Los comerciantes, conscientes de la contaminación plástica que afecta a los mares y a nuestra alimentación, concuerdan con la transición de plásticos de un solo uso a compostables y tuppers, derivado de la reforma a la Ley de Residuos Plásticos de la Ciudad de México, cuya segunda parte entró en vigor este enero sin prórroga. Pero el costo del compostable, de fácil degradación, les resulta entre 20 y 40 por ciento más caro, lo que se pasará a los clientes. ¿Es viable una Ley a nivel nacional?

Ciudad de México, 9 de enero (SinEmbargo).– Una de torta de pierna, huevo y quesillo, y un agua de papaya, pidió un señor. Pero no había papaya y optó por piña con limón. Se la darían en bolsa de papel y, cuando regresara por el pedido, traería su propio vaso, dijo José Luis, empleado de la tortería.

“Lo de los compostables está bien. Es lo que necesita el planeta que ya está mal y luego el drenaje se tapa. Antes por cada cosa nos daban una bolsa y ahí tenemos todo acumulado o las tiramos. Es que nos acostumbremos a esto, aunque a veces se nos olvida llevar nuestra bolsa [de tela], que todos los clientes traigan sus tuppers”, aseguró sentado en la mesa que impide el paso de clientes al local. Por estar de regreso al Semáforo rojo, todo para llevar. “Como negocio, nos afecta porque todavía tenemos desechables normales. Nos sobran unas 300 piezas de vasos, popotes, cucharas. Es dinero tirado a la basura”, agregó mientras el dueño entró con huevos en una bolsa de plástico.

Cada mexicano llega a producir entre 45 y 48 kilogramos de basura plástica al año, por lo que México genera alrededor de 6 mil toneladas anuales de estos desechos que, en promedio, se usan 12 minutos. Estimaciones para 2050 pronostican que de seguir este ritmo habrá más plásticos que peces en los océanos. Solo la capital mexicana produce 13 mil toneladas de residuos sólidos a diario, de las cuales, solo mil 900 toneladas se reciclan y el resto se envía a rellenos sanitarios o genera obstrucciones en alcantirallado o sistemas de riego, de acuerdo con la Secretaría de Medio Ambiente de la Ciudad de México (Sedema). Oceana México ha documentado que los plásticos de un solo uso se arrojan a los mares a una tasa de 8 millones de toneladas al año en todo el mundo, pero con la pandemia se incrementó a 12 millones de toneladas, incluyendo embalajes de Amazon, guantes y cubrebocas, lo que afecta a mamíferos marinos, tortugas y peces, por lo que el 25 por ciento de los peces consumidos contienen miniplásticos en sus intestinos o tejidos.

Estimaciones para 2050 pronostican que de seguir este ritmo habrá más plásticos que peces en los océanos. Foto: Oceana México.

Desde el viernes 1 de enero, sin prórroga y con sanciones que van de los 42 mil a los 170 mil pesos, en la Ciudad de México está prohibida la comercialización, distribución y entrega de plásticos desechables de un solo uso, excepto los que sean compostables los cuales, a diferencia de los biodegradables, son susceptibles a biodegradarse al 90 por ciento en seis meses. Quedó fuera de la prohibición tanto bolsas de basura como el plástico que se utilice en el sector médico.

En enero de 2020 se comenzó solo con bolsas de plástico de un solo uso, pero este 2021 la aplicación de la reforma a la Ley de Residuos Sólidos se ha extendido a tenedores, cuchillos, cucharas, palitos mezcladores, platos, popotes, hisopos de algodón, globos, vasos y sus tapas, charolas para transportar alimentos, aplicadores de tampones de plásticos, así como productos que contengan microplásticos añadidos intencionalmente (cremas de exfoliación facial y corporal; protectores solares; geles de ducha; pasta de dientes; jabones y otros productos de higiene personal) y cápsulas de café, informó la Sedema. El unicel, al también ser un plástico de un solo uso, también está prohibido.

