Un Quijote en Tenochtitlán
Juan Carlos Monedero
¿Por qué Irán y no el Golfo de México?
05/03/2026 - 12:03 am
"Lo tercero (más preocupante) es que, finalmente, decidan entrar por tierra en América Latina, siendo México el que tendría más papeletas para esa envenenada lotería".
Cada semana que pasa se afianza más la sospecha de que lo que antes era imposible pasa a ser posible. Sobre todo hay tres asuntos muy preocupantes. No son probables, pero son cada vez más posibles: uno, que Trump decida anular las elecciones de noviembre si entiende que va a ser derrotado y, como consecuencia segura, los demócratas le aplicarían un impeachment. Quién iba a decir que EU, que ha estado un siglo dando lecciones de democracia, iba a caer del lado de las dictaduras.
Lo segundo, y es muy preocupante, es que, rotas todas las reglas internacionales, alguien piense que puede hacer lo que antes no estaba en la agenda, como usar una bomba nuclear. Lo que impedía esto era la doctrina MAD, recuerda Alejandro Marcó del Pont en El tábano economista, esto es, la Destrucción Mutua Asegurada diseñada por Von Neumann sobre un principio claro: no lanzo la bomba porque detrás voy yo. Pero si EU -o Rusia o China o Israel o Corea del Norte o quien tenga ese armamento- considera que puede neutralizar cualquier ataque ¿por qué no aprovechar y eliminar a sus enemigos de una vez? ¿Y qué garantiza a nadie que no van a usar la bomba contra ellos cuando EU ha dado por roto el mundo basado en reglas? ¿Qué tiene que pensar Rusia o China cuando EU quiere comprar Groenlandia para neutralizar cualquier ataque contra ellos cuando Trump ha escrito que cualquiera que compita con éxito contra EU será considerado un enemigo? ¿Y qué pensar cuando este febrero pasado expiró el último tratado de no proliferación nuclear, el Nuevo Start firmado por Obama y Medvédev en 2010?
Lo tercero, es que, finalmente, decidan entrar por tierra en América Latina, siendo México el que tendría más papeletas para esa envenenada lotería, sin contar con alguna probable colaboración interna de los cárteles de la droga en la aventura, lo que llevaría a una potencial guerra dentro del propio país. Insisto, no parece probable, pero es posible visto lo que venimos viendo desde que comenzó el año. Digo que es más probable México que Venezuela o Colombia porque en ambos países la existencia de guerrilla en la frontera y de dos millones de personas de la milicia bolivariana armadas hacen más difícile ese ejercicio.
Después de masacrar Gaza, de poner y quitar aranceles por doquier, de poner a la OTAN al servicio de los EU en operaciones militares que ponen en riesgo a los países europeos, de secuestrar a Nicolás Maduro, EU acaba de bombardear Irán y ha asesinado al líder del país, el Ayatolá Jameiní, además de volar una escuela y matar a 150 niñas.
El bombardeo a Irán por parte de Israel y EU le abre una vía de agua enorme a Trump en su casa y entre sus votantes. No así a Netanyahu, que sigue escapándose de sus juicios por corrupción que le tenían acorralado justo cuando la intervención de Hamas le dio la salida que esperaba. Pero para Trump no parece que vaya a irle bien, aunque hayan soñado con una victoria en un momento de debilidad del gobierno iraní, que le permitiera ir a las elecciones de medio término de noviembre con un triunfo contundente. Pero, según sus propias palabras, esa guerra va para largo.
De manera que ha incumplido una de sus principales promesas electorales -no meter al EU en guerras eternas lejos de su país- y, además, la subida del precio del petróleo la van a pagar los trabajadores y las clases medias norteamericanas. A las que ya les está costando mil dólares anuales por cabeza las subidas de precios por la errática política de aranceles. Y queda por ver qué va a hacer China, a la que las intervenciones norteamericanas en Nigeria, Libia, Venezuela e Irán están cercando energéticamente. Cualquier decisión china, bien sea económica -tiene muchos dólares en su poder como para desestabilizar la moneda- o militar -aunque no sabemos si en verdad tiene capacidad como para confrontar al monstruo norteamericano- generaría un enorme tsunami en la economía y la paz mundiales.
¿Tiene alguna lógica estos movimientos de Trump? ¿Qué puede haber más fuerte que el descontento evidente que ha causado la guerra en Irán a los votantes que pueden castigar duramente en unos meses a los republicanos? Podría ser un mal cálculo. Casi el 60 por ciento de los norteamericanos están en contra de esa guerra. Pero los políticos se equivocan. Esas cosas ocurren, pero es demasiado evidente que era una decisión arriesgada. Queda pensar que le han presionado desde el lobby israelí, que conocen cosas de Trump, o que los papeles de Epstein podrían dar con los huesos de Trump en la cárcel. Los pesos y contrapesos, incluidos los mediáticos, no están teniendo efecto en los EU.
