Un Quijote en Tenochtitlán
Juan Carlos Monedero
Trump y Napoleón en China e Irán: guerras perdidas
15/05/2026 - 12:03 am
"El error de cálculo de Trump le ha llevado a un callejón sin salida. Pensaba que en Irán le resultaría como el secuestro de Maduro".
Para encontrar a un dictador capaz de expresar las barbaridades que escupe Donald Trump, especialmente cuando tiene problemas -como ahora con el Estrecho de Ormuz cerrado tras el bombardeo a Irán y el asesinato de su cúpula militar y religiosa junto a miles de niños y niñas- hay que remontarse a las notas que Napoleón escribió creyendo que discutía con El príncipe de Maquiavelo.
El 18 de junio de 1815, tras la batalla de Waterloo, entre los restos del carruaje abandonado por Napoleón Bonaparte, se encontró un manuscrito encuadernado con la traducción al francés de El Príncipe de Maquiavelo, repleto de más de 700 anotaciones de su puño y letra.
Son unas notas arrogantes, donde habla constantemente de sí mismo, donde todo parece que está ahí para que él se apropie de ello o lo rechace. En lo que más insiste el general corso es en resaltar los consejos sobre generar temor en los súbditos, en el uso de la fuerza y la coacción, y en todo aquello que Maquiavelo menciona dentro de la noción de hacer el mal. Nadie escribe para ser diagnosticado, y por eso resultan tan reveladoras.
Las notas de Napoleón reflejan una psicología que llama la atención por su ausencia de empatía hacia los vencidos, su megalomanía creciente y su visión puramente instrumental de los seres humanos. Un Bonaparte joven deseoso, que pensaba convertirse en el príncipe ideal y justo que proponía Maquiavelo, deja paso al emperador soberbio y pagado de sí mismo que traicionó sus ideales revolucionarios cuando se vio dueño de Europa. Trump ha sido un imbécil desde joven.
Erich Fromm en 1964, en su libro El corazón del hombre, describió el “narcisismo patológico” como la forma más grave de patología narcisista, una mezcla de cuatro rasgos que juntos forman algo más peligroso que cada uno por separado: un narcisismo extremo (el yo como centro absoluto de la realidad); agresión y sadismo (placer en el control y el daño); antisocialidad (ausencia de conciencia moral real); tendencias paranoides (los demás como amenaza o instrumento). En los manuales diagnósticos de psiquiatría no se recoge el "narcisismo maligno" como categoría oficial, pero sí aparece el trastorno narcisista de la personalidad. Muchos clínicos consideran el narcisismo maligno como el punto donde ese trastorno se solapa con el trastorno antisocial de la personalidad (lo que coloquialmente se llama psicopatía).
Si miramos los rasgos de este narcisismo patológico, da cierto miedo porque suenan conocidos:
- Sadismo Egosintónico: Disfrutan causando dolor, sufrimiento o humillación, lo que refuerza su autoestima.
- Comportamiento Antisocial: Mienten, roban o manipulan sin remordimientos, bordeando la psicopatía.
- Grandiosidad y Paranoia: Se creen superiores e invencibles, pero a menudo se defienden de ataques imaginarios o perciben conspiraciones.
- Destructividad: Su objetivo no es solo ganar, sino destruir a quienes consideran enemigos o amenazas.
- Falta de empatía: Incapacidad absoluta para entender o considerar los sentimientos ajenos.
El problema para Trump es que estos comportamientos están poniéndole en contra a sus bases y a sus intelectuales orgánicos. Es el caso de Robert Kagan. Este señor no es un bendito. Sus primeras armas las hizo justificando la guerra de la Contra, contra el gobierno nicaragüense, una guerra que Ronald Reagan financió con drogas, que finalmente salió a la luz en lo que se conoció como el Irangate. Kagan es uno de los cofundadores del llamado “Proyecto para el Nuevo Siglo Americano” y como tal, una de las personas que firmaron la carta que ese grupo le envió en enero de 1998 al Presidente Bill Clinton pidiendo una segunda guerra contra Irak. Otros firmantes fueron: Dick Cheney, Donald Rumsfeld, Paul Wolfowitz, John Bolton... Y cuidado, que esto ocurrió años antes del 11-S. Es decir, la guerra de Irak no fue una reacción al terrorismo: fue un proyecto planificado con anticipación por el grupo ideológico que Kagan cofundó. Los mismos todos estos años.