“Sienta un precedente de que es posible eliminar plásticos de un solo uso. Sin embargo, esto solo ataca la punta del iceberg y en la Ciudad de México se sigue otorgando productos empaquetados en plástico por falta de sanciones a empresas. La industria plástica aprovechó para engañar otorgando bolsas que dicen que son compostables o biodegradables, o contenedores de polietileno pintados de café, lo cual es una falacia porque se biodegradan en decenas o cientos de años y, además, el proceso se tiene que hacer a nivel industrial”, dijo Esteban García-Peña, coordinador de campañas en Oceana México, organización que impulsa una Ley Federal de Residuos Plásticos para que sea a nivel nacional y homologada, y con ello dejemos de comer microplástico, ya que por la contaminación plástica en mares cada persona ingiere alrededor de 10 gramos de plástico a la semana.

Un vendedor de materias primas en el mercado de La Merced. Foto: Andrea Murcia, Cuartoscuro.

Lilian Guigue Pérez, directora General de Evaluación de Impacto y Regulación Ambiental (DGEIRA) de Sedema, expuso que la inspección y regulación a fábricas productoras de plásticos es limitada porque la mayoría reside en Jalisco. Pero en la Gaceta Oficial de la Ciudad de México están publicado desde diciembre los criterios sobre cómo cualquier empresa interesada debe registrar un producto compostable, y cómo demostrarles con análisis de laboratorio acreditado que su producto es totalmente compostable.

Javier, comerciante de un local de materias primas en un mercado público, consideró que de aplicarse la Ley se irá “su fuente de cómo vivir”, ya que incluso al mayoreo los compostables le cuestan el triple y los materiales con fécula de maíz o agave un 40 por ciento más, incremento que se traspasará a los jugos o comidas corridas de sus clientes. Eso, dijo, sin contar que la prohibición aumentará la demanda de la única alternativa.

“Todos nos vemos perjudicados porque es una cadena. El Gobierno pide lo compostable, pero que lo maneje bien, y que regule bien a las grandes fábricas que siguen fabricando plásticos, no solo a los pequeños comerciantes. Si las fábricas siguen, uno sigue vendiéndolo”, aseguró mostrando una bolsa con bolsas negras. Su local también ofrecía globos, bolsas de todos los tamaños, platos… “Yo sé que es en pro del planeta, pero no somos poquitos los que estamos en este negocio”.

Aldimir Torres Arenas, presidente de la Asociación Nacional de Industrias del Plástico (Anipac), documentó que en 2020 el sector concluyó con una caída de un 8 por ciento por la prohibición de bolsas y la pandemia, un escenario que estiman similar para 2021. “Esta  industria que están prohibiendo específicamente en la Ciudad de México representa para nuestro sector el 20 por ciento de los 30 mil millones de dólares a nivel nacional, por lo que es un golpe muy fuerte. Esto traerá consigo una pérdida de entre 20 y 50 mil empleos, muy similar al año pasado. Hay compañías que ya están trabajando al 15 o 20 por ciento de su capacidad, y otras que tendrán que cerrar porque no han tenido la oportunidad de migrar a otras tecnologías”, dijo Torres. “Este año será muy complicado para nosotros”, agregó, pero expuso que no planean solicitar ni fomentar amparos.

Torres planteó que si bien existe el impacto ambiental (el 11 por ciento de residuos es basura plástica), “no tenemos suficientes centros de composta en la Ciudad de México ni en el país”, y el 100 por ciento de la resina para la fabricación de materiales compostables es importada, lo que los encarece hasta un 350 por ciento. En México el mercado de envase y embalaje representa el 47 por ciento del consumo de plásticos (casi 3.3 millones de toneladas año). Aun si ningún otro país consumiera compostables, aseveró, “no alcanzaría para cubrir la demanda mexicana; no hay el suficiente material”.

¿EL MEJOR ALIADO CONTRA COVID?

