Germán Larrea, dueño de Grupo México. Foto: Cuartoscuro

Washington, D.C.– Grupo México, propiedad de Germán Larrea, no limita sus actos delictivos a México. En Estados Unidos, Asarco, filial de Grupo México, tiene un historial tan tóxico como la basura que sus minas derraman en nuestros ríos y mares. La gran diferencia está en que mientras en México Larrea es intocable, en Estados Unidos Grupo México ha sido castigado con todo el rigor de la ley. En las últimas dos décadas, minas de Larrea han tenido que cerrar y pagar multas récord por incumplimiento de leyes contra la polución. En 2013, en un acto sin precedente, las autoridades demolieron dos chimeneas de Asarco en El Paso tras dejar una secuela de muertes y enfermedades por intoxicación.

Entre 1992 y 1997, la hoy clausurada mina de Larrea en El Paso quemó secretamente residuos venenosos que provocaron la muerte de casi la mitad de la planta laboral en ese período. En Copper Stain, publicado en enero pasado, las investigadoras Elaine Hampton y Cynthia C. Ontiveros, dan voz a más de 100 trabajadores méxico-americanos que padecieron enfermedades graves tras su paso por Asarco en ese periodo. Docenas murieron. Otros tantos enfermaron de cáncer.

En 1999, Asarco, fundada en 1888, cerró sus operaciones en El Paso después de que las autoridades, presionadas por la comunidad y autoridades locales, le revocaron el permiso de emisión atmosférica. Larrea intentó renovarlo, pero la Agencia para la Protección del Medio Ambiente (EPA) dijo no.

El sábado 13 de abril de 2013, alrededor de las 6:55 a.m., las dos chimeneas de la mina, con el nombre de “ASARCO” en letras rojas, fueron demolidas con explosivos, poniendo fin a una larga historia de choques entre los habitantes de colonias aledañas y la empresa vuelta símbolo de impunidad. Fue un logro icónico en la lucha social por la justicia ambiental.

Tal era la prepotencia de Asarco que cuando soplaba el viento hacia el sur, elevaba la producción para poder desviar intencionalmente la emisión de gases hacia México. La polución viciaba la atmósfera hasta extremos alarmantes para la salud pública. Dado que la afectación era en el lado mexicano, Grupo México sabía que gozaba de plena impunidad para hacer lo que le diera la gana. En Ciudad Juárez, en donde las autoridades estadounidenses no tienen jurisdicción, la gente respiró aire con dióxido de azufre. Habitantes en el lado mexicano, a 800 metros de la fundidora en El Paso, se quejaron de irritación de la piel, alergias y asma.

Una investigación del Centro para el Control de Enfermedades de Estados Unidos descubrió que la mitad de los niños que vivían dentro del perímetro de la fundidora tenían niveles de plomo en la sangra cuatro veces mayor a lo normal. Un estudio espejo en Ciudad Juárez encontró niveles de plomo similares en niños mexicanos. Fue después de esos descubrimientos que Asarco fue forzada a dejar de fundir plomo en El Paso.

En 2005, Asarco se declaró en bancarrota para tratar de blindarse contra acusaciones de polución ocurrido antes de que Larrea comprara la totalidad de la mina. Pero no le salió el truco. No pudo eludir la justicia sin arriesgar perder a Asarco a potenciales clientes ansiosos de comprarla en tiempos en que el precio del cobre se había disparado.

Después de años de litigios, en los que la empresa estuvo representada por la firma de abogados Baker Botts, Asarco llegó a un acuerdo histórico con el gobierno de Barack Obama en diciembre de 2009. Aceptó pagar a la EPA la suma récord de 1.79 mil millones de dólares para saldar cuentas de polución pendientes en 19 estados, incluidos Arizona, California, Nuevo México y Texas. Con la multa, se crearon tres fondos para cubrir costos de limpieza y restauración de recursos naturales en más de 80 lugares contaminados (Departamento de Justicia 10/12/2010).

En la actualidad, Grupo México tiene tres minas en Estados Unidos bajo la mira de la EPA. En 2013, la EPA multó a la fundidora de Asarco en Hayden, Arizona por el uso de edificios contaminados y el desecho inapropiado de residuos tóxicos (Cooper Stain). Dos años después, tras descubrirse que la mina en Hayden estaba violando leyes federales, Asarco se comprometió a invertir 150 millones de dólares en nuevas tecnologías y equipo para reducir emisiones de tóxicos como arsénico, plomo y cobre (EPA 03/11/2015).

Mientras, en México, Larrea se ha negado a responsabilizarse económicamente por la limpieza y reparación de daños por el desastre ambiental en los ríos de Sonora, el peor en la historia. El segundo hombre más rico de México tiene las manos manchadas de sangre color cobre.

La semana pasada, más de 400 ONG y personalidades, exigieron a AMLO frenar a Grupo México y poner fin a la impunidad de su dueño. El detonador fue el reciente derrame en Guaymas. López Obrador se ha limitado a pasarle la bolita a la Semarnat. No está deseoso de moverle el tapete a Larrea con quien parece tener un pacto de no agresión.

Si el gobierno no quiere ser cómplice por omisión de la destrucción de bosques, corredores biológicos, ecosistemas y fuentes de agua, debe cerrar de inmediato la mina Buena Vista de Cananea. Es hora de pasar de promesas vacías a la acción. AMLO debe mostrar con hechos que “nadie ni nada por encima de la ley”. ¿O sólo es cliché para consumo mañanero?

Twitter: @DoliaEstevez