El PAN llegará débil a las elecciones del nuevo jefe de Gobierno capitalino. Las razones son varias, apuntan analistas políticos consultados por SinEmbargo: una candidata externa al partido; la división interna del blanquiazul que redujo sus grupos de apoyo; su alianza con el PRD que desdibuja su ideología política y que podría alejar al electorado indeciso; la fractura de su base social, misma que podría darle la espalda; el voto “clientelar” que sólo podrá asegurar cuando se perfile como un posible ganador; los votos divididos (tanto de la derecha como de la izquierda); su endeble presencia en la capital del país (sólo controla dos de 16 delegaciones); entre otros.

No obstante, la situación del PAN podría mejorar. Para los politólogos no es impensable su victoria, aunque queda mucho esfuerzo por delante. En la actualidad, dicen, el reto será mantener sus bastiones en la Ciudad de México, pero sobre todo, tiene la difícil tarea de cosechar parte de los 1.6 millones de votos de los ciudadanos que “regresan” a votar por tratarse de elecciones federales y que, por lo general, no votan en las elecciones intermedias. Además están los votos de los indecisos: entre el 6 y el 9 por ciento de los electores.

Ciudad de México, 10 de abril (SinEmbargo).- Débil y fracturado. Así es como llegará el Partido Acción Nacional (PAN) a la elección del nuevo Jefe de Gobierno capitalino. Las encuestas ponen al blanquiazul, con todo y la suma de fuerzas del “Frente por México”, en segunda posición. Además llegará con una candidata impropia; perredista al tenor de Alejandra Barrales Magdaleno. Y con peso en sólo dos de 16 delegaciones (Benito Juárez y Miguel Hidalgo) y una disputa interna que lo llevó a perder a operadores políticos que ahora se suman a otros proyectos o esfuerzos. No obstante, refieren analistas consultados, puede “remontar”.

El contexto de la Ciudad de México es particularmente complicado para Acción Nacional por múltiples razones, concordaron cuatro politólogos. El problema de fondo es que la capital del país “es una ciudad pobre”, mientras que el PAN es “un partido de ricos”, dijo a SinEmbargo el doctor José Fernández Santillán, analista político del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM).

El contraste entre un partido que por principio ideológico rechaza políticas de subsidio, por ejemplo, y la realidad de una base social con carencias, permite que partidos de izquierda con propuestas más afines a políticas de asistencia social, como en los casos del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD), “hagan su base en las zonas pobres”.

Y en todo caso, un caldo multifactorial ha convertido a la Ciudad de México en un bastión para los gobiernos de izquierda. Por lo menos desde 1997, cuando el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano instauró la primera administración del Sol Azteca, que en lo sucesivo y hasta la fecha, se mantiene.

En este periodo de 21 años, el PAN sólo ha tenido una clara oportunidad de gobernar la capital del país, aunque nunca lo ha hecho.

Ocurrió en el año 2000. El primer aspirante presidencial panista, Vicente Fox Quesada, llegaba a la silla grande con 6.5 puntos porcentuales sobre el candidato priista, Francisco Labastida Ochoa. Así, la hegemonía tricolor murió a los 71 años y la llamada “transición democrática” acarreó la esperanza de cambio, no sólo a nivel nacional, sino también, en muchos estados que buscaban la alternancia.

Con ese impulso y como nunca antes había sucedido, el panista Santiago Creel Miranda estuvo a 3.5 puntos porcentuales de llevarse la Jefatura de Gobierno capitalina. Cabe destacar que en las elecciones de 1997, 2006 y 2012, los candidatos panistas perdieron con 34 puntos porcentuales en promedio y que, salvo en el caso de 2006, siempre fueron la tercera fuerza electoral.

“En el 2000, el efecto Fox fue tan fuerte que el candidato de Acción Nacional, que era Santiago Creel, estuvo a punto de ganar la Jefatura de Gobierno capitalino. Fue tan fuerte que arrastró también al voto ciudadano hacia el PAN, que repercutió no solamente en la Jefatura de Gobierno, sino también, en las delegaciones y en las cámaras”, recordó Fernández Santillán.