Mientras tanto, siguen descolgándose aliados de la estrategia guerrera de la actual administración norteamericana. Ahora España, que ha recuperado el “No a la guerra” que llevó a millones de europeos a las calles en la invasión de Irak autorizada por cuatro responsables de cientos de miles de asesinatos: Durao Barroso de Portugal -que prestó las Azores y luego lo recompensaron con la Presidencia de la Comisión Europea-, José María Aznar -en ese entonces Presidente de España y que entró en News Corporation como el primer hispano en la dirección del ente mediático de Murdoch-, Tony Blair -al que ahora le entregan la gestión hotelera de la Gaza destruida- y George Bush Jr., una persona sin mayores luces que entregó su país a los intereses de las grandes corporaciones.
Sánchez se ha negado a que EU use la Base Naval de Rota, en Cádiz, y la Base Aérea de Morón de la Frontera, en Sevilla, esgrimiendo el "Convenio de Cooperación para la Defensa entre el Reino de España y los Estados Unidos de América", que es el acuerdo bilateral que regula, desde 1988, la presencia y actividades de fuerzas militares estadounidenses en estas dos bases españolas. No hay una autorización internacional para su uso en caso de guerra, no se usan las bases. Si Sánchez cumple con esto, será valiente y quizá vuelva a ganar las elecciones.
Aunque las obligaciones de España con la OTAN le han llevado a mandar una fragata a Chipre, amenazada por Irán. Pero amenazada porque los británicos, que tienen allí dos bases, están brindando ese espacio para los aviones que bombardean Irán. De manera que, aunque sea por cuestiones “defensivas”, como ha dicho el Gobierno de España, si Irán hunde la fragata española lo hará defendiéndose, no atacando, y España sufrirá las consecuencias de esa guerra. El "No a la guerra" queda cojo si no va acompañado de decisiones más contundentes, aunque si ni Rusia ni China lo están haciendo, no parece probable que lo haga España cuando, además, sus socios alemanes, franceses e italianos están entregados y de rodillas a Donald Trump.
Después del ataque a Irán, no es fácil afirmar que hay territorio seguro en el planeta. Después de Irán ¿por qué no Cuba o Groenlandia o México o Colombia?
Rafael Fraguas, uno de los periodistas que mejor conoce Oriente Medio ha escrito que la intervención de Israel y EU en Irán es un mal negocio: “En un país como Irán con 90 millones de habitantes, un potencial petrolero inagotable, un enclave geoestratégico único, con control absoluto sobre el Estrecho de Ormuz y la posibilidad, hoy muy probable, de cortar el flujo de petróleo hacia Occidente -que no hacia China-, amén de un ejército regular considerable, Artesh, y otro irregular, Pasdaran, con casi dos millones de hombre en armas". ¿Calculan bien los estrategos de Tel Aviv el alcance de lo que quieren hacer? Tucker Carlson, un agitador de MAGA, ha dicho que la guerra no la ha empezado Trump, sino Israel. ¿En manos de quién está el mundo?
La desmedida ambición de Netanyahu, la influencia en la Casa Blanca del también judío Kushner, yerno de Trump, la decidida voluntad de cortar el suministro de petróleo a China (donde también Venezuela se ha convertido en un instrumento geopolítico), el miedo de parte de las élites norteamericanas al avance tecnológico y militar chino y, sin duda, la excentricidad de Donald Trump están llevando al mundo a un callejón sin salida. Porque Israel, con nueve millones de habitantes, no tiene la capacidad de controlar Oriente Medio y su voluntad de desestabilizar a Irán se sabe cómo ha empezado pero no se sabe cómo puede terminar. Porque es imposible que el sionismo construya hegemonía en la zona sin el apoyo militar de EU. Apoyo que está removiendo a las bases de MAGA que votaron a Trump convencidos de que no iba a meter al país en más guerras. Algo que está cumpliendo como la publicación íntegra de la lista Epstein.
No hay que insistir en que a Trump le interesan una higa los derechos humanos en Irán, como se ha demostrado recientemente ante su celebración de los asesinatos de Renée Good y Alex Pretti por parte del ICE o su estrecha relación con Bin Salman, de Arabia Saudí o su relación con los sátrapas que le acompañan en la llamada Mesa de paz que quiere sustituir a Naciones Unidas tras la masacre de Gaza.
El bombardeo de Teherán y otras ciudades iraníes empezó con el arranque de la Guerra Fría, entre 1946 y 1947. No olvidemos que Irán está a un costado de Rusia y comparte con ellos el Mar Caspio, y que Georgia y Azerbayán lindan con Turquía, que pertenece a la OTAN. Truman amenazó a Stalin con el uso de la bomba atómica en Moscú si no desmantelaba dos repúblicas socialistas instaladas en el Norte de Irán, en el Kurdistán y en el Azerbayán iraníes, que hacían frontera con la Unión Soviética y dentro de su zona de influencia. La retirada de Gran Bretaña de la zona y la expansión soviética asustó al sustituto británico, que no quería perder el control del petróleo.
