Susan Crowley

Gracias, Gabriela Ortiz

21/02/2026 - 12:03 am

"Con su música, Ortiz lucha por quienes han decidido dedicarse al arte; reclama los estragos ambientales, o el mal trato de las mujeres".

Yanga es un nombre que hoy se escucha con mayor frecuencia. Es gracias a la obra creada por la compositora y académica mexicana Gabriela Ortiz, que con su homenaje al libertador afromexicano, ha ganado este año tres premios Grammy como mejor composición clásica contemporánea, mejor compendio de música clásica para la obra Dzonot para cello y orquesta y mejor interpretación coral. La mediática participación de Bad Bunny, en los Grammy y después en el Super Bowl, es probable que haya ensombrecido el logro de Ortiz.

Yanga nació en 1545 en la región que hoy corresponde a Gabón, en África; capturado y vendido en México como esclavo, recibió el nombre de Gaspar. Fue una especie de Robin Hood que robaba a los españoles para ayudar a los pobres de su aldea. En 1570 lideró una rebelión y fundó un asentamiento autónomo. Después de recibir violentos ataques por parte de las fuerzas españolas, venciéndolas, en 1618 consiguió la independencia de su comunidad, liberándola para siempre de la esclavitud. Como tributo al primer libertador de América, Yanga, Veracruz, recibió su nombre.

Es muy reciente el que las comunidades afromexicanas estén recibiendo la atención que merecen y que se les concedan derechos que se les habían negado. El clasismo y el racismo siguen golpeando a las distintas etnias de nuestro país. Debe agradecerse que a través de investigaciones, relatos y, especialmente el arte, se documente la injusticia pero también la riqueza de estos pueblos.

A Gabriela Ortiz no sólo le debemos el rescate de un personaje como Yanga. Su capacidad para convocar a intérpretes de primer nivel y crear colaboraciones exitosas, como con la española María Dueñas, para la que creó un concierto para violín; Alisa Weilerstein quien estrenó Dzonot, un concierto para violonchelo inspirado en los cenotes de la península de Yucatán; o sus ya varias obras sinfónicas estrenadas bajo la batuta de Gustavo Dudamel y la Orquesta de Los Ángeles. Especialmente, de su colaboración con Tambuco, uno de los mejores ensambles de percusión del mundo, han surgido un buen número de obras que hoy son repertorio de orquestas internacionales.

Transcribo mi conversación con Ricardo Gallardo, percusionista y miembro del ensamble Tambuco, quien de nuevo viene a dar luz a esta columna. “Las primeras obras para percusión de Gabriela, fueron escritas para mí y yo las estrené. Desde entonces he sido testigo, primero como solista y después con Tambuco, de la evolución en su lenguaje y en su técnica de escritura para estos instrumentos. Su música es profundamente rítmica y ha encontrado en las percusiones un vehículo natural de creatividad y expresividad. A lo largo de los años, su composición ha tomado muy en cuenta la opinión de los intérpretes. Gabriela sabe escuchar y eso se nota en el resultado final. No escribe una música que quiera complacer vanguardias o tradiciones. Ella escribe la música que le gustaría escuchar”.

Gallardo también comenta su experiencia en la creación de Yanga: “no es sólo un reconocimiento en los Grammy, sino también una validación estética y artística dentro de la comunidad de música académica. La obra combina elementos orquestales, corales y una presencia significativa de percusiones, incluyendo instrumentos africanos y latinoamericanos a cargo de Tambuco, para expresar una dramaturgia potente sobre libertad y resistencia histórica.”

La obra musical de Ortiz, como lo dice el crítico musical Juan Arturo Brennan, es claramente posmoderna. Encuentro muy atinada la definición ya que como un bricolaje, en ella se conjugan distintos estilos, gestos, pasión, conocimiento, intuición y una técnica impecable. Un género clásico, que niega la pedantería de la música “culta” para ofrecer un despliegue de armonías y ritmos con elegancia y belleza que enaltecen nuestras raíces latinoamericanas. Siendo mujer, mexicana y artista, ha resultado un hito al pertenecer desde hace varios años a los primeros circuitos musicales, y no por una simple cuota de género, sino por su valor artístico.

La espontaneidad, acompañada del rigor con que Gabriela comparte su música, no sólo se remite a escucharla. Catedrática universitaria, ha impulsado la carrera de composición de varias generaciones, tiene el enorme talento de comunicar con sencillez la profundidad de lo que siente y piensa. Es mucho más fácil, después de escuchar alguno de sus muchos videos en YouTube, entrar a su universo musical lleno de ideas, sorpresas y sensibilidad sonora. Una verdadera convocatoria para generar nuevos públicos, no sólo eruditos.

