María Rivera
Criminales
09/04/2026 - 12:01 am
"Trump tiene que decidir si se convierte en un nazi y sigue la campaña de Netanyahu, o si se preocupa por su sobrevivencia política".

A la hora que escribo esta columna, querido lector, Israel acaba de lanzar una ataque brutal y sangriento contra el Líbano, violando el acuerdo de paz. En diez minutos bombardearon Beirut, densamente poblado, cometiendo una masacre indiscriminada contra civiles. Atacaron zonas residenciales y los muertos se calculan ya en más de quinientas personas, con miles de heridos. Las imágenes de los ataques recorren la red con su violencia obscena. Tal cual lo hizo con Gaza, ahora Netanyahu está cometiendo intolerables crímenes de guerra en el Líbano al que, además, ha sometido a limpieza étnica en el sur, para tratar de expandir sus fronteras. Esto lo ha podido hacer por su alianza con Trump y mientras se llevaba a cabo la guerra contra Irán.
Asesinos es una palabra que no los describe, se queda corta. Lo he escrito aquí antes, pero no hay ya otra palabra para Israel más que nazismo. No es un insulto, sino una categoría que sirve para describirlo a falta de otra, porque las coincidencias entre el sionismo de Israel y el nazismo son no sólo innegables, sino terroríficas. Vea nada más: los nazis creían que pueblos enteros, incluidos niños y mujeres, tenían que ser borrados de la faz de la tierra, creencia compartida por Israel que ha cometido un genocidio con los palestinos que continúa al día de hoy: desde el 1 de enero ha impedido que la ayuda humanitaria entre a Gaza para salvar a quienes sobrevivieron a sus bombardeos. Sólo los nazis construyeron guetos y campos de concentración como lo ha hecho Israel en Gaza, para someter a hombres, mujeres, niños y viejos a la hambruna y la muerte, privándolos de las necesidades básicas para la vida: vivienda, alimento, agua, cobijo, atención médica, manteniéndolos presos, sin que puedan salir y sin que nadie pueda entrar a ayudarlos.
Los nazis se consideraban una raza superior y despreciaban a las “inferiores”, tal cual los israelís creen que son un pueblo “elegido”, superior a sus vecinos árabes con derecho de degradarlo o asesinarlos. Los nazis crearon leyes racistas para la población judía, tal como los israelís crearon recientemente una para asesinar presos en sus cárceles, que solo aplica para palestinos (no para israelís). Del mismo modo, los nazis impedían que los judíos caminaran en las aceras y les negaron derechos de ciudadanía, exactamente de la misma manera como Israel hace con los palestinos. Los nazis cometían limpieza étnica para establecer colonias de alemanes de raza superior sobre las propiedades de judíos, como hacen los colonos israelís con las tierras de las que son despojados los palestinos.
Los nazis eran unos asesinos genocidas, como sabemos, y también lo son los israelís comandados por Netanyahu: mataron durante meses miles de niños y mujeres en Gaza porque no los conciben como seres humanos y porque consideran que los territorios de los demás les pertenecen, por motivos religiosos. Sí, creen que son un pueblo elegido, como los nazis, que tiene derecho a la tierra porque lo dice un libro “sagrado”. Esa es la terrible verdad, querido lector. Y es terrible porque ese país consiguió crearse tras el holocausto como una concesión internacional colonialista, sobre los verdaderos dueños de esa tierra donde convivían árabes y judíos pacíficamente.
El odio, la obscenidad criminal con la que han tratado a los palestinos en Gaza fue un aviso de lo que pasaría si se permitía esa atrocidad. Y la comunidad internacional la permitió, a pesar de que Netanyahu es buscado por genocidio en la Corte Penal Internacional, los palestinos siguen siendo sometidos a torturas. Estados Unidos ha sido el responsable de que ese país haya podido cometer los más horrendos crímenes, que no voy a repetir ahora en esta columna. Basta con recordar como dejó morir a bebés palestinos en incubadoras deliberadamente, como bombardeó hospitales o cómo asesinó familias enteras: nietos, sobrinos, padres, abuelos, tíos. De hecho, es insuficiente decir que bombardeó hospitales: destruyó, arraso, desapareció ciudades enteras. Ni los alemanes, ni los aliados llevaron a cabo una destrucción tan masiva como lo hizo Israel en Gaza que, además, no tenía ejército alguno para defenderse, lo cual lo vuelve un crimen más terrible. Era obvio que el motivo era aniquilar a población civil y destruir cualquier resto material, para poder hacerse de esa tierra. Crimen que lograron, con la intervención de Trump, su yerno y amigos empresarios, que se han apropiado de la Franja y proyectan ya un complejo urbano sobre los cuerpos de miles de palestinos asesinados, como parte de la “Junta de Paz” de Trump. Un complejo urbano en el cual los palestinos no serán libres, sino obreros de los complejos de Trump y en el que serán vigilados e “instruidos” desde niños para que no “odien” a sus verdugos. Sería una perfecta distopía orwelliana si no fuera una ominosa e intolerable realidad.
