Dicho con el debido respeto, que conste, pero contrariamente a los que los seguidores de Andrés Manuel López Obrador festinan como un triunfo y que algunos analistas nacionales y medios extranjeros consideran como un sólido avance que lo coloca entre los virtuales candidatos presidenciales “con posibilidades”, los resultados de las elecciones intermedias del pasado 7 de junio muestran una muy limitada presencia electoral del tabasqueño en el país y, por ende, una prácticamente nula oportunidad de victoria para el 2018.

En efecto, dos publicaciones británicas de gran prestigio, The Financial Times y The Economist, consideraron a raíz del reciente resultado electoral, que Andrés Manuel López Obrador y Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, “están vivos”. O, más bien, “son los aventajados para las presidenciales de 2018, luego de sus respectivos triunfos: uno, colocando a Morena en la escena nacional; el otro, ganándole a todos los partidos desde el hartazgo de la gente, sin dinero y sin grandes plataformas”. The Economist fue más lejos al argumentar que en las elecciones del Congreso, el PRI, del Presidente Enrique Peña Nieto, así como PRD y PAN, perdieron peso en votos aunque ganaron suficientes escaños. “Un nuevo partido de izquierda, Morena, recogió el ocho por ciento de los votos; y “el líder-insignia, Andrés Manuel López Obrador, ahora se convierte en un principal contendiente a la presidencia en 2018”.

La verdad es que esos medios, y no pocos analistas, leyeron mal los resultados (independientemente de que ya El Bronco declaró que no buscará la Presidencia de la República porque deberá atender su compromiso de seis años con Nuevo León, donde literalmente arrasó como candidato independiente). Fuera del Distrito Federal, donde la irrupción de Morena fue francamente espectacular (al ganar cinco delegaciones y la mayoría en la Asamblea Legislativa), la votación del flamante partido se concentró en otro par de entidades del centro de la República y nada más. El número de votos que suma Morena en el DF (703 mil 405), Estado de México (534 mil 988) y Veracruz (296 mil 256), representa justo la mitad del total de tres millones 346 mil 346 votos que obtuvo a nivel nacional. Estamos claramente, en efecto, ante un es-pejismo electoral.

Morena obtuvo, básicamente a costa del Partido de la Revolución Democrática (PRD), 14 diputaciones federales de mayoría, pero 11 de ellas corresponden a distritos de la capital del país. De las 273 restantes que se disputaron en el país, únicamente conquistó tres: dos en Veracruz (Xalapa y Coatzacoalcos) y una en el Estado de México (Texcoco, donde también ganó la presidencia municipal). Sólo en 10 estados del país y en el DF obtuvo arriba del 10 por ciento de la votación. En Jalisco, Colima y Nuevo León, entre otros, no superó el tres por ciento. Ya con los diputados plurinominales que le corresponden por su votación equivalente al 8.39 por ciento del total, Morena será la quinta fuerza política federal, con 35 curules en San Lázaro, por debajo de las bancadas del PRI (203 diputados), PAN (108), PRD (56) y Partido Verde (47). Nada como para presumir.

Las estadísticas muestran, por otra parte, que desde que hay competencia electoral en México se observa que quien gana la Presidencia de la República gana necesariamente la votación en nueve estados “clave” en la República: Aguascalientes, Baja California, Coahuila, Colima, Chihuahua, Querétaro, San Luis Potosí, Sonora y Yucatán.En los tres últimos procesos presidenciales, los candidatos Vicente Fox (2000) y Felipe Calderón (2006), del Partido Acción Nacional (PAN) y Enrique Peña Nieto (2012), del Partido Revolucionario Institucional (PRI) ganaron esos nueve estados.

Del desglose presentado en Excélsior por Pascal Beltrán del Río al respecto, se desprende que en todas esas entidades, Morena quedó del cuarto lugar para abajo: En Aguascalientes, logró apenas el 5.25 por ciento; en Baja California,el 12.9; en Coahuila, el 5.08; en Colima, el 2.03; en Chihuahua, el 6.36;en Querétaro, el 5.49; en San Luis Potosí, el 4.05; en Sonora,el 3.71, y en Yucatán, el 3.54.

Que me perdonen los pejistas, pero ni siquiera en Tabasco, su tierra natal, obtuvo López Obrador con su partido algún triunfo en la elección de diputados federales, mientras su expartido, el PRD, que obtuvo el 11 por ciento de la votación nacional, ganó cuatro de los seis distritos federales tabasqueños en disputa. Es francamente muy aventurado afirmar que desde la “cabeza de playa” conquistada por Morena en el DF, como ha vaticinado alguien, se vislumbre en tres años un crecimiento milagroso que abrace a todo el país.

El alegato de que la participación de Morena en la pasada contienda representa su debut electoral, por lo que los resultados alcanzados son altamente meritorios para un partido “nuevo”, resulta absolutamente falaz, dicho a riesgo de la reacción de sus seguidores más radicales, a quienes suele caracterizar la intolerancia: Morena es AMLO y AMLO lleva más de 15 años como figura pública, ha sido jefe de Gobierno del DF (2000-2006) y dos veces candidato a la Presidencia de la República (2006 y 2012). ¿Nuevo? Por si fuera poco, en la reciente campaña electoral, asumió con un protagonismo absoluto la imagen del partido que recibió registro oficial en julio de 2014. Primero en la precampaña y luego en los 342 mil 500 spots que Morena difundió durante los 60 días de campaña a través de los tiempos oficiales de dos mil 500 estaciones de radio y televisión a lo largo y ancho del país, él y sólo él fue el protagonista de los mensajes, la imagen y la voz. Adicionalmente, el descalabro electoral que sufrió este 7 de junio representa un revés muy costoso a su línea de oposición a las reformas del presidente Peña Nieto, particularmente la reforma energética, que no encontró respaldo popular.

Lo más grave para las aspiraciones sempiternas del Peje es que su nivel de conocimiento público en el país está prácticamente a tope. Aun antes de la reciente campaña de Morena en medios era el segundo personaje político más identificado en el país (93.5 por ciento), después de Peña Nieto, según encuesta BGC-Excélsior. Es decir, sus posibilidades de “crecer” ante un electorado potencial de 85 millones de mexicanos están tácitamente canceladas. Por lo demás, y en cambio, sufre un natural, inevitable desgaste, que se refleja también en la estadística. López Obrador obtuvo en 2006, como candidato presidencial del PRD y sus aliados, el 35.33 por ciento de los votos válidos. En 2012, bajó a 31.59 por ciento. Serán seguramente muchos menos los votantes que respalden por tercera vez su testarudo masoquismo ante los sucesivos fraudes electorales que dice haber padecido.

Algo similar le ocurrió a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, que luego de participar como candidato en las elecciones presidenciales de 1988 y 1994, acabó mendigando el voto en sus recorridos por el país en el año 2000 con cada vez menor capacidad de convocatoria, hasta el extremo de celebrar mítines pueblerinos ante una docena de asoleados asistentes…“y un perro flaco y roñoso”, según recuerdan algunos reporteros que cubrieron su tercera y última campaña.Válgame.

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