Este señor siempre da vueltas sobre el mismo sitio: el orden liberal internacional no es un fenómeno natural ni el resultado inevitable de fuerzas históricas: es un producto artificial del poder militar y diplomático americano. Sin ese poder, el mundo volvería a la jungla. Es la versión sofisticada del argumento del "gendarme del mundo". Y el mundo libre está bajo amenaza porque EU está débil. Kagan, siguiendo los pasos de su esposa, se incorporó como asesor al Departamento de Estado con Clinton, defendiendo la ideología "neocon". Es decir: regresar sin complejos a la doctrina Monroe. O en otras palabras, conservadurismo armado. Lo que está haciendo Trump. Pero donde está cometiendo errores.
Esta gente, por supuesto, siempre están bien financiada. El “Proyecto para el Nuevo Siglo Americano” fue sufragado por fabricantes de armamento, en gran parte gracias al trabajo del ejecutivo de Lockheed Martin Bruce P. Jackson, quien se convirtió en director del PNAC. Jackson había organizado anteriormente el Comité de EU para Expandir la OTAN. El círculo se cierra perfectamente: las mismas personas que fabrican las armas financian al intelectual que elabora los argumentos para usarlas.
El objetivo de Kagan es presentar el poder militar americano como un bien público universal. La hegemonía se convierte en filantropía. Muchas gracias. En segundo lugar, convierten cualquier alternativa multipolar en amenaza existencial. El mundo sin hegemonía americana es, para Kagan, la jungla. No hay espacio para pensar en un orden mundial genuinamente multilateral. Y tercero, ha venido reciclando el argumento tras cada fracaso. Irak, al final, fue un error de ejecución, no de concepción. La próxima intervención será diferente. La fe en el poder americano es, en su sistema, infalsable, incuestionable.
En un artículo de esta semana publicado en The Atlantic, con el elocuente título “Jaque mate en Irán”, Kagan dice:
“La derrota en la actual confrontación con Irán será de un carácter completamente diferente. No puede ser reparado ni ignorado. No habrá retorno al status quo previo, ningún triunfo estadounidense final deshará o superará el daño hecho. El Estrecho de Ormuz no estará 'abierto', como lo estuvo una vez. Con el control del estrecho, Irán emerge como el actor clave en la región y uno de los actores clave en el mundo. Se fortalecen los roles de China y Rusia como aliados de Irán; el papel de los Estados Unidos disminuye sustancialmente. Lejos de demostrar la destreza estadounidense, como han afirmado repetidamente los partidarios de la guerra, el conflicto ha revelado unos Estados Unidos que no son confiables ni capaces de terminar lo que comenzaron. Eso va a desencadenar una reacción en cadena en todo el mundo a medida que los amigos y enemigos se adapten al fracaso de Estados Unidos”.
Frente a derrotas anteriores –Pearl Harbour, Filipinas, Vietnam, Afganistán, Irak- donde, según Kagan, EU pudo recuperarse y revertir los fracasos iniciales, en Irán da por imposible una victoria. No niega el enorme daño causado a Irán, algo en lo que siempre hemos insistido: la capacidad de destruir de los EU es espectacular. Pero no puede quedarse en los sitios. No pueden ni siquiera entrar si no se le abren las puertas y se le dan todas las facilidades, algo que buscan amenazando con más y más bombas o prometiendo una matanza. En Cuba, si terminan entrando van a recibir plomo, porque los cubanos llevan 50 años en estado de guerra. En Venezuela hay que ver si no se tensa la cuerda más de lo que el chavismo esté dispuesto a asumir. Plantear que puede ser el estado 51 es un insulto de quien no entiende la identidad bolivariana del país. En Irán, un país con más trayectoria militar y un pasado preñado de guerras, lo tienen más difícil. Es Kagan quien afirma, desde el más estricto realismo, que si EU regresa a los bombardeos sobre el país, habrá consecuencias que pagarán los socios de los estadounidenses, que seguirán viendo que su alianza les trae más problemas que ventajas:
“Una acción más militar -dice Kagan- inevitablemente llevará a Irán a tomar represalias contra los Estados vecinos del Golfo; los defensores de la guerra tampoco tienen respuesta a eso. Trump detuvo los ataques contra Irán no porque estuviera aburrido, sino porque Irán estaba atacando las vitales instalaciones de petróleo y gas de la región. El punto de inflexión se produjo el 18 de marzo, cuando Israel bombardeó el campo de gas de Irán en el sur del Par y Irán tomó represalias atacando la ciudad industrial Ras Laffan de Qatar, la planta de exportación de gas natural más grande del mundo, causando daños a la capacidad de producción que tardarán años en repararse”.