La Asociación Nacional de Industrias del Plástico (Anipac) promueve que el plástico “bloquea” el coronavirus por lo que “es el mejor aliado” contra el contagio al “ser más fácil higienizarlo”. Pero Lilian Guigue Pérez, directora General de Evaluación de Impacto y Regulación Ambiental (DGEIRA) de Sedema, dijo que está demostrado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) que el virus por la COVID-19 permanece cuatro días en el plástico, por lo que reiteró que se debe privilegiar la reutilización y el uso de productos y materiales durables para evitar la contaminación plástica en el mundo, principalmente en los mares.

A través de la campaña “Ciudad sustentable, adiós a los desechables”, personal de la Sedema capacita y asesora desde enero de 2020 para la transición en las 16 alcaldías a comerciantes, personal de mercados, tianguis, empresarios, y distribuidores. En marzo, por el inicio de la pandemia, pararon, pero de julio a la fecha continúa el acompañamiento en los establecimientos.

Mientras tanto, José Luis, de una tienda de abarrotes y materias primas dentro de un mercado público, ignora detalles sobre la Ley y su aplicación, por lo que por miedo ha dejado de vender cualquier producto de plástico o unicel de un solo uso, aunque –y más porque en Semáforo Rojo debe cerrar a las cinco de la tarde– tiene llenos sus anaqueles de ello. Y, ni en la Central de Abasto ni en Tlalnepantla, Estado de México, ha encontrado compostables. El que ha conseguido, dijo, le cuesta entre un 20 o 30 por ciento más. Ya sea charola, plato o vaso.

“No lo estamos vendiendo para no tener problemas y no sé muy bien, porque no he estado pendiente de las noticias por el estrés de la pandemia. Pero está bien [la regulación y sanciones] porque esta pandemia es parte que la Tierra no tiene respiración. Nos estamos acabando el planeta”, dijo.

Un joven compra chicharrones. Foto: Cuartoscuro.

Comida en un contenedor de unicel. Foto: Cuartoscuro.

Guigue Pérez expuso que con los productos de plástico acumulados en bodegas lo que podría suceder, como ha pasado con las bolsas, es que se trasladen a sucursales fuera de la Ciudad de México o los comerciantes puedan cambiarlos con los proveedores por otros productos.

Durante el año pasado, cuando por la pandemia se disparó el uso de plásticos, personal de Sedema visitó 2 mil 076 establecimientos ubicados en plazas y corredores comerciales. De enero al 30 de noviembre de 2020, se realizaron 54 recorridos de inspección en donde se aplicaron 174 apercibimientos a locales que incumplieron la normatividad. Para reforzar la cultura del rehúso y recordar la prohibición de 2021, también se visitó de julio al 11 de diciembre mil 432 restaurantes y establecimientos de servicio de comida. En 62 recorridos de la Sedema el año pasado realizados en corredores gastronómicos de la alcaldía Cuauhtémoc, así como en otros establecimientos de Coyoacán, Insurgentes Norte, Insurgentes Sur, San Ángel, Revolución, Centro de Tlalpan, Acoxpa, Miramontes, Prolongación División del Norte, Nápoles, Santa María la Ribera, Del Valle, Agrícola Oriental, Tecamachalco y Lomas de Sotelo, se detectó que 42 por ciento dejó de entregar desechables plásticos.

“En los siguientes días tenemos que ver qué tanto las empresas, restaurantes o la industria redujo su producción y distribución, y qué tanto el Gobierno de la Ciudad de México está cumpliendo con garantizar su prohibición. Hay negocios que están cumpliendo lo de las bolsas de plástico y otros que no”, afirmó Esteban García-Peña, coordinador de campañas en Oceana México. “Hay que empezar a tener esta cultura de tener los propios contenedores como los tuppers o recipientes de vidrio para cuando se vaya por comida para llevar o a los mercados y tianguis”.

Afuera del mercado público, albañiles comían tacos sobre platos de unicel en un puesto informal. La estación del Metro lucía rodeada de puestos de comida y cafés, productos ofertados en vasos de unicel. A unas calles, el piso acumulaba tapas y vasos de plástico tirados.