El lápiz es catalogado como la cuarta herramienta más importante en la historia humana, solo por debajo del cuchillo, el ábaco y el compás.

Por Eva San Martín

España, 15 de diciembre (ElDiario.es).– Si aún escribes a mano, no eres un bicho raro. La pregunta que nos hacemos es si podemos redactar la lista de la compra, tomar apuntes o escribir un diario a mano de un modo más amable con el planeta. ¿Resulta más sostenible usar un lápiz o un bolígrafo?

EL LÁPIZ: CORTA ÁRBOLES, PERO DURA MÁS

El lápiz fue escogido por la revista Forbes como la cuarta herramienta más importante de la historia humana, tras el cuchillo, el ábaco y el compás. Resulta un invento sencillo pero genial: una mina de grafito recubierta en madera (ahora más bien se trata de dos mitades pegadas) y pintada. Un objeto cuyos orígenes se suelen remontar al 1564, en Inglaterra, y cuya primera producción en masa se produjo un siglo después, en Alemania.

Aunque Alemania sigue siendo uno los grandes productores mundiales (el segundo), hoy el 44 por ciento de los lápices que gastamos proceden de China y están hechos con madera de tilo. El país asiático también es el mayor productor global de grafito, un tipo de carbono que mezclado con una pasta de arcilla crea la mina del lápiz: todas las extracciones mineras tienen un impacto sobre el medio ambiente, pero la minería del grafito no se sitúa entre las peores.

Aunque la mayor virtud del lápiz seguramente resida en que no utiliza plástico y, con el tiempo, nuestras virutas de madera pueden usarse para crear composta, la pero es que se necesita cortar árboles para crear el lápiz. Hará falta talar un árbol maduro para fabricar unas 170 mil unidades, dice el sector. Si bien este daño podemos reducirlo si los escogemos fabricados con madera de bosques sostenibles certificados o buscamos un lápiz de material reciclado.

Lo bueno: si no lo perdemos antes, el lápiz puede acompañarnos mucho tiempo, ya que permite trazar una línea recta de 56 kilómetros y escribir hasta 45 mil palabras. Una tarea en la que gana a la pluma, que solo te aguantará tres kilómetros. Así, por cada lápiz terminado, necesitarías 18 bolígrafos para escribir la misma cantidad de palabras.

EL BOLÍGRAFO: PLÁSTICO Y METALES

Aunque un bolígrafo típico escribirá seis mil 207 firmas o 169 páginas del diario, según un estudio realizado en Reino Unido, una vez terminada su vida útil será fácil de reciclar. Foto: Pixabay.

Por su parte, el bolígrafo no existiría sin el plástico. De hecho, una pluma típica incluye dos tipos. Por un lado, la cubierta suele fabricarse con poliestireno, un material que, una vez tratado, permite distinguir el interior y controlar cuánta tinta nos queda. El problema es que este material no resulta tan sencillo de reciclar como el plástico PET.

Además, durante su producción, libera clorofluorocarbonos (CFC) a la atmósfera, unas moléculas que contribuyen hasta  mil 200 veces más al efecto invernadero que el dióxido de carbono. Así, si nos preocupa el cambio climático, la pluma no parece el mejor aliado. Sin embargo, tanto la capucha como el tubo de tinta está hechos de polipropileno, un plástico más resistente y también más sencillo de reciclar, aunque durante su fabricación también libera CO2 a la atmósfera.

Además, el bolígrafo necesita una punta, normalmente hecha de latón, o una bolita de carburo de wolframio revestida con latón o acero, que en contacto con el papel dosifica la salida de tinta. Resulta que el latón es una aleación de cobre y cinc, y las minas de cobre pueden implicar un daño ambiental importante: su minería a cielo abierto deja vertidos ácidos en el ecosistema, que acaban dañando los acuíferos, ríos, lagunas y océanos.

Aunque un bolígrafo típico escribirá  seis mil 207 firmas, cinco mil 114 números de teléfono, 971 tarjetas navideñas o 169 páginas del diario, según un estudio realizado en Reino Unido, una vez terminada su vida útil, no resulta tan fácil de reciclar como parece. Y todo esto suponiendo que no lo perdamos antes.

El problema es que sin separar el plástico del metal, la pluma resulta difícilmente recuperable. Chocante, lo sabemos. Así, si tiramos la pluma al cubo amarillo, en la planta de reciclaje lo separarán porque no pueden tratarlo como si fuera un envase. Y, si nadie lo evita, nuestro sufrido instrumento tiene muchas posibilidades de acabar en el vertedero.

La solución para que pueda ser reciclado es llevarlo a un punto de recogida específico, como los que conforman la red Terracycle, una iniciativa que colabora con la marca fabricante Bic. En su sitio web tienen un mapa para localizar el contenedor más cercano a tu casa.

Existe, no obstante, una alternativa más sostenible: hacernos con un bolígrafo recargable que podemos rellenar cada vez que agotamos la tinta. Incluso los hay fabricados con restos de cosechas de maíz o con papel reutilizado, buenas opciones para sacar el plástico de nuestra vida. Aun así, si usamos lápiz, más duradero (si no lo perdemos antes) en lugar de la pluma, el planeta nos lo agradecerá.

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