Yorman era un migrante hondureño. Tenía 16 años cuando se quedó dormido a bordo de la Bestia y cayó. El tren lo arrolló. Hoy, a pocos días de la tragedia, una voluntaria de la casa del migrante en Saltillo, Coahuila, le ha dedicado una carta al joven. A continuación se comparte el texto íntegro. 

Ciudad de México, 8 de agosto (SinEmbargo).– Me cuesta demasiado reconciliar la imagen del periódico con tu cara. Asimilar que es tuyo ese cuerpo destrozado, tirado en las vías, arrastrado, lesionado, fracturado.

Que son tus ojos de niño, tu pelo coloco, tu sonrisa siempre traviesa, tu calidez. Me despierto a la mitad de la noche, con el corazón saliéndome del pecho y las lágrimas constantes, sin fallar un momento. Y pienso en ti y mi corazón late tan rápido como la Bestia, como ese infierno de metal que te quitó la vida. Es tanta la impotencia que no me permite ver que eres tú. No eres tú.

Tú estás viviendo una adolescencia libre, con una familia que te quiere, en un mundo de sueños. No debajo de un tren, con 16 años de injusticias acumuladas y la mirada perdida, gritando por tu dignidad y vida.

Me duele muchísimo saberte así: muerto entre un monstruo de metal. Huyendo de un país de muertos para morir en un país de fosas comunes y cuerpos sin nombres. Solo, siendo aún el niño que tu sonrisa presume. Y duele más saber que tu cuerpo no es tuyo, no te pertenece. Realmente no le pertenece a nadie. Es un cuerpo olvidado e invisible, perdido entre fotografías de desaparecidos. Me mueve el corazón y tiemblo al entender que en tu rostro está reflejado el de miles de migrantes que salieron para morir cruelmente en este país.

Entender que las injusticias que cargabas quedaron completamente silenciadas por las vías. Y que en los años que tenías por delante quedaron arrumbados los sueños de cientos de personas.

Gracias por cruzarte en mi camino, gracias por la vida compartida.

Te quiero hasta el cielo.

Atentamente:

Ana Paula