María Rivera

Asedio

14/05/2026 - 12:01 am

"La derecha mexicana, que fue quien invitó a Ayuso, es la cara moderna de la traición que desde que México es México ha existido".

Los gobernadores de oposición Tere Jimenez, de Aguscalientes; Libia Denisse García; Maru Campos, de Chihuahua; y Mauricio Kuri de Querétaro posan junto a Isabel Ayuso durante su visita a Aguscalientes. Foto: X @MaruCampos_G

Desde distintos puntos, la derecha internacional aliada con la derecha nacional, está acechando a México, querido lector. Ya sea por Trump, que ha llevado a cabo el ataque más mortífero hasta ahora contra el gobierno morenista al acusar a funcionarios de alto nivel como aliados del crimen organizado, ya sea por el operativo mediático que ha buscado identificar al partido gobernante como “narcopartido”, ya sea por las ridículas y ofensivas visitas de la rancia derecha española que reivindica a Cortés. Alucinante, diría yo, porque esa fuerza política en el país hasta hace muy poco estaba reducida al ridículo, a la inexistencia. 

No sé si usted lo ha notado pero la narrativa mediática se ha dedicado a volver relevante a personajes de oposición partidista: de pronto, todos los noticieros los tienen como invitados, los programas de opinión los reivindican, y han convertido sus dichos en verdades, así sean mera propaganda política. No tiene nada que ver con la realidad interna del país, es claramente una tendencia artificial animada por los medios que han hecho su agosto con el asedio de Estados Unidos contra México.

Y digo contra México, querido lector, porque es claro que Trump busca desestabilizar al país para sacar a la izquierda del poder que, guste o no, la mayoría de los mexicanos eligió. Es decir, es un ataque contra un gobierno legítima y democráticamente electo, lo cual es grave. Por supuesto, no es solo contra el gobierno mexicano, ni el “narcogobierno” sino contra nuestra soberanía. 

Del mismo modo, la visita de la española Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, invitada a México por panistas, ha sido una provocación para la mayoría del pueblo de México que no ve en la Conquista de México ningún “encuentro amoroso”, ni en el invasor Hernán Cortés, sanguinario y ladrón, a ningún santo. 

Muy desagradable, qué digo desagradable, francamente aborrecible resultó el numerito de honrar a Cortés en la iglesia donde están sus restos en el Centro de la Ciudad de México, con el número musical que el español Nacho Cano creó. No lo vi todo, querido lector, pero por desgracia me apareció en un anuncio de youtube: españoles hablando como si de virreyes se tratara, estudiosos franceses reivindicando al genocida. Toda la narrativa colonialista y racista que los anima produce náuseas, qué le digo. Incluso, la reivindicación que se ha hecho de la Malinche desde hace mucho, que ha culminado en ese bodrio musical del exmecano, que idealiza el mestizaje, borra la violencia y la violación, la esclavitud, y el asesinato de los indígenas: una basura. Para mí, Malitzin, Marina la Lengua, o Malinche es una figura histórica que ayudó a los españoles a destruir la cultura mesoamericana. Una traidora que ayudó a Cortés y a los españoles a cometer crueles matanzas, que a cambio de poder personal traicionó su cultura. Sí, pueden decir que no, que no era mexica, que había sido esclavizada y vendida y luego regalada, pero eso no cambia la naturaleza de los hechos que llevó a cabo y que a la postre terminarían por causar la desmesurada mortandad de los pueblos indígenas. No es gratuito que su figura se convirtiera en un término preciso que forma ya parte de la lengua de los mexicanos “malinchismo”. 

Yo no entiendo, querido lector, cómo es que los restos de Hernán Cortés están en México. Me parece inconcebible que, en algún episodio de nuestra historia, no los hayan enviado a España, en lugar de protegerlos. Alguna vez fui a ver su tumba cuando leía sobre la Conquista. Me senté en la banca de la iglesia indignada, pensando justamente que deberían expulsar sus restos. Fue por eso que hace unos días, al leer la solicitud de Pedro Miguel para que sus restos fueran exhumados y llevados a España, la firmé sin dudarlo. Algo de justicia poética tendría que se los llevara esa derecha española que tanto lo reivindica (y también, si quiere, a la Malinche). El asesino de Cuauhtémoc y Tetlepanquetzal, a los que colgó de una ceiba en la selva maya, entre otros muchos crímenes, no merece estar en suelo mexicano.

Por supuesto, querido lector, que todo este tema levanta discusiones apasionadas que no tienen fin. Yo creo que se necesitarán más siglos para poder deshacernos de la herencia colonial y racista que nos dejaron los invasores y ladrones españoles, y después los criollos, y después los propios mexicanos. 

Naturalmente, la derecha mexicana, que fue quien invitó a la impresentable Ayuso, es la cara moderna de la traición que desde que México es México ha existido, una cara más del malinchismo. Lo aberrante es verlos en activo, querido lector, como están ahora.

Sin embargo, lo realmente preocupante, más allá de la visita de una política de segunda española, es lo que el gobierno de Trump está haciendo en México y lo que pretende hacer. Sus declaraciones descalificando a la Presidenta Sheinbaum, al decir que en el país gobierna el narco (y no ella), y que seguirá acusando a políticos mexicanos, y combatiéndolos “por tierra” son realmente una afrenta y un aviso. No solo de una previsible intervención ilegal en nuestro país, sino de que Estados Unidos seguirá creando la narrativa para alimentar a la derecha mexicana que, sin el apoyo de Trump, estaría prácticamente muerta, como estaba. 

Y no está de más recordar la elección del año 2006 cuando vimos en acción a aquellos que hoy se alían con fuerzas extranjeras, especialistas en campañas negras. Es cierto que no tienen el poder, pero tampoco escrúpulos: no son demócratas y tampoco leales a México. De ellos también tendría que cuidarse la Presidenta Sheinbaum, tanto o más que del criminal Presidente de los Estados Unidos. 

María Rivera

María Rivera es poeta, ensayista, cocinera, polemista. Nació en la ciudad de México, en los años setenta, todavía bajo la dictadura perfecta. Defiende la causa feminista, la pacificación, y la liberta... Ver más

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