Su literatura, y eso se puede ver en El edificio de piedra, está lejos de consignas políticas y de una escritura explícitamente comprometida. Su tono es intimista. Sin embargo, el trasfondo político está ahí de una manera más o menos sutil.

Por Rodrigo Zuleta

Berlín, 17 mar (EFE).- La obra de Asli Erdogan, una escritora que desafió el régimen turco, lo que le costó incluso su paso por la cárcel, desembarca en España con la publicación de su libro El edificio de piedra, una novela en la que se entretejen diversas historias y monólogos.

El libro sale este miércoles a las librerías, traducido por Rafael Carpintero -que también ha traducido al Premio Nobel de Literatura Orhan Pamuk- y en una edición de la editorial Armaenia.

Erdogan vive actualmente en el exilio en Berlín y Efe habló con ella tanto sobre El edificio de piedra como sobre su trayectoria literaria y la relevancia política que ha alcanzado su figura que, sin embargo, es algo ante lo que parece tener sensaciones ambiguas.

“No soy una activista política. Todo lo que he hecho ha sido escribir columnas por las que estuve en la cárcel pero hay miles y miles de personas que han tenido en Turquía un papel más heroico en la resistencia que el de Asli Erdogan, no es justo con ellos verme como heroína”, dijo.

“Cuando tengo oportunidad de hablar de lo que ocurre en Turquía lo hago pero soy una escritora. Nunca he militado en ninguna organización política. Mi escritura está lejos de los lemas políticos, lo que me interesa el destino de los seres humanos”, agregó.

La escritura turca rechaza también que se diga que ha sido periodista. “He escrito columnas, que es otra cosa, algo que creo que han hecho todos los escritores en Turquía para sobrevivir, tal vez con la excepción de Orhan Pamuk”, dice.

DE LA FÍSICA A LA LITERATURA

Erdogan, nacida en 1967, estudió física y trabajo en el Centro Europeo de Física de Partículas (CERN) pero desde 1999 su actividad central es la literatura.

“Fue un camino largo, ya cuando niña aunque no pensaba que quería ser escritora, quería escribir. Mi primer poema fue publicado cuando tenía 10 años. Lo hizo publicar mi abuela creyendo que me iba a dar una alegría y a mí me pareció un desastre”, explicó.

Mucho más tarde, a los 23 años, escribió cuentos, los mandó a concursos y ganó. Cuando trabajaba en el CERN escribía por las noches.

“Trabajaba doce horas diarias y luego me ponía a escribir. Escribía para sobrevivir interiormente”, dijo.

Su literatura, y eso se puede ver en El edificio de piedra, está lejos de consignas políticas y de una escritura explícitamente comprometida. Su tono es intimista. Sin embargo, el trasfondo político está ahí de una manera más o menos sutil.

“En el fondo todo es político. Usted dice él o ella y está haciendo una declaración política. Si escribe la historia de una mujer que está en la cárcel por ser mujer está escribiendo una historia política”, dijo.

ENTRE LA POLÍTICA Y EL LIRISMO

En “El edificio de piedra” hay historias y destinos que tienen una dimensión política. Mujeres exiliadas que han estado presas y torturadas. Una mujer que extraña a su marido que está en la cárcel. El mismo edificio de piedra, que al comienzo es una estación de policía y luego parece convertirse en una cárcel enorme.

Sin embargo, al final el edificio de piedra es otra cosa, es algo así como “una metáfora de la memoria”, según Erdogan.

“Es una metáfora de la memoria, la mujer busca a través del edificio y al final encuentra una sala vacía que es su propia historia. Es también la metáfora de un trauma, la vida entera es un trauma”, dice.

También hay un ángel torturado y muerto en el edificio, le han cortado las alas, y el texto a medida que avanza se va volviendo más simbólico y más fantástico.

Erdogan admitió que en partes de su libro puede haber ecos de Kafka, un escritor que le ha acompañado desde que lo leyó a los 16 años.

“Hay dos escritores que me han marcado desde que los leí a los 16 año,s que son Kafka y Dostoievski. Después he tenido otras influencias como Nabokov o Clarice Lispector pero ellos fueron claves. No me cambiaron como escritora sino como persona”, explicó.

“A veces escribo una frase y creo que es mía y luego me doy cuenta de que estoy citando a Dostoievski o a Kafka. Eso muestra como los he interiorizado”, explicó.