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Óscar Naranjo y el entonces candidato a la Presidencia de México, Enrique Peña Nieto. Foto: Cuartoscuro

Ciudad de México, 30 de enero (SinEmbargo).– El general Óscar Naranjo Trujillo, ex asesor de Seguridad del Presidente Enrique Peña Nieto, afirmó que desde su llegada al equipo del entonces candidato priista a la Presidencia –hace casi dos años– advirtió que “el desafío más grande para México era contener una indignación ciudadana que podía transformarse en una indignación armada para defenderse frente a una cierta incapacidad del Estado para proteger a los ciudadanos”.

En una entrevista con el diario El País, el militar colombiano –quien concluyó el pasado 27 de enero una colaboración de 19 meses con Peña Nieto, desde que éste era Presidente electo del país– insistió en que el reto para México es “el dramático nivel de impunidad en los homicidios, de tal manera que quien mata a alguien realmente siente que no va a pasar nada con él y puede seguir haciéndolo”.

Naranjo Trujillo se incorporó el 29 de enero pasado al equipo del Presidente de Colombia, Juan Manuel Santos Calderón, quien se prepara para su reelección, e incluso ayer se “destapó” como probable aspirante a la Vicepresidencia de ese país sudamericano de la mano de Santos Calderón.

Entrevistado por el periodista Salvador Camarena para el diario español, Naranjo Trujillo se defendió de las acusaciones en México que le cuestionan la falta de efectividad de sus recomendaciones para contener fenómenos como el crecimiento de las autodefensas: “Yo no le he costado un peso al erario público”, afirmó. “En cuanto a alas autodefensas, resulta muy contradictorio (el señalamiento en su contra) porque basta retomar lo que fue mi posición pública, desde el primer momento en que llegué, señalando que el reto y el desafío más grande para México” era contener a los ciudadanos indignados.

“¿Cuál fue su aportación y qué balance deja de esta experiencia como asesor”, el preguntó el periodista mexicano.

“Yo me aproximo a esta respuesta primero, ratificando el respeto que como extranjero debo tener por la institucionalidad mexicana y por las reglas que rigen el país, donde es claro que un extranjero obra con limitaciones para participar, para tener opinión política sobre procesos que son internos de este país; segundo, me aproximo con humildad para reconocer que siempre la figura de un asesor es una que deja dudas sobre el real impacto que pudo producir, máxime en el tema de la seguridad donde, durante este año y medio, me tocó hacer mucha pedagogía para explicarle a los ciudadanos en México que yo no era un asesor en materia de estrategias, de implementación de operaciones, que no estaba inmerso bajo controles operacionales jerárquicos de las instituciones mexicanas y que era simplemente una voz que debería producir unos niveles de reflexión y una capacidad de inspiración para México. Al final las soluciones las construyen los mexicanos, un asesor externo no construye decisiones, abre puertas para que se exploren caminos para llegar a las soluciones. En ese sentido digo, con humildad, que creo que mis reflexiones en muchos ámbitos sí quedaron instaladas”, dijo.

CRÍTICO DE LA “GUERRA”

El militar, quien fue director de la Policía Nacional de Colombia de mayo de 2007 a junio de 2012, dijo a El País que él fue “un crítico muy fuerte” de que la política pública de seguridad en México fuese llamada “guerra”, porque genera desconfianza y el delincuente es visto como “un enemigo a aniquilar”, cuando es una persona que hay que rescatar para el Estado de Derecho y rehabilitar.

“Esa pedagogía aquí tomó cuerpo y vida y hoy no se habla de luchar contra los delincuentes como si estuvieras en una guerra en México”, afirmó.

También expuso que insistió al equipo de Peña Nieto que “la política de seguridad debería ser una política de Estado y no una de gobierno o de partido, que la política de seguridad debía ser una política de Estado trascendente a los gobiernos pero, además, incluyente en el nivel municipal, estatal, federal y las ramas del poder público, que no era un problema del Ejecutivo es también del Legislativo y de la administración de justicia”.

Sobre cómo observa a México “a ras de suelo”, el general Naranjo planteó que en materia de seguridad “no hay soluciones mágicas y automáticas”, pero sí procesos que empiezan a cambiar el paisaje.

Sin embargo, insistió, que el “problema serio” es en la aplicación de justicia: “Todavía en México es dramático el nivel de impunidad en relación por ejemplo con los homicidios, de tal manera que quien mata a alguien realmente siente que no va a pasar nada con él y que puede seguir haciéndolo. Ese sería el más grande reto y desafío”.

En cuanto a las críticas de los partidos de izquierda que han desdeñado su trabajo en México y se preguntan “cuánto le pagaron”, “cuánto le costo a la Presidencia”, Óscar Naranjo Trujillo respondió: “En cuanto a las preguntas que se formulan de manera concreta, tendría que decir que yo no le he costado un peso al erario público y será el gobierno quien haga esa aclaración, yo no estoy en la nómina del gobierno, nunca estuve, yo llegué aquí con unas condiciones que no implicaban cláusulas de exclusividad y por lo tanto podía desenvolverme en distintos ámbitos académicos y privados. Esa tranquilidad la pueden tener los mexicanos. No formé parte de la nómina del gobierno federal ni en la campaña (la de Peña Nieto) fui parte de una nómina”.