María Rivera
Mundial
26/03/2026 - 12:01 am
"El próximo mundial del futbol me emociona poco y me causa repugnancia pensar que mientras se comete un genocidio, hay quienes pueden celebrar un torneo".

Ay, querido lector, lectora, qué tristeza más grande lo que está ocurriendo en el mundo. Lo que lleva ocurriendo desde que Israel y Estados Unidos cometieron el atroz genocidio en Gaza.
Una ya no puede asomarse a las noticias internacionales porque todo es muerte, injusticia, horror. La pregunta que le hago y me hago es ¿qué hacemos con ese horror?
No sé si usted que me lee haya pensado en esto. No es fácil responder la pregunta, porque más allá de informarnos parece que miles, millones de personas en el mundo no podemos hacer nada al respecto.
Y es esta pregunta la que me impide sentarme a escribir sobre otras cosas: me conformo con escribir estas líneas para no contribuir a la normalización de la injusticia y el horror.
Claro, usted podría decir, y con razón, que vivimos lejos de las guerras que actualmente se llevan a cabo en Medio Oriente. Pero en realidad lo que ocurre en Gaza, que sigue siendo bombardeada, en Irán, en el Líbano que está siendo despojado de su territorio; en Venezuela o en Ecuador son terribles noticias que nos afectan a todos los que no queremos vivir en un mundo sin ley, sometido por un criminal desde la Casa Blanca y un nazi en Medio Oriente.
Como le comentaba la semana pasada, estamos en el territorio de lo impensable, porque un par de gobernantes han decidido dinamitar todo el orden internacional. O uno, que ha amparado al monstruo nazi que ha vuelto a asomarse en este siglo: invasión de países, robo, guerras genocidas, holocaustos. De pronto, noticias sobre el asesinato de niños en Gaza, o en el Líbano o en Irán parecen no importarles a los grandes medios de comunicación, como si fueran hechos “normales” y legítimos de las guerras. Como si bombardear hospitales lo fuera, como si fuera legal asesinar a los periodistas. No, no es normal ni legal ni legítimo. Israel y Estados Unidos están cometiendo crímenes de guerra frente a los ojos del mundo. Invadir un país para ocuparlo y robarse su territorio, tal como hacía Hitler, es un crimen. Eso hace Israel con el sur del Líbano. Ha decidido desplazar a su población, bombardearlo, asesinar a médicos, periodistas, niños y familias enteras para apoderarse de esa tierra: lo mismo que hizo en Gaza. La ONU alerta, justamente, sobre este hecho, pero sólo eso, alerta. Nadie la escucha. Israel, que fue un país creado por una concesión colonial internacional, ahora pretende expandir sus fronteras escudado en la guerra con Irán. No oculta sus intenciones, ni sus delirios religiosos supremacistas: es impune, como lo fue Hitler. Sí, querido lector, Netanyahu es un nazi en toda forma, e Israel un Estado genocida y criminal. Ya no alcanzan las palabras, la verdad, para describirlo. Su gobierno viola presos, tortura a niños, masacra pueblos, borra ciudades, organiza pogromos contra los palestinos en Cisjordania, somete a la hambruna a poblaciones enteras como en los campos de concentración nazis. Todo, habilitado por el fascista Presidente de los Estados Unidos que es capaz hasta de ofrendar la vida de sus propios ciudadanos para defender los intereses criminales de Netanyahu y llevar al mundo y a su propio país a una crisis económica y a una conflagración de dimensiones insospechadas.
El daño que ha causado Donald Trump en el mundo y que seguirá causando si el pueblo norteamericano lo permite, es realmente inmenso. No se han necesitado meses ni años, sino meras semanas para constatarlo. El discurso bélico, el discurso del odio y la muerte, fascista al fin y al cabo, está ya instalado en la Casa Blanca. Bajo el pretexto del combate al “narcoterrorismo” Estados Unidos, en alianza con gobiernos de América Latina, está ya mostrando que es capaz de llevar a cabo operaciones militares para “exterminar” a los “narcotraficantes”. Vergonzosamente, los países gobernados por la derecha más aborrecible le han cedido su soberanía para que Trump cometa atrocidades contra sus propios ciudadanos, como ser bombardeados.
Eso quiere decir que se le da entrada libre al asesinato impune, sin juicios ni legalidad alguna. No es una conjetura; ya está sucediendo. Los asesinatos de pescadores en el Caribe, los asesinatos de venezolanos en el secuestro ilegal de Maduro, los asesinatos de niñas en Irán, los asesinatos y torturas cometidos en Ecuador en una granja lechera por el gobierno ecuatoriano en coordinación con el estadounidense, hablan elocuentemente de lo que está ya ocurriendo. Los demonios están sueltos, querido lector, en distintos hemisferios y nada bueno puede esperarse si no se detiene la locura bélica de quien se pensaba a sí mismo como digno merecedor del premio Nobel de la Paz… sí, en ese delirio barbárico estamos sumidos.
No sé usted, pero a mí en medio de este caos, el próximo mundial del futbol me emociona poco o nada y hasta me causa repugnancia pensar que mientras se comete un genocidio, se roban territorios, se somete a nuestros hermanos cubanos a la crueldad ilegal del bloqueo estadounidense, hay quienes pueden celebrar un torneo deportivo mundial.
¿Qué hacemos con quienes están muriendo en los hospitales cubanos por la falta de electricidad causado por el bloqueo criminal de Trump? ¿hacemos como que no sucede tanto sufrimiento en el mundo? ¿fingimos que el daño sobre las poblaciones causado por el Presidente de Estados Unidos no existe? ¿qué no está robando en descampado al pueblo venezolano? y ¿qué hacemos con las atrocidades cometidas por los nazis sionistas en el Líbano? ¿y los campesinos torturados en el Ecuador? ¿qué hacemos con tanta indignación e impotencia?
No sé, querido lector, yo se lo pregunto y me lo pregunto. También, qué haremos cuando el fuego, que ya está en nuestro continente, finalmente nos alcance.
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