Luchadora durante tres décadas por los derechos de los trabajadores textileros, una de las dirigentes de la Asociación Costureras y Costureros 19 de Septiembre, María Teresa Uribe, de 80 años de edad y con la reminiscencia de los sismos de 1985, hace un funesto augurio. Es probable que el derrumbe de la fábrica de telas en la colonia Obrera vuelva a revelar el caos del gremio, los precarios derechos laborales y la misma pobreza de antes de los obreros de la aguja y el hilo. Como si 32 años hubieran pasado en vano.

Esta noche, lo que urge en la zona que el sismo volvió a derruir son vacunas contra el tétanos, voluntarios para el relevo en la madrugada, comida para los perros rescatistas y especialista que operen el equipo de sonido que sirve para hacer contacto con la gente que está bajo escombros.

Ciudad de México, 21 de septiembre (SinEmbargo).- Las horas pasan sin que en la esquina de Bolívar y Chimalpopoca se conozca quiénes están entre los escombros. Ni cuántos son. Pueden ser decenas. O cientos. Lo cierto es que en esta esquina de la antigua colonia Obrera la tragedia despunta y aparenta, cada vez, ser más grave.

La misma costurera María Teresa Uribe, de 80 años de edad, luchadora sindical después de los sismos de 1985, reclama la anarquía de información, la ausencia de registros, la falta de organización entre las autoridades y los ciudadanos.

Fundadora del Sindicato 19 de Septiembre, hoy transformado en la Asociación Civil Costureras y Costureros 19 de Septiembre, señala que las costureras víctimas de 1985 no han sido contadas en su totalidad. “Aún no hay censo”, exclama. Y el dato lo ofrece como el argumento más claro de los que posee para indicar que el derrumbe en la colonia Obrera volverá a revelar el caos del gremio y la misma pobreza de antes. Como si 32 años hubieran pasado en vano.

“En nuestro tiempo el sindicato era blanco. Totalmente espurio. Y hoy … Casi puedo suponer que estamos en las mismas condiciones”, dice la mujer que en los últimos años fue la más cercana a la emblemática Guadalupe Conde, en cuya persona está basado el monumento a la Costurera y quien falleció el año pasado.

Y advierte que ante la anarquía de información puede preverse que la escena se repita. “Existen fotografías de donde estaban los ataúdes de 1985. Cadáveres que no fueron reclamados. Así los contamos. Pero no terminamos. No hemos terminado”.

La devastación en la fábrica de textiles. Foto: Cuartoscuro

Civiles luchando por el rescate de las costureras. Foto: Cuartoscuro

De por qué se cayeron las fábricas de costureras como casas de muñecas mal armadas en 1985, los estudios han arrojado muchas razones. Una es que no fueron construidas para soportar maquinaria pesada, ni montones de mercancía. Y muchos de esos talleres eran clandestinos sin que los regulara nada. Pero ahora, ¿qué pudo haber pasado en Chimalpopoca y Bolívar?

Teresa Uribe exclama: “Los grandes señorones tienen sus monumentos. ¿Qué dicen los monumentos de los empresarios? Hay que revisar sus leyendas y compararlas como viven las costureras. ¿Salarios dignos? ¿Son salarios remunerativos? Pues no”.

El Sindicato Nacional de Trabajadoras de la Industria de la Costura, Confección, Vestido, Similares y Conexos 19 de Septiembre, que tuvo origen apenas un mes después del terremoto, fue disuelto por falta de agremiados en 2006. Algunas costureras formaron en su sitio una asociación civil que brinda talleres, tanto de confección como de derecho laboral. Otras decidieron rehacer al sindicato y consiguieron una nueva toma de nota por parte de la Secretaría de Trabajo y Previsión Social y lo integraron en el Frente Auténtico del Trabajo (FAT).

Ni la asociación ni el sindicato están presentes en el derrumbe de la fábrica de textiles que apenas hace 48 horas se desvaneció. Por ahora, las manos escarban y en los botes vienen rollos de tela, varillas rotas, televisiones. La maquinaria saca bloques de concreto, paredes. En el aire, de repente, surgen bolitas de unicel.

SinEmbargo pudo indagar en registros del edificio y encontró que en el cuarto piso estaba la bodega New Fashion del empresario de origen israelí, Jaime Azkenazi. En el tercero, se maquilaba ropa femenina y el dueño es José Lee. Un piso abajo, estaba la bodega de juguetes ABC Toys, operada por coreanos.

Silencio, la señal de esperanza en medio de la crisis. Foto: Xinhua

Dos días de trabajo en busca de vida entre los restos de concreto. Foto: Xinhua

LA BÚSQUEDA SIGUE…

El rescate de las costureras del Centro Histórico avanza esta noche ayudado por la ausencia de lluvia en esta zona.

Las calles aledañas aún están llenas de tierra y piedras. Pero sobre ellas hay cientos de voluntarios y miembros del Ejército recogen los restos de los edificios y al mismo tiempo, personas repartiendo comida y agua.

Los rescatistas realizan acciones de soldadura sobre lo que queda de algo que no parece haber sido antes un edificio.

Aquí todo es apresurado, se piden palos de madera y llegan de inmediato y al igual que los extintores, están al primer grito.

La gente augura que los camiones que se llevan el cascajo, en poco tiempo, empezarán a hacer falta. Lo que sí ya es urgente son vacunas contra el tétanos y sobre todo voluntarios para el relevo en la madrugada, comida para los perros rescatistas y el equipo de sonido que sirve para hacer contacto con la gente que está bajo escombros no tiene quién lo opere.

Las horas pasan para las costureras y civiles y autoridades luchan contra el tiempo. Foto: Daniela Barragán, SinEmbargo

Urgen manos que laboren en la madrugada. Foto: Daniela Barragán, SinEmbargo

-Con información de Daniela Barragán