Los resultados electorales del Instituto Electoral capitalino lo corroboran. Entre 2000 y 2003, la mayor parte del electorado de las 16 delegaciones dio su voto a diputados panistas de mayoría relativa. Luego se desencantaron con el partido y poco a poco sus votos se concentraron en las delegaciones Benito Juárez y Miguel Hidalgo (que hasta la fecha son bastiones panistas).

Lo mismo sucedió en el caso de la elección de delegados. En el año en que Fox llegó a la Presidencia de la República, Acción Nacional se hizo de siete delegaciones (Álvaro Obregón, Azcapotzalco, Benito Juárez, Cuajimalpa de Morelos, Gustavo A. Madero, Miguel Hidalgo y Venustiano Carranza). No obstante, en las elecciones intermedias de 2003, 2006 y 2015 sólo mantuvo sus dos bastiones. En 2009, en cambio, gobernó tres delegaciones (las dos de siempre, además de Cuajimalpa); y en 2012, sólo pudo mantener Benito Juárez.

Sin el impulso del “efecto Fox” y con el espectro de los malos resultados de dos administraciones federales panistas (2000-2006 y 2006-2012), la suerte del PAN en la capital del país decayó.

“Ahora es muy probable que vuelvan a perder Miguel Hidalgo por las broncas con la Delegada Xóchitl Gálvez Ruiz. Por las incongruencias administrativas; y sobre todo, porque el PAN llega dividido”, comentó el doctor Valeriano Ramírez Medina, especialista en movimientos políticos y grupos de poder del Centro de Estudios Políticos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

De acuerdo con Consulta Mitofsky, Alejandra Barrales Magdaleno, abanderada del Frente PAN-PRD-MC a la Jefatura de Gobierno de la CdMx, va en segundo lugar en las preferencias electorales: 11.3 puntos por debajo de Claudia Sheinbaum de Morena. Foto: Tercero Díaz, Agencia Cuartoscuro.

LAS DEBILIDADES DEL PAN

En el contexto actual de la Ciudad de México, según Ramírez Medina, existen tres problemas fundamentales que restan fuerza al partido fundado por Manuel Gómez Morín:

Uno. “Se está desmoronando al interior” porque sus figuras centrales en la capital del país, que eran Santiago Creel Miranda -que ahora está trabajando en la campaña presidencial de Ricardo Anaya Cortés- y José Luis Camargo -ex panista que no apoya las alianzas panperredistas-, “hoy ya no están” o “no están operando para la campaña” local.

Esta situación se torna aún más crítica si consideramos que la división interna del partido hizo que sus grupos de apoyo estén “más reducidos que antes”, señaló el doctor Gustavo López Montiel, director de la Facultad de Ciencias Políticas del ITESM. Y ante esta falta de “solidez” del partido, las posibilidades del PAN “están más bien en los espacios delegacionales y en las diputaciones locales”.

Dos. “El problema es que la Ciudad de México había mantenido muy claras las líneas [o ideologías] de cada partido. No así en algunas entidades, por ejemplo en Nayarit, donde [en 1999] fue por primera vez la alianza PAN-PRD […]. Sin embargo ahora, en esta coalición, [PAN y PRD] se desdibujan”, explicó Ramírez Medina. Suerte que puede hacer que el electorado indeciso opte por partidos alternativos, como en el caso de Morena. Con la fractura de su base social, comentó, es “muy difícil que el PAN opere”.

Tres. El escenario electoral podría complicársele al PAN, porque mucha gente que vota por ese partido lo hace más por una “identidad de clase o de estatus que por una comisión política” (resultados administrativos). Si la línea particular de acción del partido blanquiazul se “desdibuja”, parte del sector de clase media que “busca mantener cierta línea política de defensa ideológica, particularmente en Benito Juárez y en Miguel Hidalgo”, podría darle la espalda, observó el académico de la UNAM.

