El autor realiza la emotiva reconstrucción del universo interno de un hombre y de una época: Benito Juárez y los años de la segunda mitad del siglo XIX en que, a sangre y fuego, México se forjó como nación, como patria, enfrentándose a los restos de su propio pasado y a las potencias europeas. Publica Ediciones Era.

Ciudad de México, 16 de diciembre (SinEmbargo).- ¿Quién es Benito Juárez? Desde 2009, con la novela Juárez, el rostro de piedra (Era), Eduardo Antonio Parra ha estado tratando de responderse a esta pregunta y el resultado es una novela magistral que ahora ha vuelto a reeditarse.

“No incurrió Parra en ninguna de las flaquezas de ese híbrido lamentable que es la biografía novelada, que carece del vigor documental y el respeto por la verdad propios de la biografía a secas y se priva, por pereza mental y ansiedad comercial, de las libertades de la novela”, escribió Christopher Domínguez Michael en Letras Libres.

Para el autor, Benito Juárez “es el patriota que luchó contra Antonio López de Santa Anna, el mandatario triunfante que recuerda sus días de reclusión en el castillo de San Juan de Ulúa y el estratega político que derrotó a Marimón durante la Guerra de Reforma y, unos años después, a Maximiliano de Habsburgo y la intervención de Napoleón III en México, siempre con el apoyo de su esposa Margarita Maza y los liberales de su tiempo, acaso los hombres más brillantes que han existido en el país

Pero también es el hombre enamorado de su propio mito, que no tiene intenciones de abandonar el poder y cada vez se encuentra más solo ante una legión de adversarios que jamás descansa”, declaró Eduardo Antonio Parra a Proceso.

Parra, originario de León, Guanajuato (1965), su Juárez, rostro de piedra glorifica una trayectoria literaria que integra libros de relatos como Los límites de la noche (1996), Tierra de nadie (1999), Nadie los vio salir (2001) y Parábolas del silencio (2006) Cuenta con otra novela, Nostalgia de la sombra (2002) y en el 2000 obtuvo el prestigiado Premio de Cuento Juan Rulfo que otorga Radio-France International. Es también Premio Nacional de cuento Efrén Hernández 2004 y Premio Antonin Artaud 2010 por Sombras detrás de la ventana.

–¿Quién es Juárez?

–Juárez es el político más importante del siglo XIX, Juárez es el único que murió en el poder, sí fue traicionado pero no lo mataron, de alguna manera fue triunfador. Todos nuestros héroes son héroes derrotados, Juárez no. Un verdadero hijo de la chingada cuando lo que se necesitaba en este país era un verdadero hijo de la chingada. Fue el primer presidente que se aferró con uñas y dientes al poder, fue el fundador del presidencialismo mexicano, de alguna manera, Juárez, el que transformó la historia y logró la verdadera independencia de México y fue el que sentó las bases de todo el sistema político que funcionó 100 años después que él.

Pero también es el hombre enamorado de su propio mito, que no tiene intenciones de abandonar el poder y cada vez se encuentra más solo ante una legión de adversarios que jamás descansa. Foto: SinEmbargo

–También era cierto que era indio, pero no era un “pro-indio”

–No creo que haya sido racista, no defendía a los indios pero te voy a decir una cosa, en esa época nadie defendía a los indios. Él pensaba que los indios debían integrarse a la civilización, ahora la posición es totalmente opuesta. Los indios tienen que conservar sus costumbres, es lo que se piensa ahora; pero en esa época se pensaba con el pensamiento positivista: los indios, para progresar, debían integrarse a la civilización, a la vida contemporánea. Cuando Benito Juárez sí le pone una madriza fue con la ley de bienes de manos muertas y de bienes comunales que se llevó todas las propiedades indígenas. Él le quería pegar a la Iglesia, pero se llevó las propiedades indígenas, en una ley rectada por Miguel Lerdo de Tejada. Era la ley Lerdo, en una época que tenían que hacerse esas reformas. No creo que haya sido racista, él estaba pensando en un país unificado.

–En un país “sarmientino”, para nosotros los argentinos: un país más europeo, más “educado”

–Sí, esa era la idea. Siempre lo veías vestido de frac, con sombrero de copa (además, estaba bien chaparro, necesitaba todo eso), con botines, eran las ideas que andaban en el aire. No se puede juzgar a los personajes de otra época con los valores de esta época.

