Ciudad de México/Pekín, 14 de mayo (SinEmbargo).– El Presidente estadounidense Donald Trump inició la cumbre con el mandatario chino Xi Jinping con pompa y simbolismo. Xi recibió a Trump en el Gran Salón del Pueblo, un imponente edificio en la plaza de Tiananmen que alberga la legislatura de China. Se estrecharon la mano, conversaron brevemente. Luego posaron para las fotos.
Xi Jinping ofreció un banquete en el Gran Palacio del Pueblo en Beijing. Allí, el Presidente de la República Popular China, refundada así el 1 de octubre de 1949 por Mao Zedong, dijo que la relación entre China y Estados Unidos (EU) es la más importante en el mundo actual. “Debemos hacer que funcione y nunca arruinarla”, aseguró, según la agencia de noticias oficial de China, Xinhua.
“Nuestros dos países deben ser socios en lugar de rivales”, declaró Xi. Ambas partes acordaron construir una relación de estabilidad estratégica constructiva para promover el desarrollo estable, sólido y sostenible de sus relaciones, y aportar más paz, prosperidad y progreso al mundo, según la misma agencia oficial china.

Los discursos no borran la escena inevitable de la cumbre: las mujeres no tienen un lugar visible en el mundo que los dos emperadores construyen. Sólo los hombres.
Del lado chino no hay mujeres. O son pocas, en roles menores. Emily McGarvey, periodista de The New York Times, está allí. En su texto de este jueves cuenta que en las fotos de la delegación de Pekín saludando a Trump se ven pocas mujeres en el séquito de Xi. El máximo diplomático chino, Wang Yi, y el mano derecha de Xi, Cai Qi, figuran entre los funcionarios chinos.
“No hay ninguna mujer en el Politburó chino, el órgano de formulación de políticas, compuesto por 24 miembros”, afirma la periodista.
Y del lado de Trump es igual. Diecisiete de los líderes empresariales y ejecutivos más influyentes de Estados Unidos acompañan a Trump. Hay sólo dos mujeres en la comitiva: Jane Fraser, directora ejecutiva de Citi, y Dina Powell McCormick, presidenta de Meta. Y la delegación de funcionarios estadounidenses es lo mismo: va el Secretario de Estado Marco Rubio, el Secretario de Defensa Pete Hegseth, el Secretario del Tesoro Scott Bessent, etcétera. Casi puros hombres.

Las mujeres que acompañan a Trump son familiares o parte del equipo de protocolo. Va Monica Crowley, Embajadora y jefa de protocolo de la Casa Blanca; Anna Kelly, portavoz de la Casa Blanca; Natalie Harp, una de las asesoras presidenciales más cercanas; Margo Martin, asesora de comunicación; y Lara Trump, nuera del Presidente. La primera dama, Melania Trump, no participa en este viaje. En cambio sí va Brett Ratner, el director de Melania, el cuestionado documental de Amazon.
Trump: Mujeres como objeto sexual
La plaza de Tiananmen fue despejada para el evento. El personal militar desfiló para Trump. Eran puros hombres. El salón presentaba enormes escalones alfombrados de rojo y vastas extensiones de mármol, donde soldados colgaron grandes banderas estadounidenses y chinas. Los soldados eran hombres.
Aparecieron como coreografía cientos de niños de primaria vestidos con colores brillantes. Ofrecieron un espectáculo de bienvenida, saltando. Había niñas. Agitaban flores. Los niños izaban banderas estadounidenses y chinas.

La misoginia de Trump ha sido descrita y criticada con ríos de tinta y kilómetros de película (ahora la prensa ya no usa ni tinta ni película, pero se quedó la idea). Suele menospreciar a las mujeres o convertirlas en simples objetos sexuales. Su misoginia, además, a veces se queda un nivel abajo de ser criminal. Su hija es un tema siempre. De ella, de Ivanka, por ejemplo, dijo el 6 de marzo de 2006 en un programa de ABC: “Tiene una figura muy bonita. He dicho que si Ivanka no fuera mi hija, tal vez saldría con ella”.
Antes comentó en The Howard Stern Show, en 2003: “¿Sabes quién es una de las mujeres más bellas del mundo, según todos? Y yo ayudé a crearla. Ivanka. Mi hija, Ivanka. Mide 1.83 metros, tiene un cuerpo espectacular. Ganó muchísimo dinero como modelo, una cantidad tremenda”.
En 2008 mencionó en otra entrevista: “A menudo, cuando me acostaba con una de las mujeres más importantes del mundo, me decía a mí mismo, pensando en mí como un chico de Queens: ‘¿Puedes creer lo que estoy consiguiendo?’”.

En julio de 2015 le dijo a una madre lactante, cuando solicitó un receso médico, durante una declaración judicial, para poder extraerse leche para su hija de tres meses: “Eres repugnante”. Y se entiende si se considera que ese mismo personaje, Trump, le declaró a la revista Esquire, en 1991, que la importancia de todas las mujeres era la de “un pedazo de carne joven y hermosa”. Agregó: “Sabes, realmente no importa lo que escriban [críticas en la prensa contra él] si tienes un pedazo de carne joven y hermosa. Pero tiene que ser joven y hermosa”.
Bob Woodward, uno de los periodistas más famosos del siglo XX, recupera una frase de Trump en su biografía sobre el personaje: “Tienes que negar, negar, negar y contraatacar a estas mujeres. Si admites algo y cualquier tipo de culpabilidad, estás acabado. Tienes que ser fuerte. Tienes que ser agresivo. Tienes que contraatacar con fuerza. Tienes que negar todo lo que se diga de ti. Nunca lo admitas”.



