Para contrarrestar los efectos de la falsa información y las teorías de conspiración en torno a las vacunas de COVID-19, los investigadores recomiendan que se exploren métodos tradicionales de comunicación de riesgos y la participación de la comunidad para rastrear y verificar la información.

Madrid, 15 de mayo (EuropaPress).- Más de 103 millones de personas en todo el mundo les gustó, compartió, retuiteó o reaccionó con un emoji a la información errónea y las teorías de conspiración sobre las vacunas COVID-19, según una investigación llevada a cabo por investigadores de la Universidad de Nueva Gales del Sur (Australia) y que ha sido publicada en la revista científica Plos One.

Asimismo, en 2020, una publicación en las redes sociales que afirmaba que “una nueva vacuna para COVID-19 alterará el ADN de una persona y hará que se modifique genéticamente” circuló en las cuentas de Facebook en Australia. Hasta el 21 de agosto de 2020, esta afirmación falsa había atraído 360 acciones y fue vista 32 mil veces.

Es motivo de preocupación la ausencia de información basada en hechos para contrarrestar la circulación de estas teorías y rumores de conspiración en múltiples plataformas de redes sociales, lo que tiene el potencial de ser malinterpretado como información creíble. Además, el estudio identificó numerosos rumores y teorías de conspiración que podrían afectar negativamente la confianza del público en las vacunas COVID-19 y la voluntad de recibir la vacuna.

Una encuesta nacional realizada entre adultos estadounidenses en septiembre de 2020 sobre la voluntad de recibir la vacuna COVID-19 encontró una disminución del 21 por ciento, en comparación con otra encuesta nacional realizada en mayo de 2020 entre grupos similares.

Esta disminución podría atribuirse a la exposición a información errónea sobre la vacuna COVID-19 en las redes sociales. En otro estudio realizado entre adultos australianos, el 24 por ciento no estaba seguro o no estaba dispuesto a aceptar una vacuna COVID-19. Al 89 por ciento de estas personas les preocupaba la eficacia y seguridad de la vacuna, y el 27 por ciento no creía que fuera necesaria una vacuna COVID-19.

La teoría de la conspiración más popular que circulaba en línea era la afirmación de que la vacuna COVID-19 podría monitorear la población humana y apoderarse del mundo. Una teoría propuso que la vacuna COVID-19 contendría un microchip a través del cual se podrían recopilar datos biométricos, y las grandes empresas podrían enviar señales a los chips utilizando redes 5G, controlando así a la humanidad.

Para contrarrestar la información errónea y las teorías de conspiración en torno a las vacunas COVID-19, los investigadores sugieren que se exploren los métodos tradicionales de comunicación de riesgos y la participación de la comunidad para rastrear y verificar la información errónea como formas de inmunizar a las personas contra la información errónea, evitando así posibles interrupciones del programa de vacunas.