Norma Sarabia fue asesinada frente a su casa en Tabasco. Foto: Cuartoscuro

En medio de la frustración que genera el reconociendo de muchas columnas escritas desde hace varios años de asesinatos a periodistas, las palabras carecen de sentido cuando no hay alguien, con la capacidad de mandato, para escuchar y hacer un cambio.

Sabemos que en México matan periodistas quienes buscan ocultar la verdad. Sabemos que para mantener el estado de las cosas hay que asegurar la impunidad. Sabemos que esto sucede porque no existe hasta la fecha un Estado capaz de garantizar que la información llegue a la sociedad sin ninguna represalia para aquellos que buscan acercarla. Sabemos que más instituciones no han sido suficientes para garantizar la libertad de expresión y que aún cuando en la retórica exista un compromiso para acabar con la violencia, a las palabras se las lleva el viento.

Así, reconocemos en México al país donde han matado a 127 periodistas por hacer su trabajo desde el 2000 y dónde la impunidad prima en más del 99% de los casos. En seis meses, seis periodistas han sido asesinados por informanos. No pasa más de un mes sin contar una nueva historia y sin traer a la mesa la exigencia de justicia, verdad y protección integral para la prensa y que tiempo después digamos que nada pasa, que la impunidad sigue y las agresiones también.

Y sí, reconozco que la violencia no es exclusiva responsabilidad de un grupo político o criminal. En nuestro país, la violencia se ha democratizado, pues a todas y todos nos ha tocado, nadie se escapa. Es cierto que las periodistas aún no pueden ver la luz al final del túnel. La tinta en sus hojas y la luz que sale de sus cámaras sigue siendo aquella que refleja la violencia de un México en el que todos los días se cometen graves violaciones a derechos humanos.

Pero qué duro es saber que alguien puede morir por informar. La violencia contra la prensa no cesa y las promesas se agotan cuando el mapa sigue incluyendo nombres de periodistas víctimas en el país ¿cuántas historias han muerto con ellos/as? ¿cómo las vamos a recuperar?

Comunicadores asesinados. Imagen: Especial

La semana pasada asesinaron a Norma Sarabia en Huimanguillo, Tabasco. Ella escribía la nota roja de este municipio de casi 200 mil habitantes. Trabajó por más de 20 años para contar lo que ahí pasaba. En los últimos tiempos informó sobre la violencia que se vivía por el huachicol en la zona. Además de periodista, Norma trabajaba en una escuela como secretaria donde pronto sería docente. En México (1), el periodismo no solo requiere valentía, también pasión pues la precariedad que implica esta profesión es mucha. La mayoría de las y los periodistas en nuestro país tienen que buscar dobles o triples trabajos para sobrevivir y siguen haciendo periodismo.

Al mismo tiempo, en Veracruz, el Estado que sigue siendo el más violento para ejercer el periodismo -solo en 2018, ARTICLE 19 documentó 57 agresiones a periodistas en el estado-, el periodista Marcos Miranda fue secuestrado y posteriormente liberado tras una exigencia fuerte de la sociedad y los medios de comunicación de que apareciere con vida.

El asesinato de Norma Sarabia y el secuestro de Marcos Miranda confirmó ese mensaje de desamparo e impunidad y puso en relieve la necesidad de pasar de las palabras a la acción. Necesitamos una política de protección integral para garantizar la libertad de expresión. Requerimos saber que estos hechos no van a quedarse en la pila -como el 99% de expedientes de las Fiscalías-. Requerimos saber que quienes hacen periodismo pueden ejercerlo en libertad.

1 Ver el perfil completo de Norma Sarabia elaborado por Ixtaro Arteta disponible en: https://bit.ly/2RjTULj