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Los viejos, nuevos retos de la izquierda en Brasil: la desigualdad y el crecimiento

31/10/2022 - 10:27 pm

Lula fue elegido Presidente de Brasil con el 50.9 por ciento de los votos. Tras esta elección tan polarizada entre dos candidatos que lo tenían todo en contra, tendrá que abordar la urgente tarea de resolver los problemas económicos de los brasileños.

Francia, 31 de octubre (RFI).– La economía es la principal prioridad citada por los votantes. Apenas recuperados de la pandemia y del desempleo que provocó, los brasileños se enfrentan a una la inflación. En uno de los países más desiguales del mundo, la subida de los precios fue un cataclismo. Gracias a la pronta actuación del banco central, y al apoyo presupuestario con la suspensión de un cierto número de impuestos sobre los hidrocarburos, la presión se ha reducido mucho, y la inflación ha ido bajando desde abril. Todavía está en el 7 por ciento.

Comer lo suficiente sigue siendo una gran preocupación para el 15 por ciento de los brasileños que sufren inseguridad alimentaria, frente a sólo el 4 por cientoen 2010, cuando Lula dejó el cargo. Ha prometido reforzar la asistencia social puesta en marcha por su predecesor y borrar parte de las deudas acumuladas durante la pandemia.

El expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva festeja con su esposa Rosangela Silva, izquierda, y su compañero de fórmula Geraldo Alckmin, derecha, luego de que la autoridad electoral dijo que venció al Presidente Jair Bolsonaro para convertirse en el próximo mandatario del país, el domingo 30 de octubre de 2022, en Sao Paulo, Brasil.
“Lo primero que hay que decir es que la victoria del partido de Lula fue muy cerrada, lo que hace pensar que la sociedad brasileña está fragmentada políticamente por la mitad”. Foto: André Penner, AP

SEGUNDO RETO PARA EL PRESIDENTE: VOLVER A CRECER

Brasil, antes de COVID, ya era un gigante adormecido, estancado en un crecimiento lento, demasiado débil para redistribuir la riqueza creada a una población en rápido crecimiento: 0.3 por ciento de crecimiento anual de media en los últimos diez años, esto es dos veces menos que la tasa de crecimiento de la población. De ahí el empobrecimiento, la degradación que están sintiendo los hogares.

Tras retroceder durante la presidencia de Lula a principios de la década de 2000, la desigualdad se ha disparado en los últimos 10 años entre los ricos y los pobres, pero también entre los habitantes del Sur y del Norte.

Los del noreste ganan la mitad que los del sureste y tienen el doble de probabilidades de estar desempleados. Las desigualdades en el desempleo también son muy elevadas. Las mujeres y las personas de color sufren mucho más que los hombres blancos.

¿QUÉ POLÍTICAS SE DEFIENDEN PARA REDUCIR LA DESIGUALDAD E IMPULSAR EL CRECIMIENTO DE BRASI?

La mejora de la educación, la reforma del Estado para hacerlo más eficiente y la reforma del sistema fiscal, a menudo desfavorable para las empresas, son los proyectos a largo plazo citados habitualmente por los economistas. Estas cuestiones fundamentales no se abordaron durante la campaña.

Lula ha invocado sus mandatos pasados, que corresponden a una época de prosperidad, la única en la que las desigualdades han disminuido. Pero no podrá aplicar las mismas recetas, porque mientras tanto Brasil se ha endeudado mucho. Por tanto, su margen de maniobra fiscal es mucho más limitado y el contexto global es muy diferente. El auge de las materias primas ya no es relevante en 2022.

FUERZA DE BRASIL SIGUE EN RECURSOS NATURALES

La industria, que solía proporcionar puestos de trabajo bien remunerados, está en declive desde hace treinta años. La agroindustria, favorecida por Jair Bolsonaro, los minerales y el petróleo son los principales motores del comercio exterior. Reorientar la economía hacia actividades mejor remuneradas y más creadoras de empleo es una necesidad.

En esta foto de archivo del 23 de agosto de 2020, el ganado pasta en tierras recientemente quemadas y deforestadas por ganaderos cerca de Novo Progresso, estado de Pará, Brasil. Foto: Andre Penner, AP, archivo.

Para lograrlo, tienen que atraer a los inversores, empezando por defender el medio ambiente y la selva amazónica. Este es el compromiso adquirido por Lula. En el futuro inmediato, tendrá que reconciliar al país para poder gobernar y legislar. El sistema político brasileño, en el que las regiones y el Congreso son considerables contrapoderes, es uno de los principales obstáculos para el cambio.

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