Asimismo, los politólogos apuntaron que el fenómeno de debilidad del PAN también existe en el denominado “corredor azul” que comprende los municipios de Atizapan, Naucalpan y Tlalnepantla, ubicados en el Estado de México.

Aunque son casos y condiciones muy diferentes, en esta zona, al norte de la ciudad, “el PAN sigue siendo una opción”, aunque probablemente veamos que allí, en los próximos años, el partido blanquiazul “de un paso atrás”, como dijeron los doctores José Fernández Santillán y Valeriano Ramírez Medina.

Cifras del Instituto Electoral mexiquense indican que, en efecto, así como en la Ciudad de México, la fuerza que el PAN construyó entre 1997 y 2006 en los municipios limítrofes con la capital del país, ha ido desapareciendo. Su peso en lugares como Coacalco de Berriozábal, Ecatepec de Morelos, Huixquilucan, Naucalpan de Juárez, Tlalnepantla de Baz y Tultitlán, fue absorbida por otros partidos. Algunos de estos municipios están, en la actualidad, en manos de Morena.

Para los politólogos consultados por SinEmbargo, además, las elecciones a nivel federal determinarán, en mayor o menor medida, los resultados del PAN en los comicios locales. Desde su perspectiva, el riesgo latente es que Ricardo Anaya no levante y genere un “arrastre” negativo para la candidata aliancista, Alejandra Barrales.

“Cuando se montan las elecciones federales con las elecciones locales siempre hay un efecto arrastre. Si Andrés Manuel López Obrador mantiene la ventaja a nivel federal, esa ventaja va a repercutir también en la Ciudad de México. Si en cambio Ricardo Anaya logra revertir esa ventaja […], Alejandra Barrales tiene muchas posibilidades de ser la Jefa de Gobierno”, explicó el doctor José Fernández Santillán.

El doctor Carlos Luis Sánchez y Sánchez, por su parte, fue un tanto más positivo al respecto. En su opinión, “los errores que pueda cometer Anaya tal vez no le afecten tanto a Barrales y viceversa” por estar ligados a partidos políticos diferentes.

En esta dinámica de las figuras individuales que pueden inclinar la balanza electoral a nivel local, están el ex Jefe de Gobierno capitalino, Miguel Ángel Mancera Espinosa; y la candidata independiente a la Presidencia de la República, la ex panista Margarita Zavala Gómez del Campo.

Mientras que Ramírez Medina refirió que la administración de Mancera podría golpear de manera negativa la candidatura de Barrales porque él “no resolvió los problemas sustanciales” que tiene la ciudad, especialistas como Santillán y Sánchez mencionaron que la imagen de Mancera “va a ser utilizada más a nivel federal que a nivel local” (ya que él forma parte del equipo de campaña presidencial).

En el caso de Zavala, Santillán explicó que su candidatura favorece al PRI y a Morena por el simple hecho de que “va a dividir el voto panista”.

LOS RETOS DE ACCIÓN NACIONAL

Hoy, el voto tradicional de izquierda podría no estar mirando de cara al Sol Azteca. Con Morena, Claudia Sheinbaum podrían convertirse en la primera mujer en gobernar la capital del país por elección, no por interinato, como fue el caso de Rosario Robles Berlanga.

Las cifras de febrero de este año de Consulta Mitofsky así lo indican. Según sus datos, Sheinbaum concentra el 38.4 por ciento de las preferencias electorales. Le siguen la perredista Alejandra Barrales Magdaleno (27.10 por ciento) y el abanderado tricolor, Mikel Arriola Peñalosa (10.2 por ciento).

