Sin santuarios, la ley no alcanza para los delfines en México

22/03/2026 - 6:40 am

Hace unos días, Empty The Tanks México publicó un video grabado con dron de un delfinario en Cancún, en el espacio que antes operaba como Ventura Park. En las imágenes no hay interacción ni actividad visible, solo delfines que permanecen prácticamente inmóviles durante varios minutos. El vídeo ha superado las 90 mil reproducciones y ha generado una reacción clara: incomodidad.

Este caso no surge en el vacío. El delfinario, operado por Dolphin Discovery, permanece cerrado al público desde mediados de 2025 tras el cierre del parque, y actualmente se encuentra bajo escrutinio por presuntas malas condiciones y posible abandono. Aunque la empresa ha declarado que los animales continúan recibiendo cuidados veterinarios, también se han documentado signos de deterioro en las instalaciones y un contexto de incertidumbre sobre el futuro de los delfines.

Las autoridades han señalado que los animales no están abandonados. Sin embargo, esa afirmación no resuelve el problema de fondo. Un animal puede no estar abandonado en términos administrativos y, aun así, encontrarse en condiciones que no responden a sus necesidades físicas y cognitivas. La falta de estímulo, de espacio y de complejidad ambiental también es una forma de deterioro.

En julio de 2025, México reformó el Artículo 60 Bis de la Ley General de Vida Silvestre, prohibiendo el uso de mamíferos marinos en espectáculos y su reproducción en cautiverio. La ley establece además que estos animales deben ser trasladados a corrales marinos en un plazo máximo de 18 meses, garantizando condiciones más cercanas a su entorno natural.

El país ya definió el rumbo. El problema ahora es la ejecución.

Santuarios, una necesidad

Muchas empresas no están cumpliendo con la ley y hay animales que permanecen en instalaciones que ya no deberían ser su destino final. Han salido del espectáculo, pero no han llegado a un entorno adecuado, quedando en una transición indefinida que, en la práctica, se prolonga.

En este contexto, la creación de santuarios marinos deja de ser una opción y se convierte en una necesidad operativa. No se trata de liberar animales sin preparación, sino de ofrecer espacios donde puedan rehabilitarse en contacto con el mar, recuperar capacidades y, en algunos casos, eventualmente reintegrarse.

Esto ya está ocurriendo en otras partes del mundo.

En Indonesia, el centro Umah Lumba desarrollado por autoridades ambientales junto con organizaciones como Dolphin Project opera como un espacio permanente para la rehabilitación, liberación y retiro de delfines provenientes del entretenimiento.

En 2022, tres delfines, Johnny, Rocky y Rambo, fueron rehabilitados y liberados con éxito. Rocky logró integrarse a grupos silvestres, mientras que Johnny, incluso después de intervenciones médicas complejas, pudo adaptarse nuevamente al océano. Otros individuos que no pueden ser liberados permanecen en estos espacios de por vida, pero en condiciones significativamente más adecuadas.

Este tipo de modelos demuestra que la transición sí es posible, pero requiere planificación, inversión y voluntad de implementación.

Un modelo que no es aceptable

La petición de Change.org impulsada por Empty The Tanks México plantea justamente esto: cumplir la ley, construir corrales marinos, garantizar supervisión y asegurar un traslado digno. No es una exigencia abstracta, sino una solución concreta a un problema que ya existe.

Lo que ocurre en Cancún muestra con claridad el vacío actual. La reforma de la ley fue importante, pero sin la infraestructura necesaria, los animales quedan atrapados entre un modelo que ya no es aceptable y una alternativa que aún no se construye.

Los santuarios no son un gesto de buena voluntad. Son una responsabilidad de la industria que los ha explotado durante décadas.

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Jessica González Castro

Jessica González Castro

Jessica González Castro es Directora en Latinoamérica para la organización internacional Generación Vegana. Estudió la licenciatura en Administración de Empresas de Hospitalidad en la Universidad del Valle de México. Fundó el primer centro comunitario vegano en México, Casa Animal.

Lo dice el reportero