Y es que Vicente Fox no puede estar lejos de un micrófono. Necesita permanentemente hablar, hablar, hablar aunque sea para aportar a su propio escarnio público. Foto: Cuartoscuro.

Y es que Vicente Fox no puede estar lejos de un micrófono. Necesita permanentemente hablar, hablar, hablar aunque sea para aportar a su propio escarnio público. Foto: Cuartoscuro.

“Me disculpo. El perdón es una de las grandes cualidades que tienen los seres humanos, es la calidad de un líder compasivo. Tienes que ser humilde. Usted tiene que ser compasivo. Tienes que amar a tu prójimo”, Vicente Fox lloriquea cristianamente luego del triunfo de Donald Trump, obteniendo una respuesta contundente: prepara tu dinero, porque pagarás por el muro.

Y es que Vicente Fox nunca tuvo límites y tachó a Trump de todo: loco, ignorante, egocéntrico, falso profeta, y en su clímax de calificativos, Trump reviró y le pidió en medio de la campaña que se disculpara y el guanajuatense lo mandó literalmente al diablo y continúo su andanada de calificativos.

No hay duda, de que muchos de los calificativos tienen base, pero cuando alguien se lanza a cuestionar, como lo hizo Fox, no debe haber vuelta atrás. Es lo que piensas y punto. No puedes decir que siempre no, que fue un desliz, al calor de una contienda que por lo demás no es la tuya.

Pedir perdón a Hitler, como lo calificó Fox raya en la humillación más supina. Nunca asumió que un eventual triunfo de Trump los daños no serían sólo para él, sino principalmente para todos los mexicanos y es a ellos a los que debería pedir disculpas. Y, es por eso, que ahora la disculpa a Trump suena a temor y el llamado a la compasión suena a ponerse de rodillas para besarle los zapatos.

Pero, aun ahí, en esa posición infame es sorprendente, pues en su desvarío retórico rescata algo de su despotismo verbal insensato, pues en tres ocasiones le exige cristianamente a Trump reconsiderar en su actitud belicosa y volver a la compasión, con un “tienes” que suena a refrendo de imprudencia política.

Cuanta indignidad de un ex Presidente y cuánto daño le causa al país. Más, el triunfo de Trump llega en el peor momento. Con un gobierno que no se gana el respeto de nadie porque hoy más que nunca vemos a Peña Nieto pequeño, sin autoridad moral y motivo de todo tipo de burlas públicas y privadas, incapaz para dirigir un barco país en medio de la turbulencia y zozobra que han dejado los resultados electorales estadounidenses.

Y es que estamos indefensos política, y paradójicamente, los mejores aliados podrían ser los poderes reales y el propio Trump, quienes para no debilitar la economía estadounidense, le baje a la confrontación y reconsidere en sus propuestas más duras, cómo lo acaba de hacer con el pronunciamiento sobre los indocumentados, a los que luego de haber dicho que los echaría a todos ha terminado por matizar afirmando que solo irán por aquellos que tienen antecedentes penales -Lo cual, por cierto, no es nada nuevo, pues basta darse una vuelta por Tijuana, para ver que esa política de expulsión tiene años activa y genera serios problemas a los gobiernos mexicanos fronterizos. La mayoría de los expulsados del país del norte se quedan ahí esperando, no siempre pacientemente, para intentar volver a cruzar la línea que separa a ambos países.

Pero, en medio de esto, Fox da rienda suelta a su ínfula de líder mundial. El que tiene que opinar sobre todos los asuntos de interés internacional y nacional. Y, cómo no hacerlo, en la contienda presidencial estadounidense si le prestó grandes servicios desde que era gerente de la Coca-Cola y los ratificó ya en la Presidencia de la República.

Necesitaba hacerse oír, más como un tonto con iniciativa, que como un político prudente y respetuoso de lo que pudiera ocurrir allende la frontera norte. Y los medios de comunicación con tal de tener la nota del día le picaban la cresta para qué hablara, hablara, como una versión infame del hoy, hoy, hoy…
Y seguirá haciéndolo, entre llamados a la compasión y el insólito reconocimiento a Peña Nieto, de quien dice fue un visionario, cuando decidió invitar a Donald Trump, aunque aquel haya reconocido que la “habíamos cagado”, como lo revelaría Raymundo Rivapalacio, en varios de sus artículos sobre los entretelones de la crisis de relaciones con el gobierno demócrata.

Y es que Vicente Fox no puede estar lejos de un micrófono. Necesita permanentemente hablar, hablar, hablar aunque sea para aportar a su propio escarnio público. Pero, lo cierto, es que la audiencia que le queda ha pasado del asombro inexplicable a la sonrisa amarga, socarrona y de pena ajena para terminar preguntándose: ¿Cómo este hombre humillado llegó en el 2000 a ser la esperanza de México?

Pero, lo más lamentable de todo esto, es que ante el pasmo que se vive en Los Pinos, qué no logran articular un discurso coherente, el humillado Fox muestra las miserias de muchos de nuestros políticos activos y en retiro. Su actitud agachona y entreguista. Incapaz para hacerse respetar dentro y fuera del país.

En definitiva, las amenazas reales al país, exhiben con toda claridad nuestras limitaciones políticas y exhibe hoy más que nunca de lo que están hechos políticos irresponsables y corruptos. A los que les viene bien el triunfo de Trump, porque se ha transformado en cortina de humo para no tener que atender nuestros problemas de corrupción e impunidad.

Y hasta en la desmesura, Javier Duarte, por ejemplo, escribe en su escondrijo y envía a un emisario al Congreso del Estado de Veracruz con una carta para pedir volver a seguir mal gobernando a este estado bañado en sangre.

Y, mientras tanto Fox, no duerme y pide a todos los santos que Trump recapacite y termine compasivamente por aceptar su perdón.
Somos, muchas veces, un país de risa.