Sin embargo, ese mismo mes, la casa encuestadora Parametría lanzó cifras individuales. El PAN, en solitario, tendría el 13 por ciento de los votos; el PRD, el 18 por ciento; y Movimiento Ciudadano (MC), el 3 por ciento. De este modo, el “Frente por México” tendría el 34 por ciento de las preferencias electorales. En contraste, Morena, por sí sólo, captaría 39 puntos porcentuales (41 si sumamos el peso de su alianza con los partidos del Trabajo y Encuentro Social).

“La primera fuerza va a ser Morena, luego el PRD y muy pegado el PAN… pero muy lejos de Morena”, anticipó el doctor Valeriano Ramírez Medina. Y son elecciones especiales, ya que además de la alianza PAN-PRD, “es la primera vez que la izquierda llega dividida a las elecciones en la Ciudad de México”, recalco el doctor José Fernández Santillán.

En este complejo escenario electoral, los politólogos coincidieron en que el PAN está tratando “de mantener sus bastiones en algunos distritos” de la Ciudad de México. Sin embargo, dijeron, el verdadero reto para los blanquiazules no sólo estará en mantener su fuerza electoral en la capital del país, sino también cosechar los votos que “regresan” durante las elecciones federales.

En cada elección intermedia de la Ciudad de México, la “participación ciudadana decae” en comparación con años en que son celebradas elecciones federales, explicó en entrevista el doctor Carlos Luis Sánchez y Sánchez. Este fenómeno se repite en todos los estados de la República y se espera que sucede el 1 de julio próximo, detalló.

Según el Instituto Electoral capitalino, mientras que en las elecciones intermedias (2003, 2009, 2015) el promedio de participación ciudadana es de 43.1 por ciento, en años de elección federal (2000,2006,2012) es de 67.7 por ciento. Una diferencia de 24.6 puntos porcentuales; o bien, de 1.6 millones de votos.

“Ese segmento del electorado que se retira en las intermedias y que regresa en las constitucionales es la joya de la corona. Es al que tienen que conquistar tanto Morena, como el PRD, en conjunto con MC y PAN, que son los principales opositores del PRI, que no pinta en la Ciudad de México”, profirió Sánchez.

El PAN, como todos los partidos, “tiene que conservar lo ganado en 2015” (poco menos de 500 mil votos); y también, “ganar la mayor parte” del millón y medio de votos “que en promedio regresan a votar y que generalmente tienen las siguientes características: no se identifican con algún partido político […] y deciden su voto en la última semana, o incluso, el mismo día de la elección”.

En ese sentido, Sánchez y Sánchez, como los demás politólogos, apuntó que la apuesta del Frente es atraer a estos votantes, “que si bien ha venido votando por el PRD en los últimos 20 años, no se identifica políticamente con el PRD y ahora Morena disputa esos votos”.

De acuerdo con la casa encuestadora Parametría, el 6 por ciento de los capitalinos aún no sabe por quién votar. Y según Indemerc, esta cifra es superior: 9.1 por ciento del electorado. Esta indecisión supone entre 460 y 700 mil votos adicionales.

Entre los votos de los indecisos y los votos que “regresan” gracias a las elecciones federales, los partidos políticos deberán disputarse más de un millón de votos indefinidos en la capital del país. Entre 1997 y 2012, en promedio, la victoria electoral del Jefe de Gobierno electo fue por un millón de sufragios. Por eso, estos votos son de suma importancia para los partidos y coaliciones.

El PAN, coinciden los politólogos, tiene “la posibilidad de remontar su situación de debilidad” en la Ciudad de México. Ello dependerá de su capacidad para cosechar los tipos de voto mencionados, así como el voto “clientelar”, ya que “las clientelas se mueven de acuerdo a quien tiene la posibilidad de ganar la elección, porque ganar implica recursos”, dijo a SinEmbargo el doctor Gustavo López Montiel, académico de la UNAM.

“Así como Morena ha incorporado a grupos del PAN, recientemente, hay grupos de Morena que también resultaron enojados con respecto a cómo se definieron las candidaturas. Y creo que esos son los grupos a los que eventualmente estará apelando el PRD y PAN en otro contexto”, concluyó.