrónica se convierte en escritor?

–Realmente nunca fue algo planificado. Lo que quería era hacer el libro que yo estaba buscando, ese que no estaba en ningún anaquel o librería. Eso que parecía tan obvio, un detective resolviendo casos. Eso me hizo abalanzarme sobre el proyecto. Luego llegaron otros que me hicieron imposible mantener ambas profesiones. no fue planificado. Atendí un llamado que sentí.

–¿Para recrear un lugar es necesario estar en ese lugar?

–Sin duda. Sin embargo, es más importante estarte preguntando una serie de cosas. El olor, la temperatura… Jamás dejar algo que te parece importante a la imaginación del lector. Es muy sencillo resultar complicado, y es muy difícil resultar comprensible. Trato que el lector siempre tenga claro lo que ocurre en la historia. Mi única prioridad es que no quede nada difuso. Ese es el tipo de literatura en el que creo.

–Hace poco hablamos con Francisco Haghenbeck. Él decía que los escritores no pueden darle la espalda al México filoso, al peligroso. ¿Qué opinas?

–Es algo que considero importante. Si bien mi prioridad es construir una historia universal, con un personaje como Malasuerte, al mismo tiempo creo que no podemos despojar la identidad de una obra. Es un engaño decir que esta novela podría ocurrir en cualquier lado… No, esta es una novela mexicana, ambientada en Tijuana. Por lo mismo, no será ajena a lo que ocurre en México y Tijuana. Hay personas que le dan la espalda a eso y lo respeto, pero es como una especie de engaño.

–¿Cuál es tu opinión sobre el México de hoy?

–Estamos en una fase de prueba. Lamento que de pronto algunos mecanismo del Estado podrían estar dando la impresión de que amenazan la libertad de expresión. Eso me parece preocupante. Pero le sigo dando el beneficio de la duda al Gobierno. Sigo esperanzado en que haya una oferta de reconciliación.

–Recomiéndanos libros.

–Hay muchos autores haciendo cosas interesantes. Están Manuel Canellada, Francisco Haghenbeck, Bernardo Fernández. Hay un chavo que está sonando duro: Rony Medellín. Iván Farías. Creo que el género policial goza de muy buena salud. Hay escritores consagrados como Élmer Mendoza y Martín Solares, y nuevas voces como Darío Zalapa y el mismo Rony Medellín.