Cruz ya actúa como si fuera el Gobernador y eso es preocupante. Foto: Andrea Murcia, Cuartoscuro

Cruz Pérez Cuéllar es un político joven, de 50 años, que desde estudiante se ha mantenido activo en este mundo y ahora, tras un golpe de suerte, es senador de la República por Morena, y ya quiere ser gobernador de Chihuahua. Lo vi en la visita de Andrés Manuel a Juárez la semana pasada, y observé como los ciudadanos lo saludaban con gusto, pero él, que llevaba prisa, sólo arrollaba a los que se cruzaban a su paso.

Es un hombre muy diferente del joven que, en los 90 y cuando el PAN luchaba por la democracia electoral, era sencillo, campechano y amigable con los perredistas, que ahora son morenos; en aquel entonces ganó las calles junto a ellos y ahí coincidió con los políticos que ahora son viejos.

Él pertenecía a las juventudes panistas, con mucho orgullo y disposición, y era un activista por el respeto a la voluntad del pueblo y por los principios del PAN, basados en la moral católica; era enemigo de la interrupción del embarazo, iba a misa los domingos, se reconocía como patriarca de su casa y presumía su respeto a los diez mandamientos. Su divisa era “por una patria ordenada y generosa” y se oponía a la corrupción política impuesta por el partido de Estado, que no le permitía al PAN comprar tiempo de publicidad en televisión o hacer uso de los espacios gubernamentales.

Pérez Cuéllar pronto resaltó como dirigente y líder de los universitarios, junto con el ahora Gobernador, Javier Corral, y los dos siempre estaban juntos. Pasaron los años, el PAN y el PRD hicieron coalición y los perredistas se comprometieron con la campaña de Cruz para presidente municipal. La coalición acabó derrotada pero Cruz se convirtió poco después en dirigente estatal del PAN, también fue diputado local y dos veces diputado federal.

En 2012 vino una elección interna en el blanquiazul para designar candidato a Senador y aquellos dos amigos se confrontaron inexplicablemente, pero fue una confrontación a muerte; aunque Cruz ganó, lo acusaron de corrupción política y manipulación de los votantes, así que se declaró nula la elección y más adelante fueron suspendidos sus derechos políticos partidarios; él siempre alegó ser víctima de una injusticia, pero la resolución del partido fue firme y Cruz se convirtió en una especie de paria dentro del PAN. Finalmente dejó al partido que lo vio nacer políticamente y renunció en 2015.

Parecía que la carrera política de Cruz Pérez Cuéllar había terminado, y que ahora tendría que buscar un empleo o un negocio legítimo que le permitiera vivir dignamente, pero no; en las elecciones de 2016 buscó regresar los reflectores, al proponerse como candidato a gobernador por el partido Movimiento Ciudadano. Era una candidatura a modo, para restarle votos al PAN, y él sabía que iba a perder, pero lo importante era seguir entre los círculos del poder.

Aunque terminó por dividir al Movimiento Ciudadano, y vio su influencia electoral disminuida, él retomó impulso para las elecciones de 2018; Cruz se retiró entonces de Movimiento Ciudadano y se acercó a Morena, desde un extremo ideológico y una práctica legislativa en oposición a las propuestas de este partido; sin embargo, y como fruto de las debilidades de sus primeros pasos, el partido de AMLO no pudo lograr un consenso interno y recurrió a las encuestas para nominar candidatos, Cruz Pérez Cuéllar aprovechó esta oportunidad y se inscribió como candidato externo y claro que un político, que había estado en los medios y el ambiente electoral durante los últimos 15 años, resultó ser más conocido que los precandidatos de Morena, novatos en el medio, y acabó como candidato de segunda fórmula.

A raíz del triunfo arrollador de AMLO terminó en un asiento en la senaduría y, como todos los políticos que aprendieron a vivir de las goteras del poder, inmediatamente se consideró merecedor de ser candidato para las próximas elecciones a gobernador en julio de 2021. Esta última vez que lo vi era otra persona; dejó con la mano en el aire a amigos y desconoció a los viejos perredistas, hoy morenos, que lo apoyaron en los 90 y en el 2004.

Cruz ya actúa como si fuera el Gobernador y eso es preocupante, porque la sencillez de Andrés Manuel, similar a la de Pepe Mujica, expresidente de Uruguay, se ve deteriorada por las actitudes arrogantes de quienes, sin coincidencias ideológicas, presentan el rostro y tratan con la ciudadanía, ofreciendo una doble cara de Morena a los futuros votantes.

Este Gobierno tal vez no podamos calificarlo de izquierda, porque la población de México no es de izquierda, pero sí hay profundas diferencias entre el proyecto de nación del PAN y la Cuarta Transformación; mientras Morena da prioridad a la solidaridad con los pobres y trabajadores, a la ruptura de los monopolios, la economía solidaria, la sencillez en el trato y el rostro humano de los políticos, lo que mueve a estos políticos de oportunidad y coyuntura es disfrutar del poder, la vida cortesana y sentirse superiores, por eso son arrogantes.

Y precisamente esa falta de oficio solidario, y mucho oficio manipulador, es lo que lleva a ciertos políticos de Morena a olvidar que fueron electos para servir a la nación; yo no me imagino que Cruz Pérez Cuéllar, cuando era presidente del PAN, fuera a aceptar que algún otro político trashumante, de ideología diferente, llegara de sorpresa para a los dos años querer ser gobernador por el PAN.

Morena no debe asumir una actitud patrimonial y cerrar las puertas a los aliados, pero tampoco puede entregar el poder político de las gubernaturas a quienes no han construido, por lo menos, una visión humanitaria y tolerante de los ciudadanos.

Tampoco me explico que, en Morena, no se puedan poner de acuerdo para definir de una vez quién es el dirigente del partido, tal vez sea porque los prietitos en el arroz son muchos y todos tienen prisa por gobernar esta maravilla de país, aunque más bien tienen prisa para tener poder, y no para cambiar esta sociedad.

¿Para qué poder? Pues, “para poder”, como dijo César Duarte, antes de ser el prófugo más buscado por la Fiscalía de Chihuahua; tal vez por esto es que la multitud de morenos humildes y activistas que llenaron el gimnasio del evento abuchearon a Pérez Cuéllar al descubrirlo en el presídium. Esa habilidad suya para cambiar de bandera y combatir a sus antiguos compañeros me recuerda (toda proporción guardada) a José Fouché, que tanto daño causó a la Revolución Francesa.