Aquí empezó el verdadero problema, porque los norteamericanos se implicaron, con el general Norman Schwarzkopp y la CIA, en agosto de 1953, en el golpe de Estado que derrocó al Presidente persa Mohamed Mossadegh, un nacionalista, que cometió el mismo “error” que Lázaro Cárdenas en México quince años antes: nacionalizar el petróleo que estaba en manos británicas. Colocaron en el poder a Mohamed Reza Pahlavi, hijo de Reza Khan, que era un simple capitán de cosacos que se había hecho coronar Sha de Persia en los años 20 del siglo pasado. Con el Sha de Persia en el poder, el petróleo pasó a ser de los norteamericanos.
Recuerda Fraguas que Reza Khan, el abuelo del que quieren colocar al frente de Irán, se enfrentó a los británicos en la Segunda Guerra Mundial. Es decir, que se alió con Hitler y Mussolini frente a Londres. En 1941 fue derrocado y el país fue ocupado por británicos y rusos. Pero parecido a lo que pasó en España, los británicos y los norteamericanos prefirieron a un fascista que alguien que usara el petróleo para su propio pueblo y decidieron que el capitán de cosacos abdicara en su hijo, Mohamed Reza Pahlevi, el que apoyaron como Sha de los persas. Mossadegh era un nacionalista y, por tanto, no veía con buenos ojos el imperialismo británico y norteamericano, en lo que coincidía con el entonces importante partido comunista de Irán, Tudeh. ¿Qué ocurrió? Pues lo mismo que en Indonesia y en tanto sitios: una feroz represión organizada por los EU que masacró a los comunistas. Una represión que no cesó nunca bajo el gobierno del glamouroso Sha de Persia y que hizo tan temible a la policía política del régimen, Savak.
El lujo de la monarquía del Sha de Persia era la pobreza del país. Decenas de miles de campesinos emigraron a las ciudades en condiciones infrahumanas, mientras la monarquía persa llenaba las páginas de las revistas del corazón del mundo occidental.
Y es aquí donde aparece el Ayatolá Jomeini, quien desde las escuelas coránicas de Qom rompió el apoliticismo religioso y entendió que debían involucrarse en la suerte de su país, especialmente cuando expropiaron las tierras del clero. A partir de 1963, el ayatolá Jomeini fue detenido, maltratado, insultado, vejado, encarcelado, desterrado y finalmente, en 1964, exiliado. En una suerte de teología de la liberación islámica, el clero con más conciencia política se acercó a la oposición, en donde tenía la mayor presencia y respeto el Partido Tudeh de los comunistas, los nacionalistas y los socialdemócratas.
Cuando el frente opositor quiso derrocar al régimen del Sha, atravesado por la corrupción, la policía política Savak hizo una masacre contra el clero y las fuerzas laicas, lo que a su vez generó una enorme movilización popular que terminó haciendo caer el régimen en 1978, siendo sustituido por la revolución islámica dirigida por Jomeini, que regresó triunfante de su exilio en París.
La revolución iraní desconfiaba de los EU y desmanteló las bases militares en la frontera soviética, lo que alarmó al gobierno de Jimmy Carter. Decidieron abandonar al Sha Reza Pahlevi, y azuzar el islamismo anticomunista de algunos de los grupos chiíes. La invasión soviética de Afganistán les cargó de razones al considerar que los talibanes afganos eran hermanos de fe. Eran los tiempos en los que Osama Bin Laden financiaba a grupos islamistas radicales para pelear contra los soviéticos. Luego vendría la toma de los rehenes norteamericanos en la Embajada de Estados Unidos en Teherán, en noviembre de 1979, que se alargó durante más de 400 días. Irán, ya con Reagan, con quien retomaron las relaciones, se implicaría en el llamado Irán-Contra, donde se conseguían fondos para la contra nicaragüense. Los iraníes se equivocaron en ese pacto con EU pues, igual que en el conflicto con Irak, y como era de esperar, Washington apoyó simultáneamente a Jomeini y a Saddam Hussein en la guerra que mantuvieron los dos países.
La guerra desatada por EU e Israel contra Irán puede tener derroteros insospechados.
El Estrecho de Ormuz es la principal ruta de transporte de petróleo y gas del mundo. Entre el 20 por ciento y el 30 por ciento del petróleo y gas mundial pasan por esa zona, afectando su cierre a las exportaciones de Arabia Saudí, Irak, Kuwait, Qatar, Emiratos Árabes Unidos e Irán. El conflicto en Irán hace a Venezuela más estratégica en este momento. El mundo va muy rápido.
Y los problemas de Trump no son menores, sino que se le multiplican. La capacidad letal de los EU está sobradamente probada. Pero hay muchas probabilidades de que ese ejercicio de fuerza pueda ser igualmente su espada de Damocles que dicte su fin como potencia hegemónica.
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