Ernesto Hernández Norzagaray
El vértice sinaloense
16/05/2026 - 12:01 am
"La otra dimensión del vértice es el proceso de autocratización del poder que inició cuando Rocha Moya tomó posesión del cargo de Gobernador".

En el vértice de la narcopolítica se encuentran dos procesos políticos que explican por qué Sinaloa está en los titulares de la prensa internacional y la conversación pública: uno, de largo aliento, que data probablemente de hace 100 años y es la gestación y maduración de la narcopolítica y el otro, reciente, el de la gestación y maduración, de un modelo autocrático híbrido de ejercicio del poder.
El primero será tarea de investigadores interdisciplinarios qué concluyan su estudio, pero, por ahora, nos basta el libro del sociólogo Luis Astorga: Drogas sin Fronteras, que en 2003 publicó la editorial Grijalbo revelando el papel de los gobernadores mexicanos frente a una decisión soberana estadounidense sobre la producción y venta de heroína que, todavía hasta 1914, podía adquirirse en cualquier farmacia.
La medida fue adoptada seguramente porque se dieron cuenta que su consumo indiscriminado estaba creando problemas de delincuencia y salud pública, como hoy sucede con el fentanilo, que causa más de cien mil muertes cada año lo que ha llevado a que esta droga sea considerada de “destrucción masiva” y, por ende, quiénes la producen y comercian para ser llevada ilegalmente al territorio estadounidense son considerados terroristas.
La otra dimensión del vértice es el proceso de autocratización del poder que inició cuando Rocha Moya tomó posesión del cargo de Gobernador y los partidos aliados asumieron sus cargos en el Congreso del Estado y la mayoría de las entonces dieciocho alcaldías (hoy son 20).
Pero, antes de continuar, habría que distinguir un doble proceso de triunfo y abuso de poder:
Primero, el triunfo arrollador de la coalición Juntos hacemos historia que formal y electoralmente unió a Morena con el Partido Sinaloense y Rocha Moya obtuvo la mayor votación que haya tenido un candidato a la gubernatura del estado y con una gran diferencia respecto de su más cercano competidor: Mario Zamora, quien abanderó la coalición Va por Sinaloa que forjaron el PRI-PAN-PRD con un resultado abismal de dos votos a uno.
Segundo, el otro proceso, considerado como un exceso, abuso, aunque lógico en política autocrática; la cooptación de personajes de la oposición tanto en alcaldías como curules que abandonaron a los partidos que los habían postulado.
Esto se complementó con el proceso de desafuero que llevó a cabo el Congreso del Estado contra alcaldes morenistas de los municipios de Culiacán, Mazatlán y Ahome, que no eran parte del grupo gobernante.
No paró ahí, Héctor Melesio Cuén, dirigente del PAS, que se desempeñaba como Secretario de Salud fue echado de la administración junto con sus compañeros pasistas.
En este ejercicio de concentración del poder destaca la incorporación de Enrique Inzunza quien antes de ser designado Secretario General de Gobierno se desempeñaba como Presidente del Supremo Tribunal de Justicia del Estado y al dejar el cargo siguió teniendo control sobre muchas decisiones en este organismo.
Esto significó que la dupla Rocha-Inzunza habiendo ganado en las urnas el Poder Ejecutivo y la mayoría del legislativo, sumaba el Poder Judicial y estaban dadas las condiciones institucionales para continuar la captura institucional que llegó hasta la Universidad Autónoma de Sinaloa.
Peor aún, la denuncia que interpuso el jurídico del PRI ante el Tribunal Electoral del Estado de Sinaloa, por múltiples violaciones y delitos cometidos durante los comicios del verano de 2021 no surtió ningún efecto en el TEES que lo presidía una hermana de Enrique Inzunza y tampoco en la FEPADE.
Y hoy eso cobra relevancia con la solicitud del Departamento de Justicia de los Estados Unidos para que el Gobernador Rubén Rocha y nueve funcionarios públicos activos y en retiro, sean detenidos con fines de extradición a la Fiscalía del Distrito sur de Nueva York para que respondan, entre otras acusaciones, de la presunta alianza que habrían tejido con el Cártel de Sinaloa para ganar aquellas elecciones concurrentes.
Es decir, una alianza operativa con los líderes de la organización acusados de ser responsables de la producción y distribución de fentanilo en las calles estadounidenses y por los que el FBI ofrece recompensas cuantiosas por información veraz que lleve a su captura.
La combinación autocrática mafiosa sería una apuesta fuerte para crear y operar el modelo Sinaloa donde ambos bandos ganarían mediante el control de las instituciones del Estado que significa impunidad estructural, cooptación institucional de fiscalías y policías, normalización social de la corrupción y fragmentación de la oposición.
Vamos, esta combinación, sorprendente, durante un tiempo generó estabilidad y gobernabilidad con una violencia persistente, pero administrada con una democracia cada vez más erosionada por una competencia limitada y capturas institucionales.
Pero, aquel tipo ideal estalló el 25 de julio de 2024, cuando operadores de la facción de Los Chapitos secuestraron a Ismael "El Mayo" Zambada y asesinaron a Héctor Melesio Cuén, lo que provocó una guerra en el Cártel de Sinaloa que ha costado hasta ahora prácticamente cuatro mil vidas.
El modelo Sinaloa pretendía crear un doble laboratorio: Uno, político-autocrático que blindaría a Morena y serviría para clonarlo en otros estados y paulatinamente uniformar la captura institucional y el otro, que el territorio sinaloense, fuera utilizado para instalar los laboratorios necesarios para satisfacer la demanda en el mercado estadounidense.
Ese doble objetivo, quizá, lo vieron las agencias estadounidenses y por ello actuaron celeridad e hicieron la solicitud mencionada al Gobierno de México, pero la Presidenta Sheinbaum no termina de asumir el problema para la relación bilateral y sólo ve un problema de soberanía.
Exige, una y otra vez “pruebas, pruebas”, sin atender que el pedido es para evitar la fuga de los señalados conforme a los tiempos del Tratado de Extradición que son de 60 días para la presentación de pruebas, sin considerar, las consecuencias de ese mantra narrativo.
En definitiva, la estrategia estadounidense hasta ahora está en los términos del tratado, sin embargo, como lo han señalado diversos observadores de la relación bilateral, los norteamericanos, tienen muchos recursos para presionar dosificando las dosis, mientras, por el contrario, la Presidenta Sheinbaum, no parece tener una estrategia sólida y menos, unos operadores a la altura de las circunstancias.
Esto la lleva constantemente a buscar distractores para no atender lo fundamental que es cuidar la relación con nuestro vecino del norte salvo que crea, y así parece, que puede ganar más cuidando a Rocha y a los suyos, sosteniendo la conversación y el estigma Sinaloa.
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