El pasado 9 de junio el pueblo de Corralitos se convirtió en el emblema de la violencia del crimen organizado que azota a los pueblos de la sierra en Guerrero, pues fue el centro de la guerra que libran dos bandas armadas. Los disparos de arma de fuego penetraron las paredes y destruyeron un equipo de cómputo en la primaria Lázaro Cárdenas. La vida, a partir de entonces, no ha vuelto a ser igual en Corralitos ni en todos los pueblos de la ruta desde Xochipala hasta Tlacotepec.

Antes de junio había más de 70 familias en la comunidad, luego de la balacera la mayoría se fue y regresaron solamente unas 17 que son las que ahí viven actualmente. Ahora hay solo 11 niños de nivel primaria, pero no tienen clases. Por el peligro al que están expuestos la Secretaría de Educación de Guerrero aceptó reforzar paredes, blindar las puertas, ventanas y techo de su primaria para proteger a los niños, maestros y el equipo, compromiso que, denuncian madres y padres de familia, siguen sin ser cumplidos.

Por Zacarías Cervantes

Leonardo Bravo, Guerrero/Ciudad de México, 13 de octubre (El Sur/SinEmbargo).– Ante la violencia en Corralitos, municipio de Leonardo Bravo en Guerrero, el programa Escuelas de Calidad de la Secretaría de Educación de la entidad (SEG) planeó la construcción de una escuela blindada para proteger a los niños, maestros y el equipo, pero la obra está parada e inconclusa y los padres de los estudiantes desconocen si será terminada, ni siquiera saben si reanudarán las clases.

La construcción quedó solamente con las paredes, le faltan ventanas, puertas y el techo que, se dijo, serían reforzados para evitar la penetración de las balas.

Los padres informaron que en la más reciente balacera ocurrida el pasado 9 de junio, las balas penetraron las paredes y destruyeron un equipo de cómputo de la escuela Lázaro Cárdenas del Río.

El miércoles informaron que a partir de entonces funcionarios del programa Escuelas de Calidad planearon reforzar paredes, blindar las puertas, ventanas y techo para proteger a los niños, maestros y el equipo.

Corralitos es un pueblo donde se asientan aproximadamente 80 casas rodeadas de ocotes y encinos que en el tiempo de lluvia se cubren de neblina. En los corrales de las casas crecen peras, duraznos y chile morrón. En la temporada de cosecha las familias salen a venderlos en sus corredores a la orilla de la carretera que va rumbo a Tlacotepec.

El pueblo es el último del municipio de Leonardo Bravo y colinda con el de Heliodoro Castillo, se ubica a menos de 15 minutos de Filo de Caballos. La gente es hospitalaria y amable con los visitantes. Sin embargo, a partir de junio pasado Corralitos se convirtió en el emblema de la violencia del crimen organizado que azota a los pueblos de la sierra.

El 9 de junio Corralitos fue el centro de la guerra que libran dos bandas armadas, la que está Tlacotepec encabezada por Juan Castillo Gómez, alias “El Teniente”, y Onésimo Marquina, conocido como “El Necho”, y la que controla Chichihualco liderada por Isaac Navarrete Celis, alias “El Señor de la I”.

Ese día en la mañana un enfrentamiento entre esos dos grupos dejó tres muertos en este pacífico vecindario, entre ellos el comisario Antonio Cruz, dos casas atacadas con miles de disparos de distintos calibres, así como dos vehículos y dos casas incendiadas.

La vida, a partir de entonces, no ha vuelto a ser igual en Corralitos ni en todos los pueblos de la ruta desde Xochipala hasta Tlacotepec.

Las madres de estudiantes de la escuela Lázaro Cárdenas informaron el miércoles que resultó beneficiada para que les construyeran un aula, “para protección de los niños por la situación que estamos viviendo”.

Pero denunciaron que la obra se suspendió desde hace dos semanas “y la maestra ni viene a dar clases, ni a ver cómo está el proyecto, pero para lo que sí estuvo buena fue para ir con el presidente del Comité de Padres de Familia a las oficinas de la SEG para pedir que se suspendiera la obra, y con eso salimos afectados todos”, contó una madre.

Informó que los padres de familia estaban incorporados al programa Prospera y que sus esposos fueron contratados para trabajar en la obra, pero al suspenderse les dejaron de pagar desde hace dos semanas.

Informó que a las madres de familia también les quitaron el apoyo que estaban recibiendo sus hijos.

Quedaron sólo 11 niños y 17 familias tras la balacera.

En Corralitos antes de junio había más de 70 familias en la comunidad pero luego de la balacera la mayoría se fue, y regresaron solamente unas 17 que son las que ahí viven actualmente.

Informó que hay solamente unos 11 niños del nivel primaria, que no tienen clases “y ni la maestra María de Jesús Cruz Niño ni el otro maestro nos han venido a decir cómo va a continuar esta situación, si nuestros hijos van a tener o no clases definitivamente”.

Agregó que la construcción de la obra la programaron con el presidente de la Sociedad de Padres de Familia, José Bauzan, quien ya ni si quiera vive en la comunidad, no tiene hijos en la escuela “ni tiene nada que ver aquí”.

Una madre de familia denunció que no saben con qué intención la maestra y el presidente de la Sociedad de Padres de Familia suspendieron la obra, “pero salimos afectados todos porque ahora sí que ni escuela, ni maestros ni nada”.

Los padres de familia demandaron que aunque no terminen la escuela cuando menos vayan los maestros a darles clases a sus hijos, “o que si quiera nos digan qué va a suceder, si ya no vamos a tener maestros para que nosotros podamos tener alguna movilización para exigir a los maestros”.

Otra madre de familia denunció que aunque la mayoría de las familias abandonaron la comunidad por la violencia ya regresaron por lo menos 17, y que hay más de 11 niños que necesitan ir a la escuela, “pero independientemente del número lo que se necesita es la educación de los niños, lo que estamos viendo es que aquí no les interesa la educación ni el trabajo de los maestros”, dijo.

Explicó que la construcción de la escuela fue aprobada mediante el programa Escuelas de Calidad pero después de la balacera del 9 de junio las autoridades decidieron construir las dos aulas más seguras para evitar riesgos a los alumnos y a los maestros, así como para proteger el equipo, debido a que en la balacera de esa día los disparos dañaron el equipo de cómputo.

El proyecto, según los padres de familia, consiste en hacer más gruesas las paredes para hacerlas resistentes a las balas, levantar los muros en las ventanas, así como blindar el material de las ventanas, puertas y el techo de las aulas.

Sin embargo, los padres de familia denunciaron que la construcción se suspendió hace más de dos semanas y que no saben si va a continuar la obra o se va a quedar como está, porque los peones de la comunidad que trabajaban allí les quedaron a deber una quincena y no les han avisado si van a seguir trabajando.

Las madres y padres de familia mostraron la obra inconclusa a reporteros cuando el miércoles por la mañana, al pasar una caravana de maestros que iba a Tlacotepec resguardada por policías estatales, les exigieron que les enviaran maestros para que dieran clases a los niños que ya han regresado a la comunidad con sus familias.

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