Rubén Martín
El trumpismo se esparce por AL
22/03/2026 - 12:03 am
"El regreso de un discurso y práctica política derechista que desempolva el viejo discurso anticomunista”.

A un año y dos meses de asumir su segundo mandato como presidente de Estados Unidos, Donald Trump ha completado un realineamiento geopolítico en su política exterior y en doctrina de seguridad nacional al volver a proclamar al Hemisferio Occidental como su “propiedad” y con ello ha trabajado para crear una coalición de gobiernos de América Latina con la llamada iniciativa Escudo de las Américas a la cual ya se sumaron 17 países de la región. Este realineamiento geopolítico también muestra algo más grave: el regreso de un discurso y práctica política derechista que desempolva el viejo discurso anticomunista pero potenciado a la era Trump, un discurso que desprecia y criminaliza al migrante, que proclama y se ufana de destruir al adversario (“zurdos de mierda”, grita histérico el mandatario argentino Javier Milei).
Pero no es sólo Javier Milei el que grita contra los que consideran sus adversarios. Recientemente el presidente saliente de Costa Rica, Rodrigo Chaves, anunció el cierre de la embajada de Cuba en San José y dijo que “Hay que limpiar al hemisferio de comunistas”. Dijo el presidente costarricense: "Costa Rica no reconoce la legitimidad del régimen comunista de Cuba, en vista del maltrato, la represión y condiciones indignas que tienen los habitantes de esa isla hermosa", dijo en un evento en la frontera con Nicaragua. A su lado se encontraba la embajadora de Estados Unidos, Melinda Hildebrand, avalando el discurso anticomunista.
En este discurso los “comunistas” o los “zurdos de mierda” ya no son adversarios políticos, sino sujetos que no deberían existir en el espectro político y a los cuales parece que se llama a eliminar. “Hay que limpiar al hemisferio de comunistas”, dijo Rodrigo Chávez muy en consonancia con la nueva doctrina Trump hacia todo América.
No sólo se copia el discurso anticomunista de Trump y sus principales colaboradores, los halcones y ultraderechistas como los secretarios de Estado y Guerra, Marco Rubio y Pete Hegseth, y Stephen Miller, jefe adjunto de personal para política y asesor de seguridad nacional.
También se está copiando el discurso en contra de las personas en tránsito y migrantes. El nuevo presidente de Chile, José Antonio Kast, en una de sus primeras medidas anunció su “Plan Escudo Fronterizo” en la frontera norte de Chile, donde comenzó a construir una zanja de tres metros de ancho por tres metros de profundidad con la intenión de impedir la llegada de ciudadanos venezolanos, peruanos o bolivianos sin papeles. Y también como Trump, Kast también planea construir muros, torres de vigilancia y uso de drones, en un plan de contención migratoria semejante al que Israel tiene en Palestina. No sólo se copian los planes, también los discursos. José Antonio Kast ganó la elección, en buena medida repitiendo el discurso trumpista que critica a los migrantes de la violencia y el narcotráfico en su país. “Hemos tomado decisiones claras y concretas de cerrar nuestra frontera a la inmigración ilegal, al narcotráfico, al crimen organizado”, dijo el mandatario chileno.
Y justo el gobierno de Trump ha sumado a varios gobernos a repetir el discurso de la guerra contra el narcotráfico. Además de llevar a cabo 44 ataques contra barcos en el Caribe y el Pacífico oriental donde se ha asesinado al menos al menos 150 personas (calificadas como “ejecuciones extrajudiciales por los expertos”), ahora el gobierno de Ecuador que preside Daniel Noboa, ya permitió la realización de operativos conjuntos con fuerzas especiales del ejército de Estados Unidos. Según una nota del New York Times del 17 de marzo, “Soldados de las Fuerzas Especiales estadounidenses están asesorando y apoyando a comandos ecuatorianos en redadas por todo el país contra instalaciones sospechosas de transportar drogas y otros lugares vinculados al narcotráfico, según un funcionario estadounidense que habló bajo condición de anonimato sobre cuestiones operativas”.
Y ya en la reunión en su campo de Golf de Doral, en Miami, el pasado 7 de marzo a la que asistieron doce mandatarios de América Latina, donde se lanzó el llamado “Escudo de las Américas”, Trump insistió en continuar con los ataques militares a las organizaciones del narcotráfico (a las que ya proclamó como terroristas) e insistió en que el epicentro de la narco-violencia es México.
Ya sea criminalizando migrantes, persiguiendo a narcos con el ejército o llamando a erradicar el comunismo del Hemisferio Occidental, el trumpismo se esparce por todo América Latina. No es sólo un discurso rancio y viejo, es ahora también una práctica y un proyecto político que anticipa años aciágos para la democracia, los derechos y las libertades políticas. Hay que resistir el trumpismo.
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