Los relatos conspirativos proliferan durante la pandemia de la COVID-19. Históricamente, han justificado la negligencia de políticas públicas en relación con problemas graves. Es urgente disminuir la brecha entre las instituciones científicas y la sociedad.

En varios países, los relatos de la conspiración han justificado el debilitamiento de los vínculos diplomáticos, la solidaridad mundial y la inspiración de crímenes de odio. Recientemente se ha señalado a los chinos y a los judíos como los creadores del SARS-CoV-2, aunque la investigación científica ya ha demostrado que el virus tiene un origen natural.

Por Abraão Luiz

Ciudad de México, 20 de mayo (OpenDemocracy).- A mediados de 1903, se publicó en Rusia un documento que inspiraría la gran mayoría de las teorías de la conspiración modernas. Los Protocolos de los Sabios de Sión, que pretende ser un documento auténtico (aunque no lo sea), describe un plan detallado de cómo los judíos y los masones buscan dominar el mundo a través de acciones estratégicamente pensadas en la economía, la religión, la cultura, los valores morales, los medios de comunicación, la ciencia, los movimientos sociales, entre otros aspectos.

La publicación del texto en Rusia también marca el comienzo de los Pogroms, cuando miles de judíos fueron asesinados o huyeron del país. El texto se ha traducido a varios idiomas y se ha difundido internacionalmente. Antes del ascenso de Hitler en Alemania, los nazis ya distribuían copias de los Protocolos y los usaban como fuente para el desarrollo de su teoría política.

En la Alemania nazi, el documento se enseñaba en las escuelas, se citaba en los discursos políticos, se utilizaba en la propaganda y finalmente se usaba como justificación para el exterminio de la población judía.

En Brasil, el texto fue publicado por primera vez por Gustavo Barroso, un escritor abiertamente antisemita y miembro de la Ação Integralista Brasileira, un grupo de orientación fascista y de extrema derecha. En los Estados Unidos, Henry Ford financió la impresión de 500 mil copias, distribuidas en los años 20. Inspirando miles de ataques antisemitas en todo el mundo, los Protocolos siguen siendo ampliamente difundidos entre teorías de conspiración y están disponibles en forma camuflada en internet, a pesar de ser fáciles de encontrar.

LA CRISIS EPISTEMOLÓGICA Y EL PAPEL DE LA CIENCIA

Es un consenso en las ciencias humanas que estamos pasando por una profunda y amplia crisis epistemológica. La excesiva desregulación de los mercados financieros, el desmantelamiento del Estado de Bienestar, los frecuentes escándalos en los gobiernos e instituciones religiosas, han generado una desconfianza en la población en relación con sus instituciones.

Las crisis institucionales, observables en la mayoría de los países, son sobre todo crisis de representatividad: desencantada con las instituciones democráticas, con los medios de comunicación y con los gobiernos, la gente tiende a refugiarse en nuevas narrativas. Incluso los hechos científicos y el consenso deben ser abandonados o considerados como un objeto de desconfianza. Esta nueva forma de irracionalismo posmoderno ha dejado un vacío, fácilmente llenado por las teorías de conspiración, marcando la renovación de viejos mitos así como la creación de otros nuevos.

Las teorías de la conspiración ganan un nuevo espacio y popularidad, principalmente porque no necesitan métodos científicos para su validación, ni requieren que su narrativa se construya sobre la realidad de los hechos. En esta nueva era, lo que es “real” tiene menos importancia que lo que “parece verdadero”, siempre y cuando su divulgación cause un mayor impacto en las redes sociales y en los medios de comunicación, o alcance los objetivos de una amplia difusión.

Los hechos objetivos han perdido su relevancia frente a los discursos que “apelan a las emociones” o que equivalen a sus creencias personales. La simple observación del mundo sensible es capaz de impugnar el consenso científico sin el rigor de su metodología. El entorno que propone internet termina por popularizar cuestiones que, sin ser consideradas en el ámbito científico por sus inconsistencias, terminan configurando la opinión pública e incluso las políticas estatales.

Por otro lado, se teme que las ciencias le den poca importancia a este fenómeno. Aunque el contenido de estas teorías es irrelevante para el debate científico, no deben dejarse de lado los mecanismos que permiten popularizar el relato de la conspiración, así como sus consecuencias.

Es necesario recuperar el papel de la verdad del pensamiento científico y de las ciencias humanas en la formación de la opinión y las políticas públicas, haciendo que el papel de la ciencia sea relevante para la población a fin de reducir la distancia entre ésta y la ciencia (así como las instituciones que la representan).