–Sobre todo porque esta época es terrible. No entendemos nada, vuelve el fascismo, vuelve un montón de cosas

–Exacto. Juárez era un tipo muy familiar y antes de casarse con Margarita tenía otra mujer y otros dos hijos y sin embargo los deja de ver. Para mí siempre estuvo claro que al casarse con Margarita era un ascenso de clase y seguir adelante en su carrera política. En una sociedad tan racista como la oaxaqueña, casarse con Margarita le abrió muchas puertas.

–De novelas históricas a novelas policiales, ¿cómo te sientes tú como autor?

–La verdad es que nunca me pongo a pensar lo que voy a escribir. Lo que me brota, lo que me sale, es a lo que obedezco. Hace poco tuvimos un encuentro de escritores en Monterrey, un encuentro de narrativa negra y lo que dije que cuando empecé a escribir cuentos no supe que eran negros. Y me di cuenta hasta que me invitaron a un encuentro de género policial. En la novela lo tenía un poco más claro porque yo quería escribir la historia de un asesino, creo que mientras no me sienta incómodo con lo que hago, todo lo que sale es de manera natural.

–En ese contexto, ¿qué es lo que estás haciendo ahora?

–Estoy haciendo una novela con la violencia actual, pero no es una novela de narcos, es más bien las consecuencias que tiene la violencia en unos personajes de un pueblo. Y estoy haciendo un libro de cuentos un poco con esa temática. Me está interesando contar, en lugar qué es lo que pasa entre los narcos y los sicarios, qué es lo que pasa con la gente, qué consecuencias ha tenido 10 años de violencia en este país.

Una novela magistral sobre un héroe triunfador. Foto: Especial

–Hoy estamos y no sabemos si mañana vamos a estar, es terrible lo que pasa en este país

–Efectivamente. Todavía no sabemos qué es lo que está pasando. Hace 10 años cuando empezó la guerra del Narco, yo decía que al menos ganara alguien, cuando gana alguien todo se tranquiliza. Hay ciudades donde se nota eso, tú vas a Tijuana, alguien ganó y la ciudad está pacificada. Creo que en Sinaloa comienza a pasar eso, lo que necesitamos es eso: un cártel o un capo que domine a todos los demás. No sabemos en qué va a terminar todo esto, el narcotráfico nunca va a acabar. Y si se legalizaran las drogas, el crimen organizado se va a inventar otras cosas: el secuestro, la trata de blancas y la piratería. No hay una salida. Lo que uno esperaría en ese contexto es que alguien tomara la batuta para controlar. Si no se puede eliminar, si no se puede suprimir, que alguien tome el control para que no se salga de los guacales. Pienso en algo como vivíamos en los ’90, sabíamos qué existía todo el crimen organizado, pero no afectaba tanto a la sociedad en general.

–Hoy la delincuencia está descontrolada, por 5000 pesos matas a cualquier ser humano

–Se dieron cuenta de que la vida humana es muy barata. Yo recuerdo que hace 10 años fui a Ciudad Juárez a hacer una crónica y me decían que ya estaba el asesinato en 80 dólares. Se está devaluando muchísimo la vida y ahora cualquiera te puede robar incluso matar. No sé si la solución sea andar armado, volver al Salvaje Oeste.

–Élmer Mendoza decía tener “una mano más fuerte”

–Pero cuando hablan de mano dura, de un ejército o policía más fuertes, la gente no quiere eso. Cuando Calderón sacó al ejército a las calles, todo el mundo se quejaba de eso, yo decía que necesitábamos a un Porfirio Díaz y todo el mundo me decía que estaba loco, qué cómo se me ocurría. Pero si uno ve la historia, ve que Porfirio pacificó el país con mano dura.

–¿Cómo ves a la literatura mexicana: el kindle no mató al papel?

–No, claro que no. El placer de abrir un libro, de olerlo, es intransferible. Yo necesito además rayar los libros, comentarlos, hacer notas, enojarme y todo eso. Sí tuve miedo un poquito, pero siempre pensé que el libro electrónico no iba a matar al libro de papel. Ya está bajando mucho más de ventas, incluso en los Estados Unidos, que subió muchísimo ya empezó a bajar. La literatura mexicana goza de muy buena salud. Me gusta Fernanda Melchor, me gusta Darío Zalapa, que hizo una novela buenísima. Esto no se acaba nunca.