María Rivera
Preguntas
28/05/2026 - 12:01 am
"Los personajes y los intereses que buscan capitalizar los ataques de Trump contra el Gobierno de la Presidenta Sheinbaum, no han cambiado un ápice".

¿Funcionará, querido lector? Eso es lo que yo me pregunto ¿funcionará el plan injerencista de Trump en México para destruir al partido gobernante e imponer a la derecha en las próximas elecciones? Es obvio que la oposición está de plácemes porque Estados Unidos les ha regalado la narrativa y una agresiva campaña. Por sí misma, la oposición no llegaría ni a la esquina porque carecen de apoyo popular. Sus partidos, salvo por Movimiento Ciudadano, cargan con un estigma muy profundo. No estamos, pues, ante un resurgimiento, ni un surgimiento de una fuerza política opositora que esté confrontando al gobierno actual. O sí, ante una extranjera. En el ámbito doméstico, son los mismos que Morena sacó del poder hace ocho años, los desplazados ahora envalentonados por los ataques trumpistas, no por un súbito apoyo social.
Los personajes y los intereses que buscan capitalizar los ataques de Trump contra el Gobierno de la Presidenta Sheinbaum, no han cambiado un ápice y eso es lo preocupante, querido lector. Nos encontramos frente a un escenario algo espeluznante: que Estados Unidos esté fabricando deliberadamente un escenario exógeno, en efecto, un “golpe blando” para imponer a quienes expoliaron a México y representan el clasismo, el racismo y la inequidad social. Ese poder que sí, el lopezobradorismo sacó de los Pinos.
Y mire, durante el tiempo que la izquierda hablaba de “golpe blando”, yo no le daba la menor credibilidad. Me parecía una preocupación exagerada y sin asidero, pero la realidad es que el contexto cambió de manera radical. Ahora, creo que es preciso hablar de las pretensiones evidentes de fuerzas extranjeras aliadas con la derecha (no sólo norteamericanas) por cambiar el signo del poder en nuestro país lo cual es, a todas luces, antidemocrático y una afrenta contra nuestra soberanía. Porque una cosa es que Estados Unidos nos considere su patio trasero y otra que lo seamos. Y no se trata de envolverse en la bandera, como graciosamente critican, sino de evitar a toda costa que violenten nuestra soberanía para que regresen los que fueron sacados con la fuerza de los votos, por el dedo de un psicópata extranjero ¿no le parece? Si la derecha va a regresar a gobernar el país que lo haga legítima y democráticamente, como debe de ser. Que sea el pueblo de México el que decida, libremente, si quiere regresar a quienes expoliaron el país, esa élite podrida que solía vivir del gobierno a costa de todos.
Como le decía hace tiempo, estamos viviendo en la distopía total donde la verdad ha dejado de considerarse cierta, y la mentira ha empezado a considerarse verdadera. Hace dos años, cuando se lanzó la primera campaña en las elecciones presidenciales que acusaba a la entonces candidata Claudia Sheinbaum como “narcocandidata”, parecía solamente un hashtag grotesco por mentiroso. Lo era, ciertamente. Pero visto en retrospectiva, formaba ya parte de una operación de largo alcance para desestabilizar a nuestro país. Su propaganda hoy campea entre nosotros a través de las acusaciones de Estados Unidos contra políticos mexicanos magnificadas por los medios. Acusaciones que son, indudablemente, un arma política más que una forma de combate al narcotráfico. Porque ni el narcotráfico, ni el crimen organizado, son algo que vaya a terminarse con la detención de políticos mexicanos en Estados Unidos. Tampoco lo va a parar la detención de capos, así sean los más importantes. Esa hidra es una empresa transnacional de la que se obtienen enormes ganancias en todo el mundo. ¿O usted cree que Estados Unidos no tiene una red de narcotráfico local que posibilita el consumo y que permanece impune y protegida? ¿cómo es que lanzan acusaciones contra políticos mexicanos, pero permiten el comercio de drogas dentro de su propio país o cómo es que Donald Trump indultó al expresidente de Honduras condenado por narcotráfico o que Maduro fue acusado de ser parte de un cartel que resultó no existir para poder secuestrarlo y acceder a los recursos naturales de Venezuela?
No se necesita pensar mucho en el asunto para darse cuenta de que el combate de Estados Unidos al “narcoterrorismo” es una herramienta política injerencista, una medida de control (y terror) internacional. Una herramienta que les permite secuestrar presidentes y robar recursos naturales de países; intervenir políticamente para intentar imponer gobiernos que sean dóciles a sus intereses. Imponer el terror en la región de Latinoamérica es uno de sus objetivos. Un terror muy preciso y militar. Los asesinatos cometidos en la invasión a Venezuela, los bombardeos contra embarcaciones en el Caribe, el ataque en Irán, hablan de un país que no respeta la ley internacional y que no tiene ningún escrúpulo para asesinar personas. Lo que tiene es una serie de leyes con las que se han conferido a sí mismos el permiso de violentar la ley internacional y agredir a cualquier país que se les antoje.
Caer en sus garras no puede ser, bajo ninguna circunstancia, una buena noticia, querido lector. Extraditar políticos mexicanos no es una medida eficaz para combatir la corrupción de autoridades, ni evita que el crimen organizado dañe a mexicanos. Los que creen que ese es un camino de “limpieza”, en realidad o son víctimas de la propaganda derechista o son meros propagandistas. La manera de combatir al crimen organizado y la corrupción de las autoridades es haciendo justamente lo que el gobierno de la Presidenta Sheinbaum está haciendo cuando detiene a quienes cometen delitos, como son las detenciones de alcaldes y policías que se han corrompido dañando a mexicanos. Esa debe ser nuestra preocupación; imponer el Estado de derecho en nuestros pueblos y ciudades, proteger a la población del crimen, bajar los delitos, no satisfacer la preocupación de Trump porque está cayendo en las encuestas y necesita una piñata para las elecciones.
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