Diego Petersen Farah

Pruebas

08/05/2026 - 12:02 am

"Rocha Moya dijo con todas sus palabras que para gobernar Sinaloa se requería un pacto con el narco y que él lo tenía".

¡Pruebas, pruebas!, grita, se desgañita la Presidenta al grado de perder la compostura y la imagen de cabeza fría a la que nos tenía acostumbrados.
"Rocha Moya dijo con todas sus palabras que para gobernar Sinaloa se requería un pacto con el narco y que él lo tenía". Foto: Gobierno de Sinaloa / Cuartoscuro

¡Pruebas, pruebas!, grita, se desgañita la Presidenta al grado de perder la compostura y la imagen de cabeza fría a la que nos tenía acostumbrados y de la que tanto presumían los agoreros presidenciales.

Aunque los juristas ya explicaron una y mil veces que el periodo de pruebas vendrá en el juicio de extradición, eso, claro, en el caso de que la Fiscalía mexicana detenga a Rocha Moya, la Presidenta sigue aferrada al discurso de las pruebas como una forma de patear el balón. Porque pruebas las hay, y no necesitan venir de Estados Unidos. Se documentó como en ningún otro caso la intervención del crimen organizado en la elección de Rocha, no sólo por parte de los periodistas, también de autoridades electorales, pero los tribunales electorales desecharon cualquier alegato porque para eso son tapete. Rocha Moya dijo con todas sus palabras que para gobernar Sinaloa se requería un pacto con el narco y que él lo tenía. Resulta un tanto cuanto patético que ahora la Presidenta se haga la sorprendida.

Lo que necesita la Presidenta, pues, no son pruebas, es tiempo. Tiempo para procesar internamente una situación de hecho: un cambio en la política estadunidense respecto al crimen organizado. Da exactamente igual que estemos de acuerdo o no, que resulte ridículo y hasta irrisorio que quienes hicieron del fentanilo una droga de uso común, recetada a diestra y siniestra con la complicidad de las autoridades de salud estadunidenses, ahora la declaren arma química. Más allá de ello, el cambio en la política de drogas presentada esta semana por el gobierno de Donald Trump deja muy poco margen de maniobra a la Presidenta. Ya no se trata sólo de detener capos y enviarlos de regalo y sin juicio a Estados Unidos, como venía haciendo el Gobierno mexicano a lo largo de los últimos 18 meses, sino de atacar a lo que Estados Unidos hoy considera el sustento político de un grupo terrorista.

Lo urgente para Claudia Sheinbaum no es que el Juez de Nueva York le presente pruebas, sino que su equipo le presente alternativas inteligentes para enfrentar un cambio en el tablero. Nadie puede decirse sorprendido por los discursos ni por el documento presentado esta semana. Cambió el tono, cambiaron los instrumentos, pero la letra es exactamente la misma desde hace meses. La posición del gobierno de Trump al respecto esta más cantada que “Bésame mucho” y tiene más versiones que “La Vikina”.

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