Esperar que el gobierno iraní caiga es ingenuo. Si no ha caído, no tiene por qué hacerlo ahora. Mientras, “el petróleo sube hacia 150 dólares o incluso 200 dólares por barril, la inflación aumenta y la escasez mundial de alimentos y otros productos básicos se activa”. Gracias, Trump.
El error de cálculo de Trump le ha llevado a un callejón sin salida. Pensaba que en Irán -o con Groenlandia o con China o, incluso, con Canadá, iba a resultarle tan sencillo como con el secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores, en un país que no estaba preparado para ninguna guerra pese a la retórica de estos años, en un continente con muchos países arrodillados, y mucho menos con la primera potencia del mundo situada a unas cuantas millas al norte. Como han sostenido todos los analistas desde el comienzo, mientras que puedes plantearte controlar un país pequeño con bombardeos o amenazas de bombardeos, con la amenaza de asesinatos selectivos, y tras décadas de bloqueo, contando con que las dificultades habrán creado una oposición interior, alimentada además por los EU, en países grandes, cuando se trata de ejércitos eficaces y control de la población, la alternativa no es tan sencilla:
“A menos -sigue Kagan- que Estados Unidos esté preparado para participar en una guerra terrestre y naval a gran escala para eliminar al actual régimen iraní, y luego ocupar Irán hasta que un nuevo gobierno pueda afianzarse; a menos que esté preparado para arriesgar la pérdida de buques de guerra que transportan petroleros a través de un estrecho en disputa; a menos que esté preparado para aceptar el devastador daño a largo plazo a las capacidades productivas de la región que probablemente resulte de la represalia iraní”.
De manera que Trump tiene que elegir entre seguir y alargar la soga con la que ahorcarse, o decir que ha ganado, aunque sea mentira, y marcharse.
“Alejarse ahora podría parecer la opción menos mala -dice el analista norteamericano-. Como asunto político, Trump bien puede sentir que tiene más posibilidades de superar la derrota que de sobrevivir a una guerra mucho más grande, más larga y más cara que aún podría terminar en fracaso”.
Los iraníes salen de este conflicto con una relación diferente con el Estrecho de Ormuz. Trump les ha enseñado el arma enorme de la que disponen. La bomba nuclear de Irán es el Estrecho de Ormuz. Y, como decíamos, no van a tener problemas interiores tras haber reprimido toda la disidencia interna en los últimos conflictos. Además, saben dos cosas: fiarse de Trump es jugarse la vida, y fiarse de Netanyahu es jugársela dos veces.
¿Y los aliados de EU en la región? Kagan cita a dos profesores iraníes que afirman:
“Las economías árabes del Golfo se construyeron bajo el paraguas de la hegemonía estadounidense. Quítense eso, y la libertad de navegación que lo acompaña, y los estados del Golfo irán ineludiblemente a mendigar a Teherán”.
El mundo está cambiando. Ni Rusia ha sido capaz de derrotar en más de cuatro años a Ucrania ni EU puede derrotar a Irán. Esto lanza un mensaje que todos los gobiernos deben saber leer. La variable independiente sigue siendo China. Que va sabiendo qué puede y qué no puede hacer su gran rival. En la reunión de Trump con Xi Jinping, a donde ha ido con sus verdaderos dueños, los grandes capitales norteamericanos, el Presidente chino le ha dicho: no cometas el error de Esparta cuando no supo aceptar el avance de Atenas y les llevó a las guerras del Peloponeso que perdieron todos. Trump ha tenido que asumir que China ha hecho en Beijing, delante de Trump, su puesta de largo.
¿Puede Trump hacer negocios con China al tiempo que prohíbe a México, a Colombia, a Perú, a Honduras, a Europa hacer negocios con China? ¿Durante cuánto tiempo van a aguantar los países del mundo ese comportamiento?
Es tiempo de resucitar el internacionalismo, que es lo que ha hecho Sheinbaum en Barcelona con Sánchez, Lula, Petro y Yamandú Orsi. Los gobiernos progresistas deben también tomar nota, aprender qué es lo que tienen que ajustar para que el pueblo no se ponga del lado de la extrema derecha servil a los EU. Deben también entender que estar cerca de cualquier modo de los EU es peligroso. Todos los países están revisando sus vulnerabilidades y tomando decisiones para no depender de los EU. Y ya vamos tarde.
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