Un enfoque en la inmunidad de las mucosas también podría hacer posible el desarrollo de un tipo de vacuna, como una vacuna nasal, que podría ser más fácil de almacenar, transportar y administrar. De hecho, varias de estas vacunas están ahora en desarrollo para COVID-19, pero se desconoce su avance.

Madrid, 30 de noviembre (EuropaPress).- Un nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad de Buffalo, en Estados Unidos, advierte de que se deberían dedicar más estudios de COVID-19 a cómo surge la inmunidad al SARS-CoV-2 en las membranas mucosas de la nariz y la boca y consideran una “grave omisión” no haberlo hecho hasta ahora.

En el estudio, publicado en la revista Frontiers in Immunology, señalan que las mucosas contienen el componente más grande del sistema inmunológico, por lo que ven preocupante que no hayan sido un foco de gran parte de la investigación sobre COVID-19 hasta la fecha.

“Creemos que es una omisión grave ignorar la respuesta inmune de la mucosa al SARS-CoV-2, dados sus sitios iniciales de infección –razona Michael W. Russell, profesor emérito del Departamento de Microbiología e Inmunología de la Escuela Jacobs de Medicina y Ciencias Biomédicas de la UB, y autor principal del artículo.

Algunos países, como Cuba, están desarrollando una vacuna nasal. Foto: AP

“Claramente, la respuesta del anticuerpo de inmunoglobulina G sistémica (el anticuerpo circulante más abundante) es importante, no lo negamos, pero por sí solo es insuficiente”, advierte.

Russell señala que, naturalmente, el enfoque inicial de la investigación sobre la enfermedad estaba en los casos de enfermedad grave cuando el virus desciende al tracto respiratorio inferior, especialmente a los pulmones, donde las respuestas inmunitarias celulares exacerban la inflamación en lugar de combatir la infección.

Pero dado que el tracto respiratorio superior, incluida la nariz, las amígdalas y las adenoides, es el punto inicial de infección del virus SARS-CoV-2, las respuestas inmunitarias que se desencadenan allí son de especial interés.

Además, la alta tasa de transmisión asintomática de COVID-19, que los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos estimaron recientemente en más del 50 por ciento, es otra razón por la que la inmunidad de las mucosas es tan importante, según los autores.

“Dado que muchas personas infectadas permanecen asintomáticas, y que una gran cantidad de las que desarrollan síntomas sufren sólo una enfermedad leve a moderada, esto sugiere que algo, en alguna parte, hace un buen trabajo para controlar el virus”, señala Russell.

“¿Podría ser que esto se deba a las primeras respuestas inmunitarias de la mucosa que logran contener y eliminar la infección antes de que se agrave? -se pregunta-. No lo sabremos a menos que se aborden estas preguntas”.

El documento recomienda que se necesiten estudios para determinar la naturaleza de las respuestas de anticuerpos de inmunoglobulina A secretora de la mucosa (SIgA) durante el curso de la infección, incluida la infección asintomática o presintomática, y los casos leves y moderados de enfermedad COVID-19. Además, los autores señalan que las respuestas inmunitarias de las mucosas pueden variar según los diferentes grupos de edad y poblaciones.

La OMS recientemente dijo que el sector salud y la población en riesgo serían los primeros en recibir las vacunas. Foto: AP

Un enfoque en la inmunidad de las mucosas también podría hacer posible el desarrollo de un tipo de vacuna, como una vacuna nasal, que podría ser más fácil de almacenar, transportar y administrar. De hecho, varias de estas vacunas están ahora en desarrollo para COVID-19, pero se desconoce su avance.

Russell agrega que estas vacunas podrían no tener requisitos especiales de temperatura y podrían ser más apetecibles para grandes sectores de la población, especialmente los niños, porque no requerirían una inyección.

“La ventaja potencial de una vacuna mucosal, especialmente una que es intranasal, es que debe inducir respuestas inmunes, incluidos anticuerpos SIgA, en los tractos mucosos, en este caso especialmente en el tracto respiratorio superior, donde el coronavirus hace el primer contacto”, explica Russell, que agrega que las vacunas inyectadas generalmente no hacen esto.

Entre las áreas de estudio que los autores sugieren que serían constructivas se encuentran los estudios moleculares sobre anticuerpos IgA y su relación con el estadio de la enfermedad de COVID-19, y la determinación de las características de las células que secretan anticuerpos IgA y otras células inmunes de la mucosa inducidas por la infección o por vacunación.

“Como inmunólogos de la mucosa con varias décadas de experiencia a nuestras espaldas, nos ha perturbado la falta de atención a esto, y esperamos llamar la atención sobre esta omisión evidente –dice Russell–. Después de todo, el sistema inmunológico de las mucosas es, con mucho, el componente más grande de todo el sistema inmunológico y ha evolucionado para proteger las superficies de las mucosas donde surgen la gran mayoría de las infecciones”.