Pintura: Tomás Calvillo Unna

Este es un cuento de invierno y la razón que me lleva a narrarlo, es que mi hijo se quedó varado en la carretera y es tal la neblina y el frío que no reconoce dónde está. A mi primo le sucedió lo mismo, ya lleva varias horas detenido, sin tener del todo claridad, cree que está en una curva junto al lago al cual esperaba llegar. De alguna manera está ahí, lo presiente, fue lo último que escribió en su chat.

Mi vecino, un ruso que toca el chelo en la orquesta de la ciudad, también se encuentra en esa situación en una larga recta, según me comentó Svetlana, su esposa que toca el piano. Y al igual que otros casos, ya son decenas de personas que quedaron atrapadas, en algún lugar del camino que transitaban.

Los celulares no funcionan bien, las señales son intermitentes así que los mensajes que recibimos no explican con claridad que está sucediendo.

He perdido el contacto con mi hijo desde el mediodía, y ya son las siete de la noche; lo último que escribió: “es que todo tiene tonalidades grises con trazos de plata y blanco sin poder ver más allá de un metro… se escuchan ruidos de algunos motores hasta que se apagan, voces y murmullos, lo único que no me gusta es un zumbido que se oye como si proviniera del suelo” fue su último texto.

No me ha vuelto a responder. He buscado alguna información en las redes y nada aparece, solo noticias de la guerra en Medio Oriente que ya se desató y ocupa prácticamente toda la atención mundial de los medios. La Navidad ha sido cancelada en Belén. Jerusalén está tomada por el ejército israelí y las rebeliones en Palestina no cesan, así como las incursiones de diferentes grupos provenientes de lo que fue Siria, y de Líbano, Jordania y Egipto.

Nos hemos reunido en la oficina del Fraccionamiento para organizar la búsqueda de nuestros familiares y amigos que se encuentran varados en las carreteras. Algunos iban hacia el norte Matehuala, Saltillo, Monterrey, otros hacia Querétaro o México, unos más a Guadalajara, Aguascalientes. La misma condición de todos, están inmersos en una densa neblina que parece no moverse, e incluso, según un último mensaje, está más espesa y cerrada. Suponemos que la mayoría permanece dentro de sus propios automóviles.

Hemos discutido que hacer, como emprender la búsqueda e incluso aunque no nos gusta la palabra, el rescate de los nuestros. No hemos llegado a un acuerdo. Y veo difícil que lo logremos pronto.

Al terminar nuestra reunión, ya no pudimos salir, la intempestiva neblina nos alcanzó y estamos envueltos y absortos en ella todavía, mientras emerge bajo nuestros pies una vibración; tal vez sea el zumbido que mencionó mi hijo.