EL NO COMPROMISO CON LA VERDAD, EL DESPRECIO POR LA CIENCIA

Se sabe desde 1921 que Los Protocolos de los Sabios de Sión son una grotesco plagio fraudulento del Diálogo en el Infierno entre Maquiavelo y Montesquieu, escrito por Maurice Joly (1864), como se demuestra en una serie de artículos de The New York Times. El escrito original no trata de la raza o la religión, ni menciona el tema judío. El fraude es tan explícito que los Protocolos copian el 80% de la misma estructura y secuencia de contenido que los Diálogos.

El hecho de que los documentos sean falsos no es un problema para las teorías de conspiración y sus divulgadores. Julius Evola, escritor fascista e inspirador de los movimientos neofascistas del siglo XXI, concluye que, aunque Los Protocolos son un documento falso, son reales, debido al “cumplimiento de su contenido”. Para él, hay dos cuestiones que no están necesariamente vinculadas: “que es la autenticidad y la veracidad, la segunda es más importante en la realidad”. El gran problema de este punto de vista es que la conclusión del supuesto cumplimiento de los “planes judíos”, proviene de una interpretación injusta y sesgada de la historia, que no corresponde a la verdad y no procede de un análisis sincero de la sucesión de los hechos. Incluso Evola, reconociendo las cuestiones que exponen los fraudes del texto, basó toda su teoría racial en él.

La ausencia de datos factuales o la existencia de contradicciones con la historia no debilitan las teorías de conspiración. Por el contrario, se alimentan del negacionismo y el revisionismo histórico, atreviéndose a competir con la ciencia sin ningún respaldo científico. En algunos escenarios (como las crisis económicas, las crisis sanitarias y las pandemias), esas tendencias pueden tener consecuencias desastrosas.

La necesidad de identificar enemigos internos o externos, elemento esencial para las narraciones de conspiración, sustituye a la necesidad de apoyo científico. Para Umberto Eco, es irracional que un libro con tantas evidencias de fraude sea leído y predicado por miles de personas que desarrollarán innumerables teorías de la conspiración basadas en él. La conclusión es que no son Los Protocolos los que generan antisemitismo, sino la profunda necesidad de aislar a un enemigo, lo que hace que mucha gente crea en Los Protocolos.

Esta irracionalidad también se percibe en otras teorías de conspiración más o menos relacionadas con Los Protocolos, en la medida en que la gran mayoría de ellas afirma que grupos como los judíos, los masones, los Illuminati y los “reptilianos” serían seres infrahumanos, que ocultan verdades fundamentales a toda la población y cuyo principal objetivo sería destruir la civilización occidental y la raza blanca, exterminar a parte de la población o esclavizarla.

Ilustración de una Tierra plana basada en la de un cosmógrafo asiático del siglo XII. Foto: Especial

El movimiento terraplanista, por ejemplo, cree que los grupos mencionados ocultan la verdadera forma de la tierra (que sería plana) a toda la población, a pesar de que hay miles de pruebas científicas documentadas que demuestran que la forma de la tierra es esférica. Según este movimiento, la idea de una “Tierra Esférica” sería un plan para que la gente dejara de creer en Dios.

LA CIENCIA, INSTRUMENTO DE DEMOCRATIZACIÓN 

Las investigaciones sugieren que las creencias de conspiración son psicológicamente dañinas y patológicas y que están muy relacionadas con la proyección psicológica, la paranoia y el maquiavelismo. A lo largo de la historia, las teorías de la conspiración han sido un instrumento de alienación, sufrimiento, persecución y justificación de exterminios como el holocausto nazi y los Pogroms en todo el mundo.

En Brasil, y en otros países, los relatos de la conspiración han justificado la negligencia de las políticas públicas en relación con problemas graves, el debilitamiento de los vínculos diplomáticos, la lucha contra la solidaridad mundial, el debilitamiento de la amistad entre los pueblos y la inspiración de crímenes de odio. Recientemente se ha señalado a los chinos, a los comunistas y a los judíos como los creadores y manipuladores del SARS-CoV-2, aunque la investigación científica ya ha demostrado que el virus tiene un origen natural.

Es más que necesario trabajar por una intensa difusión científica y la concienciación sobre el avance de las pseudociencias y las teorías conspirativas. El producto científico y la investigación deben orientarse al uso popular, de manera que se abarque a la mayoría de la población. Es necesario discutir estos nuevos fenómenos, así como la urgente disminución de la distancia entre las instituciones científicas y la sociedad común.

La ciencia debe ser un instrumento de democratización de la educación y el conocimiento científico, recuperando su papel en la formación de la opinión y las políticas públicas.

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