Ortiz no olvida lo vernáculo heredado de sus padres, miembros fundadores del grupo musical Los Folkloristas. En su obra también recupera los mitos y las leyendas que nos conforman como Nación, haciéndolas suyas de una forma original que no imita patrones, pero toma de la sabiduría popular y de la academia una mezcla que le permite crear un estilo propio.

Bad Bunny y Gabriela Ortiz recibieron los más altos reconocimientos en los Grammys de este año por lo que una vez más pido la sabia opinión de Gallardo ¿Gabriela Ortiz o Bad Bunny?

“Desde la perspectiva de la música popular, Bad Bunny también cumple con ciertos valores, aunque estos no son directamente comparables con los de la música clásica contemporánea. Su música puede ser igualmente válida en su propio ámbito, con méritos de producción, identidad cultural e impacto social. Ambos niveles pueden coexistir sin que uno invalide al otro: uno responde a códigos académicos/convencionales de seriedad formal, el otro a códigos de eficacia económica, comunicativa y estética popular global. Lo que cambia es el tipo de música que se está evaluando y para qué”.

En efecto, me parece que Bad Bunny es como muchos jóvenes que en la música encuentran un espacio de expresión y creatividad. Él con un éxito arrollador, otros con la esperanza de aunque sea pagar la renta. Gabriela, con la consciencia de que el arte es rigor, pero también es espontaneidad y comunión.

Siendo casi de la misma generación musical, aunque en distintos géneros, ¿cómo hacer que las juventudes seguidoras de Bad Bunny se acerquen a la música de Ortiz?

Para Ricardo Gallardo “durante décadas, la música clásica fue presentada como superior moralmente. Eso generó distancia. El discurso en escuelas debe cambiar de:

Esto es mejor a Esto también puede ser tuyo. La música académica casi siempre muestra sólo el resultado final impecable. Cuando los jóvenes ven cómo se construye una obra, como un compositor toma decisiones y se ensaya una célula rítmica, entonces se involucran intelectualmente. En las aulas, se pueden documentar procesos creativos de manera atractiva. No como clase, sino como narrativa”.

En un video de Youtube, se ve a la Orquesta Nacional del Reino Unido, formada por jóvenes de todo el mundo, bajo la dirección del director Carlos Miguel Prieto, interpretando Téenek- Invenciones de Territorio, inspirada en la cultura huasteca, combina los sonidos originarios con la música contemporánea y como lo explica Ortiz, significa hombre de aquí, es decir, pertenezco y soy responsable por el planeta. En una era de desgracias migratorias, es un intento de borrar las fronteras y valorar la lucha identitaria más allá de la política y la economía. Y si esto no fuera suficiente, ver a instrumentistas jóvenes de primer nivel, que probablemente en una noche de fiesta se muevan al ritmo de Bad Bunny, fascinados al poder interpretar la obra de Ortiz.

También dejo para ustedes Antrópolis, una pieza que hasta los amantes del perreo deberían bailar. La obra interpretada por la OFUNAM es de tal ritmo que consigue que los instrumentistas se olviden de la rigidez y muevan el cuerpo al ritmo de Ortiz.

Ojalá que escuchen Yanga dirigida por Gustavo Dudamel, con la Orquesta de Los Ángeles y Tambuco; una obra poderosa que habla de justicia, de inclusión, de amor a México.

Con su música, Ortiz lucha por quienes han decidido dedicarse al arte y no encuentran un camino fácil; de la misma manera que reclama los estragos ambientales, o el mal trato y la desigualdad de las mujeres. Ejemplo de ello es Revolución diamantina, también ganadora del Grammy en 2025, inspirada en las marchas feministas de 2019 que incorpora un reclamo de justicia que lo dice todo, Ni una más. Lo dice sin protagonismos, con una agenda libre, autónoma y sensible en la que manda su portentosa creatividad. El más grande regalo que nos da Ortiz, es su humildad y congruencia entre el pensamiento y la forma de vivir la vida. Gracias, Gabriela. @Suscrowley

Dejo algunos videos, hay muchísimos para que escuchen y vean su obra:

https://www.youtube.com/watch?v=lWuqxuQVWrc

https://www.youtube.com/watch?v=RZA8fh9Jl6M

Susan Crowley

Nació en México el 5 de marzo de 1965 y estudió Historia del Arte con especialidad en Arte Ruso, Medieval y Contemporáneo. Ha coordinado y curado exposiciones de arte y es investigadora independiente.... Ver más

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