Como verá, ese crimen de lesa humanidad, absolutamente obsceno, que han cometido en Gaza Netanyahu y Trump, sólo puede describirse como nazi, con la diferencia de que los nazis no tuvieron tiempo de llevar hasta sus últimas consecuencias sus planes colonizadores y fascistas, porque en 1945 perdieron la guerra. Para la Franja de Gaza, no se ve ninguna esperanza en el futuro cercano, ni para el conflicto en Medio Oriente. La guerra unilateral que emprendieron Estados Unidos e Israel contra Irán, violando la ley internacional, es parte de los planes genocidas y supremacistas de Israel, así como la anexión de parte de Líbano. No sabemos bien por qué el Presidente de Estados Unidos aceptó meterse en el problema en el que se ha metido, ajeno a los intereses del pueblo norteamericano, y enormemente costoso, ni por qué mantiene una unión con el nazismo de Israel. Es un misterio que algunos creen que se explica por motivos económicos personales, o por un oscuro secreto de los archivos de Epstein que estaría en manos de Israel.
Como sea, querido lector, antier vio todo el mundo el grado de locura al que puede llegar el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cuando amenazó con cometer un genocidio a gran escala en Irán, un atroz crimen de guerra, con ultimátum incluido. Fue de tal gravedad que el mundo estuvo en un hilo de angustia temiendo que utilizara una bomba nuclear para asesinar a millones de iraníes o que demoliera toda la infraestructura civil. Su amenaza, por si usted no la conoce, y que quedará para la historia fue la siguiente “Toda una civilización morirá esta noche, y nunca regresará (…)Lo sabremos esta noche, uno de los momentos más importantes en la larga y compleja historia del mundo (…)” Irán, por su parte, no se dejó amedrentar y amenazó con bombardear instalaciones de países vecinos aliados de Estados Unidos, desatando un infierno en la zona.
Después, ya casi llegada la hora del ultimátum Trump buscó una salida al ver que su amenaza no surtió el efecto deseado y a través de Paquistán presentó un acuerdo de cese al fuego comprometiéndose a atender en futuras conversaciones de paz los 10 puntos que Irán había mandado un día antes. Quiso presentarlo como una victoria, pero el mundo entero entendió que Trump había sufrido una colosal derrota (que todos agradecimos). Durante las horas de su ultimátum, por primera vez legisladores y gobernadores estadounidenses e incluso seguidores de MAGA comenzaron a proponer que se promoviera un juicio para destituirlo. Su amenaza genocida no le salió bien, querido lector: por primera vez el mundo entero reaccionó. Fue así como se anunció ese acuerdo de paz que incluía el cese de los ataques de todas las partes: Irán, Estados Unidos e Israel y sus ataques en el Líbano. Y, como era de esperarse, Israel lo rompió y atacó brutalmente al Líbano como no lo hacía desde hace décadas, lo que nos lleva al inicio de esta columna, querido lector.
Es obvio que Israel hará todo lo que pueda para volver a meter a Trump en la guerra contra Irán, que es su mayor enemigo. Esperaba ansioso que Trump cometiera un genocidio en Irán, que es, hay que decirlo, la única manera de derrotarlo. No lo llevó a cabo y Netanyahu sufrió una gran derrota. Y es que, tras un mes de bombardeos, no lograron cambiar al régimen iraní aunque asesinaron a múltiples líderes militares, a su líder religioso, así como a miles de personas. No sólo eso; la población iraní que supuestamente se levantaría cuando la “liberaran”, se volcó a la defensa de su país que demostró una valentía inmensa al estar dispuesto a tolerar lo intolerable con tal de sobrevivir. Personas rodearon las centrales eléctricas amenazadas, un músico se sentó a tocar. Una respuesta que Estados Unidos no esperaba. Porque no es lo mismo que Netanyahu, que es un criminal genocida, asesine civiles a que lo haga el Presidente de Estados Unidos. A diferencia de Israel, los norteamericanos no son, todavía, una sociedad fascista y aún permanecen ciertos controles democráticos.
Lo que es un hecho, querido lector, es que Trump cruzó una línea de la cual va a ser muy difícil que regrese. La amenaza de exterminio de la civilización iraní es en sí misma un crimen de guerra. Ahora, Trump tiene que decidir si se convierte en un nazi en toda forma y sigue la campaña de Netanyahu, o si se preocupa por su sobrevivencia política en el corto plazo. Y si Trump se decide a continuar la guerra entonces el Congreso de Estados Unidos tiene que actuar por él, destituyéndolo, o aceptar la destrucción de su propia democracia bajo el nazismo israeli.. Mientras, y por desgracia, sólo queda el sufrimiento para palestinos, libaneses e iraníes, hasta que no surja una fuerza multinacional parecida a los aliados del siglo pasado, capaz de frenar al mal que ya se extiende por el mundo.
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